Autonomía, comunidad y territorio: alternativas al extractivismo y la crisis civilizatoria desde los movimientos sociales
 
Crisis civilizatoria y movimientos sociales: ¿cómo organizarse para las nuevas coyunturas?
 
El sistema-mundo capitalista se encuentra en un momento trascendental de transformaciones, de “caos sistémico”. Se trata de cambios de tales magnitudes que probablemente estemos asistiendo a un proceso en el cual, en un futuro no tan lejano, tengamos un mundo muy diferente al que conocemos en la actualidad.
 
 Muchas de las instituciones socio-políticas, económicas, de los sistemas ecológicos y de los patrones de conocimiento reinantes, tienen y tendrán cada vez mayores dificultades para funcionar como lo han venido haciendo, planteándonos reordenamientos sistémicos y enormes desafíos sociales ante esta etapa de incertidumbre global.
 
La gran cantidad de revueltas populares a escala mundial constituye una acción/reacción ante esta coyuntura, conformando mecanismos de resistencia ante la acumulación por desposesión del proyecto neoliberal global, así como la expresión de diversas formas alternativas de organización, de relaciones intersubjetivas y con la naturaleza. Son manifestaciones populares heterogéneas, y en muchas ocasiones inorgánicas, pero que representan vías esperanzadoras ante la arremetida de las fuerzas más conservadoras que actúan en esta crisis. Esto nos lleva a preguntarnos, ¿estamos frente al nacimiento de un período orgánico de globalización contrahegemónica, que emerge a partir de 2011 en los países árabes? ¿Es posible el surgimiento de una «Revolución Mundial» como la de 1968 en el sistema-mundo?
 
Lo cierto es que esta crisis civilizatoria, junto a estos trascendentales cambio hegemónicos y reordenamientos geopolíticos ―con China a la cabeza―, sumado a la incertidumbre en Venezuela por el futuro de la Revolución Bolivariana, sacude también a los movimientos sociales del país y la región, planteando enormes dificultades en el momento de interpretar y definir objetivos, actores, fenómenos y alternativas, que en esta época de transición y caos, pueden mostrarse de manera contradictoria, híbrida y confusa. ¿Qué podemos hacer en esta situación? ¿Cómo organizarnos para las nuevas coyunturas?
 
Movimientos sociales y extractivismo petrolero: ¿dos proyectos incompatibles?
 
 Existe una creciente sensibilización en los movimientos sociales venezolanos acerca no sólo de las dimensiones de la crisis civilizatoria, sino también de la inviabilidad de nuestro modelo de “desarrollo” nacional, de carácter profundamente rentista y desarrollista, y los peligros de transitar en el futuro la senda extractivista. Las contradicciones propias del capitalismo rentístico se hacen más notorias en la medida en que la “riqueza” y “desarrollo”, se amplían por un lado, a la vez que nos volvemos una nación más vulnerable económicamente, con crecientes procesos de concentración de riqueza y corrupción estructural, el incentivo a modos de vida consumistas, un aumento de los daños ambientales y la colonización de nuevos territorios por parte del capital. 
 
 Al respecto, es notoria la gran preocupación de movimientos sociales sobre tres aspectos resaltantes:
 
Ø La cultura rentista: este tipo de modelo de sociedad, en la cual el Estado dinamiza centralizadamente la misma por medio de la distribución y redistribución de la renta, genera una relación paternalista y clientelar en la cual moldea, controla y/o disciplina tanto a los ciudadanos y ciudadanas, como a los propios movimientos sociales. En 14 años de Revolución se ha reforzado esta cultura rentista, de la cual ha costado zafarse por parte de los movimientos, lo cual representa un enorme desafío para los mismos.
 
Ø Crecientes niveles de dependencia sistémica: hay una brecha entre, por un lado, la idea de que hemos alcanzado la “independencia” y que “tenemos patria”, y por el otro, la profundización de la dependencia petrolera, nuestra vulnerabilidad financiera, y una de las más preocupantes, nuestra gran fragilidad alimentaria. Esta situación no sólo resta los márgenes de maniobra de los movimientos sociales, sino que incrementa la vulnerabilidad social y territorial ante las arremetidas del capital.
 
 Ø El modelo de desarrollo a futuro. ¿Más rentismo y más extractivismo?: la construcción de alternativas para transitar las vías hacia un nuevo modelo de sociedad comunitario, participativo, territorializado y ecológico, se ve severamente amenazada ante una profundización del modelo de desarrollo, expresado tanto en el Plan de la Patria (2013-2019), que persigue convertirnos en una “Potencia Energética Mundial”, como en los convenios regionales e internacionales. ¿Hacia adonde apuntan los nuevos proyectos extractivos? Se prevé una intensificación de los conflictos con comunidades territoriales, junto con una pérdida de la diversidad cultural, la hegemonía de un estilo de vida y de un sujeto revolucionario “tipo” modernizado, y una magnificación de los daños medio ambientales.
 
 La visibilización y concientización de las propias limitaciones respecto a los tradicionales ideales de “desarrollo” y a las mitificaciones generadas desde el Petro-Estado, permiten construir cartografías más claras de lucha.
 
Autonomía y alternativas: gérmenes de un modelo comunal para el futuro
 
Raúl Zibechi planteaba que Marx mostró, cómo el mundo nuevo que queremos, debemos sacarlo de la sociedad que tenemos, algo similar a un bebé que está dentro de la madre. Luego de un largo proceso de germinación de las formas de producción capitalista, la revolución ―en este caso la Revolución Francesa―, sería entonces no el primero, sino el último episodio para establecer al capitalismo como sistema hegemónico. Zibechi intenta explicar cómo, por un lado, el proceso de transformación hacia un mundo diferente también requiere de un proceso germinal como el mencionado, y por otro lado, cómo esta transformación no la va a organizar ningún estado, debido a que la lógica del mismo es sostenerse como status quo.
 
 
 
Lo planteado por Zibechi nos ayuda a hacer visibles las diferencias entre pensar una transformación primordialmente de arriba hacia abajo, a pensarla fundamentalmente de abajo hacia arriba. Los modelos de sociedad que queremos, inclusivos, comunitarios, descentralizados y ecológicos, tienen que contar con gérmenes que se vayan estableciendo y propagando, y generen la masa crítica para un proceso de profundos cambios. No obstante hay que tratar de sintetizar estos procesos de largo alcance, con la urgencia de buscar salidas inmediatas a la crisis civilizatoria. ¿Cómo hacerlo…?
 
Buena parte de los diversos movimientos sociales que han florecido en Venezuela, y que vieron en la Revolución Bolivariana un proceso donde también se dio la oportunidad para su definición, fortalecimiento y/o consolidación, han mostrado una estructuración de tejidos de autonomía, y la apertura de caminos sobre los que se está transitando para la ampliación de dichos tejidos, de manera tal de hacer frente tanto a los desafíos del capitalismo rentístico cada vez más globalizado, a nuestro modelo de “desarrollo” y los futuros planes extractivistas para la nación, como a la construcción de nuevas alternativas y modelos post-capitalistas.
 
Son de esta forma, gérmenes del tránsito hacia la nueva sociedad que queremos. Si, como lo propone Zibechi, en un período de caos, el principio de orden es la comunidad y lo comunitario; si, junto a esto, la base originaria de esos gérmenes se debe orientar a reconstituir y/o consolidar la comunidad, tal y como lo plantea Raúl Gatica, del Consejo Indígena Popular de Oaxaca; y si la comunidad es la condición fundamental para generar tejidos de autonomía, entonces ¿qué factores y limitantes atentan contra la autonomía?, y ¿qué tipo de relación se debe tener con el Estado?
 
 La forma como han pensado la autonomía diversos movimientos sociales venezolanos se hace, tanto desde una dimensión de exterioridad como una de interioridad. Hay un reconocimiento en la necesidad de construir poder popular desde formas de autogobierno y autogestión, sin embargo, al mismo tiempo se advierte la sobredeterminación del Estado y las enormes dificultades de trascender su poder sobre la subjetividad y el territorio. De ahí que, desde la dimensión de exterioridad, se subraye:
 
 Ø El reconocimiento del Estado como campo de lucha, y de algunas facetas de incentivo y apoyo a los movimientos sociales en momentos y fases determinadas;
 
Ø Algunas dificultades acerca de la idea de “aislarse” del Estado;
 
Ø ¿Cómo manejar las relaciones de fuerza con el Estado? Desde las trabas burocráticas, pasando por la intervención en la soberanía de los movimientos sociales y comunidades territoriales, hasta formas de conflicto violentas, por ejemplo, las denunciadas por las comunidades yukpa en la Sierra de Perijá.
 
Hay pues, una discusión sobre la actuación respecto al Estado. Se habla de actuar sobre varios niveles. Algunos movimientos sociales durante la Revolución Bolivariana, han apuntado generalmente a buscar democratizar la gestión de gobierno. Otros buscan procesos de cogestión, y algunos actúan de manera más aislada respecto a éste. En todo caso, en términos de construir tejidos de autonomía, no se trataría de no recibir nada del Estado, sino de intentar funcionar “solos” a partir de la asistencia estatal, de la cual nos quedamos únicamente con lo que necesitamos, manteniendo el poder en el interior de los movimientos sociales. La asistencia estatal debería ser entonces un momento del proceso, y no una práctica permanente o un tipo de relación estable.
 
De esta forma, el objetivo central de los movimientos sociales y las comunidades territoriales es construir y consolidar esa base material y cultural que haga de esos núcleos de transformación un espacio consolidado, preparado para asumir y ejercer la autonomía, tanto como práctica de nuevas formas de vida, como epicentros fuertes de resistencia al Estado y al capital. Resaltamos algunos aspectos fundamentales de esta construcción de alternativas desde la autonomía:
 
a) La producción endógena y la ética de los cazadores:
 
 Hay una creciente insistencia de diversos movimientos sociales en lo que se refiere a la producción endógena. El ejercicio del poder popular requiere de una base material de subsistencia. Si el proyecto de transformación socialista/estatal está sustentado sobre altos niveles de dependencia productiva respecto a las necesidades básicas del pueblo, es poco lo que se puede avanzar. La Comuna, como núcleo de la nueva sociedad que queremos, necesita contar con una base socioproductiva para la sustentación y el autogobierno. Y este tipo de producción debe oponerse a la ética depredadora e insostenible del capitalismo, contrapuesta entonces por lo que Raúl Zibechi ha llamado la “ética de los cazadores”, basada en una relación directa entre lo que producimos, trabajamos y lo que consumimos.
 
b) Inventamos o erramos, o la escuela de lo cotidiano:
 
Es filosofía de diversos movimientos sociales plantear que la autonomía se construye entre el nosotros, en el quehacer cotidiano. Es fundamental comprender que el nuevo modelo que queremos, los nuevos estilos de vida que reivindicamos, necesitan de un largo proceso de aprendizaje y experimentación, pues se trata de practicar nuevos tipos de relaciones intersubjetivas y con la naturaleza, que cuentan con escasos referentes. De esta forma una de las principales metodologías es el aprender haciendo, y practicar en el aquí y el ahora las formas de vida que deseamos tener.
 
 c) Descentralización y poder territorial:
 
Los colectivos contra los transgénicos muestran que la lucha en oposición al modelo de “desarrollo” capitalista del agronegocio, como una forma de imperialismo, es al mismo tiempo una reivindicación de las culturas, formas de vida y cultivos locales, como expresión de la enorme diversidad biocultural existente en el país y el planeta. Lo mismo ocurre con la crítica a diversos proyectos extractivos a los cuales los pobladores se oponen, o incluso con la figura de los “consejos comunales”, que imponen formas de organización sociopolíticas específicas, en pueblos que en cambio tienen otras formas diferentes de articularse en sus territorios. Se trata entonces de una defensa del territorio, que se mezcla con la larga lucha por la tierra. Una disputa llevada de forma descentralizada, pero que busca articularse orgánicamente en la diversidad, reivindicando la plurinacionalidad y la pluriculturalidad.
 
 d) Organización y relacionamiento de los movimientos sociales:
 
 
 
Desde una autocrítica se suele reconocer las dificultades y carencias que a veces afloran respecto a la forma en la cual se organizan los movimientos sociales. De aquí surgen 3 planteamientos: i) ¿Cómo funcionar como organizaciones desde modos de relacionamiento horizontales y no jerarquizados, al tiempo que se puedan cumplir los objetivos trazados?; ii) ¿Cómo mejorar y hacer más orgánica la relación de los movimientos sociales con los sectores populares y las comunidades?; y iii) ¿Cómo crear y consolidar nuevas formas de articulación entre los diversos movimientos sociales, que constituyan y amplíen redes de lucha?
 
 e) Decolonizar y democratizar los procesos de producción de conocimiento:
 
 La “formación” es una constante y casi consensuada preocupación de los diversos movimientos sociales. Sin embargo, cabe resaltar que el proyecto de impulsar una nueva sociedad más inclusiva y ecológica por parte de numerosos movimientos, se orienta principalmente tanto a la construcción de una nueva subjetividad colectiva y reinsertada en la naturaleza, como hacia la resistencia cultural ante la industria ideológica depredadora e individualista del capitalismo. Se trata entonces de rescatar la vulnerada memoria histórica de las comunidades, como vía inmaterial para reconstituir las comunidades territoriales; al tiempo que se libra una batalla en las urbes que intente frenar los estilos de vida destructivos que impone el imperialismo cultural. El aprovechamiento de los saberes ancestrales, la educación popular y el trueque de saberes es fundamental para esta tarea, en pro de descolonizar los imaginarios sociales.
 
 f) Las prácticas de los movimientos sociales como escuela de vida:
 
En la medida en que los diversos movimientos hacen vida a partir de una serie de prácticas, no sólo consolidan sus espacios colectivos, sino que emergen como ejemplos de acción en los diferentes ámbitos que componen la cotidianidad. Los sistemas de trueques muestran discusiones, reflexiones y prácticas referidas a la organización de los “prosumidores” en torno al intercambio sin dinero. Cuestionan la función depredadora del dinero en el capitalismo, y promueven la producción local y el uso de monedas comunales. Por su parte los pueblos indígenas, sus organizaciones y los colectivos defensores de ellos, evidencian la importancia de la transmisión de los saberes de nuestros pueblos originarios en esta lucha civilizatoria. Diferentes colectivos agroecológicos nos orientan tanto en la crítica al agronegocio y la procedencia de los alimentos que consumimos, como en las formas alternativas de cultivar y trabajar la tierra, en consonancia con la reproducción de la naturaleza.
 
Los colectivos de trabajo cultural urbano y los medios de comunicación alternativos, representan un enorme aporte en las experiencias de educación popular en las ciudades, así como en el uso de las tecnologías de la información. También las redes de cooperativas nacionales, nos sirven de escuela debido a su gran experiencia en las prácticas de economía social y solidaria. Estos ejemplos articulados orgánicamente, nos muestran que las vías hacia otro modelo de sociedad no solo son posibles, sino que son ya una realidad.
 
 Esta nueva etapa de la Revolución Bolivariana tiene, en diversos movimientos y organizaciones sociales, semillas de transformación y resistencias autónomas, gérmenes de formas de autogobierno, que muestran los caminos alternativos como posibilidades en el desenlace de la crisis civilizatoria, y a los modelos desarrollistas y extractivistas. Y sobre todo, interpela a los pueblos, y les plantea: “entonces, ¿qué camino tomamos?”.
 
 Emiliano Teran Mantovani es sociólogo de la Universidad Central de Venezuela, investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos – CELARG, y hace parte del equipo promotor del Foro Social Mundial Temático Venezuela.
 
Nota.-  Este artículo surge a raíz de un interesante conversatorio que sostuvieron algunos movimientos sociales venezolanos con el periodista uruguayo Raúl Zibechi, en los espacios del CELARG, Caracas, denominado “Movimientos sociales y Estado: autonomía y poder popular por la construcción de alternativas al desarrollo”. Participaron integrantes del Movimiento Revolucionario de Ciclismo Urbano (MRCU), Red Nacional de Sistemas de Trueke, CECOCESOLA, Homo et Natura, La Guarura, Trueke Caracas, Ateneo Popular de Los Chaguaramos, AFINCO, CIPO-RFM (Oaxaca-México), SURCO-DP, Universidad Indígena de Venezuela, Tiuna El Fuerte, REDADA/AMNCLA, Frente Cultural de Izquierda, Movimiento Sin Tierra (MST-Brasil), Movimiento Social Afrodescendiente/RAV, El Galpón del Arte, Maikiraalasi, Asociación de Mujeres Yukpa, Colectivo INDIA, La Araña Feminista, Movimientos Insurgentes y Resurgentes, Foro Social Mundial Temático Venezuela, Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad, Utopía Concreta, y Cabalgando con Bolívar. Las afirmaciones hechas en este texto en modo alguno comprometen a los movimientos que participaron en este diálogo.