Los 500 años de colonización, coincidentes con el nuevo impulso apropiador que ha llevado al capitalismo a violentar la vida bajo todas sus formas, al uso destructivo del planeta y a un horizonte de extinción en el que las capacidades de reproducción han sido absolutamente rebasadas por su voracidad, generaron no sólo las condiciones sino la urgencia de repensar nuestros futuros posibles.
 
Una auténtica revolución de sentidos y concepciones de la vida invadió los espacios del pensamiento. El hecho de que los llamados pueblos originarios emergieran como sujetos protagónicos, asumiéndose en su especificidad histórica, imprimió al pensamiento y a las luchas del fin de milenio una profundidad civilizatoria que no se contenta con reacomodamientos o "cambios de modelo" sino que llama a una refundación de la organización de la vida.  Arrancando con el dislocamiento político, pero sobre todo epistemológico, provocado por el levantamiento zapatista, que colocó la problemática de la colonialidad como pivote fundamental de las luchas contra la opresión bajo todas sus formas, el recorrido ha ido ganando profundidad y riqueza. Las memorias y tradiciones cobran una expresión nueva, de crítica a la modernidad y de salto al futuro. Se trata de un pasado revisitado y actualizado que genera nuevos horizontes emancipatorios.
 
 

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