Rodolfo Hernández
Foto: REUTERS/Luisa Gonzalez

Con discursos como “el ideal sería que las mujeres se dedicaran a la crianza de los hijos”, o que las migrantes venezolanas eran “fábricas de hacer chinos (hijos) pobres” o cuando en 2019 dijo que un candidato a sucederlo era “más manoseado que prostituta de Puerto Wilches”, así es la personalidad que ha expuesto el que podría ser el próximo presidente de Colombia, Rodolfo Hernández, a quien han llamado como el “Trump colombiano”. Un sujeto que se presenta como un outsider político sin serlo realmente.

Mientras la cuenta regresiva para la segunda vuelta de las elecciones en el país cafetero, que se celebrará el 19 de junio, está en marcha, entre tantos temas, uno que sin duda ha tenido eco en la opinión de las feministas ha sido precisamente la preocupación que el millonario de 77 años supone para los derechos de las mujeres y las personas LGBTQ+.

“Estas elecciones en Colombia han sido fundamentales para las feministas porque han mostrado que los temas de los derechos de las mujeres son esenciales para la democracia y que un presidente va a marcar qué políticas públicas y qué forma de gobierno se va a dar a favor de los derechos de las mujeres en un país que tiene una sentencia reciente sobre el aborto (hasta la semana 24), tiene unos índices muy altos de violencia sexual, tiene muchos casos de acoso y abuso en las escuelas y universidades y también tiene unas cifras muy altas de feminicidio. Entonces, creo que la presidencia empezó a ser un tema fundamental para las mujeres. El movimiento feminista está activo, y en esa medida está exigiendo que los candidatos digan cuáles son sus posturas”, dice Viviana Bohórquez Monsalve, coordinadora de la fundación feminista Somos Jacarandas.

Para ella, el candidato de la Liga de Gobernantes Anticorrupción, no tiene “propuestas serias y concretas” a pesar de sus intentos por demostrar lo inverosímil, cuando, una vez más, utilizando sus redes sociales, una importante estrategia digital que le ha servido para tomar vuelo en la carrera presidencial, hizo un tuit donde destacó 10 propuestas a favor de las mujeres y expresó su apoyo a las personas LGBTQ+. Entre ellas, asegurar que haya “igualdad de remuneración ante el mismo trabajo desempeñado” y promover la “inclusión de una cláusula de no discriminación en los contratos”. Lo contradictorio y lo que levantó las críticas de las feministas fue que a la hora de la verdad ninguna de estas propuestas aparece realmente en su programa de gobierno.

Pero, además, sus mencionadas propuestas han sido reprochadas por su falta de claridad, ya que para algunas feministas no se trata solo de “igualdad salarial” en un país marcado por la informalidad laboral o en el que las mujeres han sido el grupo poblacional más afectado por el desempleo que ha provocado la pandemia. Se trata, pues, de una miopía de la realidad del país por la que muchas lo acusan, con propuestas que dejan de lado a las mujeres que viven del día a día –que son una mayoría– que encuentran sustento, por ejemplo, en el trabajo doméstico. Por lo tanto, sus propuestas se encuentran lejos de reconocer la importancia de las labores de cuidado, y mucho menos de pensar en las mujeres que no tienen acceso a una jubilación digna.

“Por Twitter no se gobierna, se tiene que gobernar a través de un programa y en ese programa que tiene de gobierno las cuestiones de género son inexistentes. Su total desconocimiento y su machismo en la vida cotidiana nos preocupa profundamente”, señala Bohórquez, mientras afirma cómo ese machismo adherido al candidato dice mucho de cómo podría funcionar su gobierno si es presidente.

“Creo que la discusión se centra sobre todo en la posibilidad que tendrían las mujeres de decidir o no sobre sus vidas –sobre sus proyectos de vida– porque creo que no se puede caer en la discusión de si es bueno o malo estar en la cocina sino cómo a estas alturas de la historia del avance de las luchas feministas ¿cómo es posible que se plantee que las mujeres no podemos decidir si estar en la cocina o estar en la universidad?”, dice la activista Pilar Lizcano del equipo de portavoces del Congreso de los Pueblos, que subraya el hecho de que las experiencias y elecciones individuales de las mujeres pueden ser procesos transformadores en sí mismos, es decir, desde los espacios en los que decidan actuar siempre que se hagan desde la libertad de decidir, que es lo que podría estar amenazado en esta contienda electoral.

“Como ciudadanas feministas no queremos tener solamente el voto, nuestras voces también son importantes. Y analizar todo este proceso político desde nuestra mirada feminista nos permite entender qué pasaría con las mayorías sociales en un gobierno de una candidatura que representa todo lo opuesto a lo que la ciudadanía pide a gritos y necesita desde hace muchos años, [pensar] cómo los derechos de nosotras y de las disidencias de género entrarían en un retroceso”, comenta Anyer Lorena Mosquera, abogada feminista y defensora de derechos humanos.

Después de una primera vuelta plagada de tensiones por las amenazas de muerte, principalmente a la dupla progresista del Pacto Histórico, así como de escenarios violentos ocurridos en varias partes del territorio nacional e incluso un paro armado que afectó a 11 de los 23 departamentos del país, los resultados han mostrado, según los analistas, que Colombia quiere un cambio, así lo expresó al menos el 54,91% de la participación electoral, una cifra que supera lo que habitualmente ha sido la abstención y el desinterés general por votar.

Qué tipo de cambio es la pregunta, cuando parecía que la victoria con un 40% en la primera vuelta de un proyecto progresista –que ha abrazado las reivindicaciones de las mujeres y las diversidades y cuya protagonista es una mujer negra y feminista con una trayectoria como lideresa como es Francia Márquez– avizoraba un camino claro, la incertidumbre ha recobrado fuerza, ya que el candidato “TikToker” se ha convertido ahora en un firme opositor de esta segunda vuelta, o al menos así lo indican las encuestas.

Con una ligera ventaja en algunas y un empate técnico en otras, la mayoría de las encuestas dan la victoria al candidato Rodolfo Hernández en la segunda vuelta. La clave está, según los expertos, en el margen de error, así como en el voto en blanco.

Rodolfo Hernández no representa una política de apertura, de posibilidad de garantía de derechos, es muy incoherente cuando se refiere a la comunidad LGBTQ+, cuando se refiere específicamente a nuestros derechos, porque es una persona que no ha generado ni articulaciones, ni acercamientos reales que vayan más allá del show mediático realizado alrededor de usarnos como una moneda de cambio para impulsar su campaña presidencial”, comenta la artivista y socióloga Yela Quim.

“Se vendrían retos grandes si él quedase como presidente, en el sentido de que si él es una persona que es misógina, que ni siquiera reconoce el feminicidio como delito, mucho menos va a reconocer los crímenes de odio hacia las personas LGBTQ+. Él no está formando en estos temas, no tiene un programa en su gobierno […] sería un escenario bastante duro porque si él no tiene nada en su programa no habrá nada para las personas LGBTQ+”, añade.

El candidato presidencial que debe su fortuna a su empresa, una de las más importantes constructoras de vivienda en el departamento de Santander, al noreste del país, sería más fuerte en regiones como el Eje Cafetero y Antioquia (cuna de la élite y la derecha colombiana), el centro-este y el centro-sur del país. Por otro lado, el candidato del Pacto Histórico Gustavo Petro tendría ventaja en la capital Bogotá, en la región Caribe y en el Pacífico colombiano.

La derecha colombiana, dirían algunos analistas, no es exclusivamente uribista, si se pensaba que la primera vuelta se definió únicamente por un cansancio de la clase política sellado por el uribismo que ha gobernado el país en los últimos 20 años. Es claro que la derecha puede reconfigurarse por fuera de ese clivaje y de hecho se ha visto cómo se ha movido en las últimas semanas a través de ex candidatos como Federico Gutiérrez que han llamado a votar por el candidato outsider. Esto podría frustrar la posibilidad de que un gobierno alternativo pueda gobernar por primera vez en la historia del país sudamericano.

“Si gana Rodolfo Hernández, los retos que tendrán las organizaciones feministas y el movimiento feminista es entender que esto no va a ser una discusión solo de las feministas, esto se está planteando como una discusión de las mujeres en general y ahí los feminismos debemos entender que los discursos, que las practicas políticas deberían ser otras, para hablarle al conjunto de las mujeres que quizás se puedan estar cuestionando, seguro se están cuestionando, qué significa que Rodolfo Hernández gane”, dice Lizcano sobre la necesidad de tejer un feminismo cada vez más articulado que logre mirar hacia una propuesta más amplia de país.

Pero por qué en estas elecciones ha tomado tanto protagonismo la importancia del voto de las mujeres. En primer lugar, porque los tiempos son otros, dirían muchas organizaciones feministas y LGBTIQ+, y es que ahora estas pautas han capturado la atención de las nuevas generaciones, que a diferencia de otros años se imponen con más fuerza para hacer valer sus derechos mínimos, los cuales no están dispuestos a negociar. Solamente el voto femenino tiene un peso muy fuerte en estas elecciones, por eso es un voto clave. De los 39 millones de personas habilitadas para votar, al menos 20 millones son mujeres, es decir, la mayoría del electorado es potencialmente femenino, según la Registraduría Nacional del Estado Civil.

“Petro tiene una gran ventaja sobre Rodolfo y es que tiene una fórmula vicepresidencial que es Francia Márquez […] sería la primera vez en Colombia que tendríamos una vicepresidenta feminista con la que se podría dialogar, es decir, de entrada, no pensamos que todo va a ser fácil y que todo va a estar garantizado. Creo que lo que permite un gobierno de Petro es tener mayor dialogo e incidencia en una política pública a favor del aborto, en contra del feminicidio, etc.”, señala Bohórquez.

Por su parte, el millonario candidato presidencial ha centrado sus energías en las últimas semanas en conquistar el voto femenino. Aunque plagado de opiniones del pasado, no sería de extrañar que una mayoría de mujeres se sintiera atraída a votar por el candidato, teniendo en cuenta que Colombia es un país muy tradicional en cuanto a sus valores y creencias surcados por un punto clave que es el tema religioso, según los analistas.

Lo decisivo, dicen las feministas, será entonces seguir cualificando y consolidando las organizaciones feministas para frenar cualquier intento de retroceso, lo cual no solo dependerá de las urnas, sino de continuar las luchas en lo cotidiano, en las calles, construyendo alternativas que abracen las demandas de todas, todos y todes frente a un sector conservador que en la eventualidad de ser representado por un presidente como Rodolfo Hernández pueda sentirse respaldado para ejercer acciones violentas y machistas hacia las organizaciones feministas, por ende, también a las disidencias sexo-genéricas.

“Yo sueño con una mujer vicepresidenta feminista (Francia Márquez) y sueño con que ella nos permita un canal de negociones justo para todos los problemas que estamos enfrentando en Colombia”, resalta Bohórquez.


 

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