paz arma guerra

Aunque el escenario más visible del conflicto en Ucrania se desarrolla en el ámbito bélico, tras las sombras pero también de forma pública la diplomacia juega un papel fundamental en la búsqueda de solución al conflicto. No obstante, las diferencias y las posiciones antagónicas que a veces conspiran contra la posibilidad de dar real solución al atolladero, toda vez que cada potencia manifiesta intereses particulares que pone sobre la mesa en el momento de dialogar y negociar.

Desde el comienzo de la operación militar de Rusia en Ucrania, Occidente ha apelado a China para que se involucre con las medidas y sanciones que han tomado Estados Unidos y Europa contra Moscú. Ya a comienzos de marzo, Europa se propuso intensificar la campaña de presión para que China mediara en el conflicto en Ucrania. Ante esta situación el presidente Xi Jinping se comunicó el día 8 de ese mes con su colega francés, Emmanuel Macron, y con el canciller federal alemán, Olaf Scholz, para decirles que “lamentaba profundamente el regreso de la guerra al continente europeo” y que apoyaba una resolución diplomática de la crisis.

Xi reiteró la oposición de Beijing a las sanciones que se han convertido en piedra angular de la respuesta de Occidente a la acción rusa. Agregó que debe ejercerse la “máxima moderación” para evitar un desastre humanitario, advirtiendo que las sanciones “arrastrarán a la economía mundial que ya está bajo la pesada carga de la pandemia” añadiendo que todos los países debían “abogar activamente por un concepto de seguridad común, integral, cooperativo y sostenible”.

El mandatario chino opinó que su país estaba dispuesto a mantener “la coordinación con Francia, Alemania y la Unión Europea (UE) y a desempeñar un papel activo con la comunidad internacional”. Así mismo reclamó el respeto a la soberanía nacional y la integridad territorial de todas las naciones.

En otra mirada del asunto, en un comunicado publicado en la página web del gobierno francés se informó que los tres líderes “acordaron apoyar plenamente todas las negociaciones encaminadas a una solución diplomática del conflicto”. La versión alemana por su parte, apunto a que “Xi dio su apoyo para que las acciones de Rusia no se vieran influidas por ningún tercero”.

Por su parte, el gobierno ucraniano también se comunicó con China para instarla a ejercer su influencia en Rusia. Según el periódico británico Financial Times, Dmytro Kuleba, ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania informó en una conferencia de prensa que: “China está interesada en detener esta guerra”. Consideró que la potencia asiática poseía una gran cantidad de herramientas para “marcar la diferencia” y estimó que se podía contar con su involucramiento en la solución del conflicto teniendo esperanza de que “sus esfuerzos tendrán éxito”.

El 18 de marzo, a solicitud de Joe Biden los presidentes de Estados Unidos y China sostuvieron una videoconferencia. Sobre el asunto de Ucrania Biden expuso su posición apelando una vez más a mantener la comunicación con la parte china para evitar la escalada de la situación. Por su parte, Xi señaló que China no hubiera querido que la situación en Ucrania haya evolucionado hasta la crisis que manifiesta hoy. Pero ante el hecho consumado, reiteró que Beijing siempre juzga los asuntos de manera independiente según lo justo y lo erróneo de cada uno. China preconiza defender el derecho internacional y las normas básicas de las relaciones internacionales universalmente reconocidas y persiste en actuar a la luz de la Carta de la ONU abogando por los conceptos de seguridad común, integral, cooperativa y sostenible.

No obstante, marcando otro matiz del asunto se podría decir que el intercambio entre los diplomáticos estadounidenses y chinos no ha navegado en el mismo mar de tranquilidad. En una conversación -también a comienzos de marzo- el secretario de Estado de Estados Unidos Anthony Blinken, habló con su colega chino Wang Yi para presionar a favor de una condena de la operación militar rusa en Ucrania. Con tono amenazante, el vocero del Departamento de Estado Ned Price, informó que Blinken le había dicho a Wang que: “…el mundo está pendiente de ver qué naciones defienden los principios básicos de libertad, autodeterminación y soberanía”.

Con el transcurrir de los días, desde otra perspectiva pero actuando en consonancia con Washington, Europa hacía patente su preocupación por la negativa de Beijing a condenar la acción rusa al mismo tiempo que manifestaba un apoyo retórico tácito a Moscú. La UE consideraba que ante la gravedad de la situación, era imprescindible contar con la intervención de China.

Unos días antes de que el más alto funcionario responsable de la política exterior de la UE, Josep Borrell, opinara que “esta guerra se ganará en el campo de batalla”, y cuando todavía hablaba como diplomático, se comunicó con el canciller Wang para agradecer a China su abstención en las votaciones que condenaban a Rusia en las Naciones Unidas y “expresó su aprecio por la disposición de China a apoyar el cese de las hostilidades y el diálogo”. Como se va haciendo habitual, el discurso de la UE dista mucho de ser coherente y constante.

“Ucrania era solo un primer paso; el debilitamiento y la destrucción de Rusia como actor internacional relevante, el segundo. Pero la mirada está puesta en el gigante asiático”.

Wang respondió que la comunidad internacional debía apoyar las conversaciones entre Ucrania y Rusia para lograr un alto el fuego y una resolución pacífica del conflicto. Al respecto, dijo que: “China está dispuesta a seguir desempeñando un papel constructivo en la desescalada de la situación en la medida de sus posibilidades”. No obstante, en una rueda de prensa con periodistas extranjeros, Wang ofreció su más firme apoyo a Moscú, afirmando que la relación con Rusia era “sólida como una roca”.

La desesperación estadounidense por no ser capaz de atraer a China hacia sus posiciones se manifestó durante la visita de Blinken a Lituania cuando abiertamente la criticó diciendo que “Beijing habla mucho de la importancia de mantener el orden internacional, la estabilidad y el respeto a la soberanía”, pero “los hechos hablan más que las palabras”.

Mientras todo esto ocurría, en Beijing se comenzó a tomar nota de los acontecimientos en Europa hasta llegar a comprender que el objetivo final de la expansión de la OTAN hacia el este es China. Ucrania era solo un primer paso; el debilitamiento y la destrucción de Rusia como actor internacional relevante, el segundo. Pero la mirada está puesta en el gigante asiático, que es considerado el verdadero competidor de Estados Unidos en el escenario global.

Así, el Canciller Wang se vio obligado a expresar que el objetivo de la estrategia de Estados Unidos en la región del Indo-Pacífico era crear otra OTAN, por lo que las acciones que Estados Unidos estaba tomando en la región eran indicio de la construcción “política de bloques”, ante lo cual advirtió que el Asia-Pacífico “no es un tablero de ajedrez para la competición geopolítica”.

En el escalamiento de la retórica agresiva contra China, Blinken llegó a afirmar que Beijing estaba “en el lado equivocado de la historia cuando se trata de Ucrania y la agresión cometida por Rusia”. La respuesta fue inmediata y contundente en palabras del Canciller Wang quien dijo que la posición de su país era justa, objetiva y abarcadora de las aspiraciones de la mayoría de los países asegurando que sería el tiempo el que se encargaría de demostrar que la posición de China está en el lado correcto de la historia.

Este punto de vista establece una diferencia de carácter estratégico en relación a los conceptos que se manejan en torno a los conflictos que ocurren en el mundo y en los que Estados Unidos siempre está involucrado. Wang hizo un llamado a Washington a “abandonar la mentalidad de la Guerra Fría, abstenerse de participar en confrontaciones grupales y construir en el continente europeo una arquitectura de seguridad regional equilibrada, eficaz y sostenible”, recordando que su país nunca aceptará ni la coerción ni la presión externa por lo que rechazaba cualquier tipo de acusación o sospecha infundada.

Lanzando un claro mensaje al mundo, los cancilleres de Rusia y China se reunieron nuevamente a finales de marzo en la ciudad centro oriental de Tunxi, en China, en el marco de la tercera conferencia a nivel ministerial de los países vecinos de Afganistán. El ministro Lavrov le informó a su colega chino acerca del avance de la operación militar en Ucrania y del desarrollo del diálogo que en ese momento se desarrollaba entre Moscú y Kiev.

Durante el discurso de apertura antes de la reunión, el canciller ruso señaló que el mundo está pasando por una etapa importante en la historia de las relaciones internacionales, al final de la cual la situación global debe «aclararse considerablemente» y lanzándole un mensaje directo a China evocó que: «Avanzaremos junto a ustedes, junto a otras naciones con ideas afines, hacia un orden mundial multipolar, justo y democrático».

Pero la insistente presión de Bruselas llevó a la Cancillería china a replicar la agresiva retórica occidental fijando, –una vez más- su decisión de mantener una política independiente respecto del conflicto en Ucrania. Ante una pregunta directa durante una rueda de prensa sobre el papel de China en este asunto, el vocero de la Cancillería Zhao Lijian calificó el papel desempeñado por Beijing como constructivo, en contraste con el desempeñado por Bruselas.

Zhao recordó que la situación internacional actual es cada vez más turbulenta al mismo tiempo que la incertidumbre crece significativamente en el tiempo, aunque “como dos fuerzas mundiales importantes, China y la UE mantienen una comunicación estratégica, […] que inyectará estabilidad y energía positiva a la situación internacional”.

Para no dejar dudas respecto de su posición, en una reunión entre el canciller chino y el asesor diplomático del presidente francés, Emmanuel Bonne, Wang Yi le informó que creía que la pérdida de equilibrio en la seguridad europea había sido la causa fundamental de la crisis ucraniana. Wang indicó que debía reconstruirse un marco de seguridad europeo equilibrado, eficaz y sostenible, basado en el principio de indivisibilidad de la seguridad, para lograr realmente una estabilidad a largo plazo en Europa».


 

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