Xi Ximping - BRICS

Bajo la presidencia rotatoria china, los BRICS parecen remontar de nuevo el vuelo. Reuniones de ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales, de ministros de agricultura, consejo empresarial, de expertos, etc., toda una agenda que debe culminar con la celebración de la XIV Cumbre de Jefes de Estado en los próximos días indican que, pese a lo accidentado de su hoja de ruta, el empeño por su consolidación y relanzamiento sigue adelante.

Los ejes de la agenda de los BRICS apuntan en varias direcciones. La primera es el logro de una mayor cohesión interna, como siempre no bajo la bandera ideológica o política pues no se pretende quizá por imposible, sino a partir de la identificación de intereses compartidos y vinculados, sobre todo, con el desarrollo. La implementación de la Estrategia para la Asociación Económica de BRICS 2025 es el horizonte clave. Lanzada en noviembre de 2020, los tres ejes de cooperación giran en torno a la inversión y finanzas, economía digital y desarrollo sostenible. Y, en ese marco, China, que apuesta por la coordinación de las políticas macroeconómicas, tiene mucho que ofrecer y es muy consciente de su papel orientador en ámbitos de interés común como la promoción de la economía digital, una dirección importante para el desarrollo global de la que todos quisieran beneficiarse.

La segunda es la construcción institucional interna. Todos esperan que el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB) y el Acuerdo de Reserva de Contingencia proporcionen nuevas soluciones a sus necesidades. Ha finalizado la primera expansión del NDB. De 2022 a 2026, el banco proporcionará 30.000 millones de dólares como ayuda financiera a los países miembros.

La tercera es una visión internacional más compartida con base en la defensa conjunta del sistema multilateral de comercio y la reforma de la OMC o el fomento de la cooperación multilateral para salvaguardar los intereses comunes de los mercados emergentes y los países en desarrollo. Los BRICS quieren contribuir más a la gobernanza global y defienden una similar línea de reformas dentro de los mecanismos y plataformas internacionales como el FMI y el G20.

La cuarta es la expansión. China apoya la llegada de más miembros BRICS con base en la proyección de la cooperación en el marco “BRICS+”. Los cancilleres del grupo llegaron a un consenso sobre el aumento de miembros, y sostuvieron el primer diálogo entre los cancilleres “BRICS+” en el que, aparte de los países BRICS, participaron nueve ministros o representantes de ministros de Relaciones Exteriores. China quiere acelerar el paso y continuará promoviendo esta discusión sobre el aumento de miembros en la confianza de unir más socios. De entrada, este año, la reunión de ministros de Relaciones Exteriores del BRICS acordó apoyar el avance de la expansión del grupo.

El agua a su molino

La guerra en Ucrania, que involucra directamente a un importante país BRICS como Rusia, parece hacer acentuado, paradójicamente, la cercanía entre los países BRICS y operado un relativo distanciamiento del enfoque occidental (EEUU-OTAN-UE), con singularidades marcadas por parte de India o Sudáfrica pero también por parte de Brasil.

Y sí, es el mismo Brasil de Jair Bolsonaro que había prometido revisar acuerdos, disminuir la influencia económica china en el país, e incluso esbozó una salida de los BRICS. Ahora, sin embargo, dice que “China es cada vez más parte del futuro de Brasil” e incluso que “es más importante que EEUU para Brasil”.

El pasado 23 de mayo, el vicepresidente Hamilton Mourao, aseguraba que la relación entre su país y China es «muy buena» y que tiene un «futuro extraordinario», calificando al país asiático como «el principal y más estratégico socio comercial». Mourao habló de “sintonía” entre Brasil y China, y de la “disposición de lado a lado para trabajar en conjunto para superar desafíos, identificar cuestiones pendientes y mejorar el perfil de nuestra relación». Aunque Mourao ha sido siempre un firme defensor de la relación con China, pocos imaginaban que la relación bilateral pudiera llegar a este punto durante tan convulso mandato.

Lo acontecido con Brasil refuerza las expectativas de los BRICS pero, sobre todo, es una muestra de cómo el pragmatismo de los intereses comunes centrados en el desarrollo parece imperar sobre las diferencias ideológicas que, de primar, inevitablemente segmentarían las posibilidades de cooperación. Y, más allá, vendría a demostrar que la supuesta cohesión sustentada en la defensa a ultranza de valores comunes que hoy abandera dinámicas de corte belicista no es la única posible y tiene una alternativa plausible en la cohesión argumentada en el afán por el desarrollo.

Los países BRICS representan el 23% de la economía global, el 18% de las transacciones de mercancías y el 25% de la atracción de inversión extranjera, constituyendo una fuerza notable en la economía mundial.

Para China, los BRICS siguen siendo importantes como plasmación de una alternativa de gobernanza basada en la búsqueda del desarrollo como trampolín para implementar otra visión de la seguridad global.