Se ha instalado en el Ecuador a partir de las recientes elecciones una serie de paradojas, la primera se da entre lo cuantitativo y lo cualitativo aquello que no es simple suma o resta sino tiene que ver con la significación, la cantidad enfrentada a lo simbólico.
 
A veces en el terreno político dos más dos no son cuatro. Sumando totales Alianza País el movimiento político gobernante conserva el lugar de primera fuerza política del país, pero con una tendencia a la baja inocultable, las derrotas de la alcaldía de Quito y Cuenca dos de las más importantes ciudades del país, pesa demasiado en la significación, además en Quito, se perdió por más de 21 puntos lo que en parte habla de un fuerte anticorreísmo; el haber alcanzado solo 4 alcaldías de las 24 en las capitales de provincia cualitatitavamente tiene un peso enorme, las derrotas en las prefecturas de las zonas mineras con fuerte resistencia al extractivismo reflejan la fuerza del movimiento indígena y la  resistencia a los planes de expansión minera.
 
A todo lo ocurrido con los resultados electorales el gobierno lo ha llamado remezón o revés no quieren utilizar el término derrota. Lo que ocurre es que lo cuantitativo no basta, las simples sumas resultan insuficientes. En la versión oficial señalan que a pesar de los remezones han triunfado, pero fue evidente, no pudieron festejar nada. Es difícil decir ahora si este es el comienzo del fin del correísmo, porque las posibilidades de recuperación no están cerradas, pero el fenómeno que se produjo tiene magnitudes insospechadas. Puede significar que las políticas clientelares, el populismo desarrollista tienen sus límites, que un porcentaje importante de población se cansó de la agobiante y permanente campaña propagandística. El exceso propagandístico comienza a volverse contraproducente.   
 
En general se pueden resaltar dos cosas: una, es la confirmación del desplazamiento del apoyo al Presidente Rafael Correa de la Sierra a la Costa y dos el desplazamiento desde lo urbano a lo rural, lo que habla de populismo, el apoyo correísta se ha desplazado a las zonas de más baja cultura política donde el clientelismo se hace más efectivo.
 
En el caso de Quito, podemos decir, que es el propio correísmo el que abre las puertas a la derecha, el propio presidente Correa con su activa y desmedida intervención en el proceso electoral hizo de esta elección una especie de plebiscito sobre su gestión, bajando el perfil a los candidatos y problemáticas locales. El candidato de la derecha capitalizó y fue utilizado para expresar un hastío frente a la arrogante prepotencia que exhibían las autoridades gobernantes. De tal manera que analistas de diversas tendencias coinciden que la abierta intervención presidencial de los últimos días en Quito terminó por sepultar la candidatura de Augusto Barrera que postulaba a la reelección. Es decir en Quito se sumó el rechazo a la gestión del alcalde y la infortunada intervención presidencial.
 
El rechazo a la gestión alcaldicia de Barrera se explica por una serie de errores de gestión y comunicación, pero sobre todo olvidarse de la participación popular. Sin embargo lo anterior, es decir, la derrota no es sino una consecuencia de la labor demoledora del presidente Correa contra la corriente de izquierda tanto al interior como fuera  del movimiento político gobernante, cuestión en la cual ha tenido una eficacia sorprendente, tal acción de demoledora le ha despejado el camino a las opciones de la derecha modernizada.  Esto puede ser premonitorio después del correísmo no puede venir sino la derecha pura y dura, la criminalización al movimiento social y el anti-izquierdismo correísta tiene sus frutos.
 
Los elementos causales más profundos del revés se encuentran en la deriva cada vez más populista caudillista de lo que se ha dado en llamar revolución ciudadana. El personalismo autoritario que caracteriza la gestión del presidente tuvo como consecuencia al menos dos cosas: el opacamiento de sus candidatos locales que creían en la transferencia de votos, pensaban que bastaba una foto con el presidente para lograr el triunfo, y la segunda tiene que ver con el peso aplastante del presidente en su movimiento impide el desarrollo de líderes en todos los niveles, lo cual implica que se termine imponiendo candidatos desde arriba. Se ha establecido al interior del movimiento político gobernante un verdadero culto a la personalidad en torno al líder indiscutido.
 
Si hacemos un somero balance por el lado de la reacción de los movimientos sociales frente al gobierno tenemos: que el movimiento ecologista a partir del Yasuní está absolutamente encontrado con las políticas correístas; el movimiento de mujeres, lo mismo debido a los fundamentalismos religiosos del presidente respecto del aborto entre otras cosas. El movimiento de las diversidades sexuales de igual manera, no se permiten los matrimonios entre personas del mismo sexo, mientras Rafael Correa sea presidente; el movimiento indígena por la  represión a sus activistas, la legislación anti organización social, y otras leyes represivas, más su rechazo a las políticas extractivistas constituyen a este sector es una de las columnas vertebrales de la oposición social al gobierno; el movimiento de los trabajadores a pesar de su relativa pasividad expresa un agudo malestar sobre todo a partir de la fijación del salario básico; el movimiento estudiantil duramente reprimido a partir del juzgamiento y condena de los estudiantes del Central Técnico se encuentra contenido, pero latente.
 
Esto indica que el gobierno de la revolución ciudadana se proyecta con cada vez más nitidez como un gobierno populista, neo desarrollista, conservador en materias de valores, género y diversidades sexuales, el socialismo del siglo xxi se ha develado como un capitalismo modernizado del siglo xxi.
 
Vale la pena señalar un fenómeno que aparece como una constante que no varía, una especie de costra persistente, la matriz populista clientelar de la reproducción política no se ha modernizado, el caudillo popular que encanta a las masas y una red de clientelas locales que se reproducen a imagen y semejanza de los peores populismos. Las redes clientelares y sus caudillos locales no han sido superados, el discurso pseudo izquierdista tampoco. Parte importante de la historia del Ecuador es la historia de sus caudillos. El Estado burgués capitalista y la infraestructura se han remozado y reformado, pero los mecanismos de la reproducción política, aún permanecen intocados.
 
– Leonardo Ogaz A. es docente universitario.