Es interesante constatar en la actual campaña presidencial chilena la enorme incidencia que tienen las mediaciones tecnológicas. Los diversos candidatos han participado en verdaderas “performances” televisivas que se despliegan como espectáculo y luego, son medidas y comentadas en las llamadas “redes sociales”: las llamadas “tecnologías relacionales” (tecnologías – R).  A través de ellas, miles de “usuarios” estampan sus gustos y preferencias que enaltecen o denostan a los candidatos.
 
El espectáculo de candidatos a la presidencia en los medios no es nada nuevo, su importancia relativa sí lo es.  Digamos por de pronto que las elecciones se están definiendo más por “audiencias” que por una “ciudadanía” propiamente tal.  Si el “ciudadano” va cediendo su lugar al “consumidor”, tal como ha sido señalado, habría que agregar que, en términos comunicacionales, son los “usuarios” quienes señalan las tendencias y gustos políticos.
 
Cuando la política sigue las “audiencias”, estamos frente a una “Telecracia” y no, precisamente, a una “democracia”, entendida como un conjunto de hombres libres capaces de deliberar con responsabilidad sobre los asuntos de la “polis”.  Este diagnóstico no atañe solo a nuestro país y, en rigor, se aplica a toda sociedad “mediatizada”
 
En el caso chileno, sospechamos que la “Telecracia” y las “tecnologías-R” sustituyen un aspecto fundamental de la “democracia”, la participación y la deliberación de los ciudadanos.  Hay “Telecracia”, justamente, allí donde no hay una ciudadanía asentada en instituciones sólidas.  Hay “Telecracia” en aquellas sociedades donde el tinglado político es débil, extemporáneo o arcaico.  En efecto, en nuestro país estamos ante una “democracia de muy baja intensidad” cuyo sello distintivo es su condición cupular, lo político es manejado por una elite política con total prescindencia de la ciudadanía.  Nada tiene, pues, de extraño que sea el “marketing político” expresado a través de los medios y las nuevas sociotecnologías los que ejerzan el papel de “control social” y orienten una pseudo participación de los ciudadanos.
 
El protagonismo televisivo de la campaña presidencial muestra, por contraste, las tremendas deficiencias democráticas de nuestro sistema político.  Cuando lo político se torna espectáculo para “audiencias”, el candidato se convierte en un actor de farándula y cada foro se transforma en un frívolo “Reality” en que se cruzan descalificaciones, acusaciones, cuando no, insultos.  Incapaces de canalizar las demandas sociales y la participación ciudadana, solo podemos aspirar al espectáculo audiovisual y a una ficción de participación. Pareciera, finalmente, que la “Telecracia” se impone en las sociedades donde la “democracia” ha dejado de ser algo que nos concierne a todos.
 
– Álvaro Cuadra es investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. ELAP. Universidad ARCIS