El impasse de las negociaciones entre el gobierno electo y sus pares en el Mercosur no auguran una solución rápida para el retorno del Paraguay a las mesas de decisiones del bloque. La falta de un entendimiento cabal sobre cómo se mueven los actores regionales e internacionales de la integración le está impidiendo al Paraguay alejar la amenaza de un nuevo aislamiento.
 
¿Qué se negocia?
 
El retorno del Paraguay a los órganos de decisión del Mercosur se ha complicado por un manejo no muy claro de posiciones y negociaciones del gobierno electo en las relaciones regionales. Varias son las razones que explican este manejo desprolijo.
 
La primera razón, y quizás la más fundamental de todas, es el cambio abrupto de opinión del presidente electo y su entorno acerca de las bases de las negociaciones con nuestros socios del Mercosur. Luego de que el presidente electo haya sostenido, durante toda la campaña eleccionaria, una posición pragmática sobre la reinserción del Paraguay en el bloque, esa posición es reemplazada drásticamente por la retórica de la dignidad y la soberanía nacional.
 
Ya en el contexto de ese cambio, a comienzos de junio pasado se iniciaron negociaciones con los socios del Mercosur encaminadas a encontrar una fórmula de reinserción del Paraguay al bloque que pudiera evitar un costo político para el gobierno electo. Esta solución sería que se otorgue al Paraguay la presidencia pro tempore en el segundo semestre del año, para que el nuevo gobierno logre en ese tiempo una nueva votación del Congreso Nacional que confirme a Venezuela como socio pleno.
 
Aunque este argumento era plenamente válido, y atendible por los demás países, se desconoce si la propuesta incluía la no participación de Venezuela en las mesas de negociaciones hasta tanto se consiga la aprobación de nuestro Congreso. Algo que, lógicamente, no podría ser aceptado por los demás socios del Mercosur, principalmente por Brasil. Además, es posible que el timing de la propuesta no haya sido el más adecuado. Es decir, si el planteamiento se hubiera hecho inmediatamente después de las elecciones del 21 de abril, hubiera existido más tiempo para negociar la misma.
 
De cualquier manera, lo que aparece claro es que las negociaciones emprendidas por el gobierno electo no arrojaron resultados favorables.
 
Otra razón tiene que ver con la decisión del gobierno electo de hacer pública la propuesta del Paraguay llevada a las negociaciones previas, con el aparente propósito de conseguir apoyo internacional, como se puede inferir de la visita del presidente electo a la Unión Europea. Sin embargo, el resultado de esta estrategia puede no ser favorable, en primer lugar porque supone una falta de entendimiento del movimiento de las fuerzas regionales e internacionales en los temas de integración y relaciones exteriores. En segundo lugar, porque significa desconocer el liderazgo del Brasil en el Mercosur y en el campo internacional, reconocido no solo por la Unión Europea, sino también por Estados Unidos, otras potencias del primer mundo y economías emergentes (China, India, etc.).
 
En definitivas, el gobierno electo no ha entendido que la mejor estrategia es publicar lo negociado, como un logro, y no lo que está en proceso de negociación, con posibilidades de fracaso.
 
Paraguay en el escenario regional
 
La vuelta política del Paraguay al Mercosur ocurre en un momento de particular tensión entre dos modelos de integración en el hemisferio que han estado en pugna desde hace más de una década. Por un lado, el modelo de integración hemisférica liderado por Estados Unidos y México en lo que ha sido el proyecto ALCA, como una extensión natural del NAFTA. Por otro lado, el modelo de integración Sur-Sur liderado por Brasil que se orienta a intensificar el intercambio regional de inversiones y de infraestructura en América del Sur como un medio para fortalecer negociaciones sustantivas con los países desarrollados.
 
Si bien el proyecto ALCA ha fracasado como tal, una segunda versión de este proyecto se ha plasmado en los acuerdos de libre comercio de Estados Unidos y México con los países centroamericanos (CAFTA-RD), como también con Chile, Perú y Colombia. Una versión latinoamericana de este eje es la recientemente creada Alianza del Pacífico (AP) que inicialmente incluye a México y a los tres países andinos citados, y que rápidamente estaría incorporando a los centroamericanos.
 
En el caso del Mercosur, el Brasil ha liderado los esfuerzos de acuerdos de libre comercio con todos los países del resto del hemisferio sudamericano, los que se adhirieron con la denominación de Estados Asociados del Mercosur. También ha estado detrás de la creación de UNASUR como instancia de fortalecimiento de las inversiones y el comercio intra sudamericano frente a las históricas relaciones comerciales de los países andinos y Venezuela con el mercado norteamericano. Ciertas manifestaciones de rasgos políticos e ideológicos no estuvieron ausentes en este esfuerzo del liderazgo brasileño, aunque no tuvieron un carácter determinante.
 
El Brasil inició recientemente un segundo movimiento estratégico para fortalecer su liderazgo en la región, cuando el Mercosur resuelve invitar a Bolivia y a Ecuador a participar del bloque como socios plenos, además de Venezuela, y se dispone a hacer lo mismo con Surinam y Guyana en la próxima cumbre de Montevideo.
 
Los encargados de nuestra política exterior y comercial deberían entender que, siendo un país pequeño y mediterráneo, el Paraguay no es una pieza central de esta puja de liderazgo en la región. Que, además, el Paraguay es un país del Atlántico por su posición geográfica, porque sus ventajas comparativas se encuentran en el sector agropecuario y no minero, y porque las vías de salida y entrada de sus productos serán predominantemente siempre por las vías que conducen al Atlántico.
 
Sin olvidar que el Paraguay tiene firmado acuerdos de libre comercio tanto con los países del Pacífico (Estados Asociados y países de AP) como con los países del Atlántico (Mercosur), tiene que entenderse también que no existen incompatibilidades de pertenecer a ambos grupos y de hacer negocios con ambos grupos.
 
Por lo tanto, dada su posición geográfica que le convierte en una de las regiones bisagras entre ambas zonas de América del Sur, el Paraguay debe aprovechar las oportunidades que se presentan para crecer económicamente con la integración hemisférica y favorecer la creación de empleo y bienestar para sus habitantes.
 
No resolver el problema con el Mercosur significa postergar oportunidades económicas, no ser partícipe de las decisiones del bloque, al cual siguen ingresando nuevos miembros, inclusive perder eventualmente preferencias obtenidas como país de menor desarrollo relativo. En otras palabras, posponer la solución del retorno del Paraguay a la mesa de negociaciones del Mercosur significará un mayor aislamiento regional e internacional. Muy mala estrategia para un país mediterráneo y de poco peso.
 
– Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya – Cadep, Economía y Sociedad, Análisis de Coyuntura, Nº 10, julio 2013, pp. 19-21 

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