La agresión de las potencias contra Evo Morales reactualiza el debate sobre cuál es el lugar de Argentina y Bolivia en el mundo. Bolivia parece tenerlo más claro. Argentina estuvo bien pero suele boyar entre varias posiciones.
 
El boliviano viajaba satisfecho desde Moscú hacia su país, luego de dos cumbres donde había sido tratado con consideración. De pronto las órdenes imperiales pusieron en emergencia su avión oficial y comitiva. El jueves, al aterrizar en el aeropuerto de El Alto, pudo respirar aliviado, como quien despierta de una pesadilla.
 
Evo Morales tiene muy claro dónde está parado. Se define como un antiimperialista con vistas al socialismo. Busca representar a los trabajadores, campesinos y pueblos originarios de su patria pluriétnica y plurinacional. No le tembló el pulso para aprobar en 2009 otra Constitución, aún a riesgo de un putsch separatista de la “Media Luna”. Modificó de raíz la composición de los tribunales supremos del altiplano, mediante la votación de todos los ciudadanos, sentando un ejemplo de plena democracia y justicia democrática. En 2006 nacionalizó los hidrocarburos, justo el 1 de Mayo, como forma de festejar el Día de los Trabajadores.
 
Y cada 1 de Mayo, para demostrar su vínculo con ese sector social, anuncia alguna medida reparadora de la soberanía. La última vez anunció la expulsión de la agencia USAID supuestamente de “ayuda al desarrollo” por parte de Estados Unidos.
 
Como una muestra más de que Morales eligió dónde ubicarse, en el peligroso mundo de hoy, hay que saber que Bolivia es uno de los 8 socios del ALBA (Alianza Bolivariana de Nuestra América), con Cuba, Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Dominica, Antigua y Barbuda, y San Vicente y Granadinas. El noveno era Honduras, pero fue sacada por medio del golpe de Estado pro-estadounidense de junio de 2009.
 
Por eso el presidente de Bolivia está con la guardia en alto frente a las acciones de Washington. Lo está desde hace mucho tiempo, desde antes de estar en el Palacio Quemado, de cuando era dirigente cocalero de Cochabamba y diputado en minoría, perseguido por la represión policial, militar y de la DEA.
 
Evo tiene quemadas las naves hace mucho tiempo. No sorprendió su último desafío de ofrecer asilo a Edward Snowden.
 
Cristina con Evo
 
Frente a la tremenda ofensa sufrida por su amigo, Cristina Fernández de Kirchner tuvo una reacción muy positiva. Se la podría calificar como extraordinaria, si se la compara con la mucho menos efusiva de Dilma Rousseff, con quien suele combinar posiciones internacionales.
 
Dilma se quedó en Brasilia, haciendo algunos deberes donde estaba muy atrasada y la gente en las calles se lo había hecho saber. Cristina en cambio, que se desayunó unas horas más tarde de lo sucedido con el amigo boliviano (imperdonable retraso de sus asesores y secretarios, que estaban sintonizando otro canal…), tomó decisiones solidarias.
 
Primero largó 15 tuits, que anteayer Página/12 puso en su tapa, donde admitía que había sido Rafael Correa quien la “despertó” de las novedades. Luego habló en la toma de posesión de los nuevos jefes de las FFAA y denunció lo actuado por la “Vieja Europa”, cargando las tintas contra un colonialismo que perdura en contra de los latinoamericanos. Se hizo cargo de la ofensa cometida contra Bolivia, calificándola como un acto contrario a toda esta región.
 
Y luego hizo la maleta y viajó de apuro a Cochabamba, a sabiendas de que la reunión de UNASUR estaba raleada por la borratina de los colegas más derechosos. Ni Piñera ni Santos ni Humala se dejaron ver por el estadio Coliseo de la Coronilla. Ella sí, interpelando a los autores de la maniobra contra Evo: “quiero solicitarles muy serena, pero muy seriamente, a quienes han violado el derecho internacional que subsanen esto y se hagan cargo de los errores cometidos, que pidan perdón por lo que han hecho”.
 
CFK apoyó al agredido y se puso en su exacto lugar, un sitio peligroso por la falta de escrúpulos de las potencias europeas y su socio mayor estadounidense. Otros faltaron a la cita…
 
Imperio aislado
 
Cuando el Tango-01 llegó a Bolivia, aterrizaba en el campo del ALBA, aún cuando no lo supiera o cuando luego quisiera decolar en busca de otros hangares más primermundistas.
 
No es la primera vez que Argentina se ubica en ese sitio tercermundista tan mal visto por la Casa Blanca. Ya en los serios encontronazos de ese centro de poder mundial con Hugo Chávez, y luego de la muerte de éste, cuando las polémicas elecciones que dieron la justa victoria a Nicolás Maduro, la mandataria argentina tuvo una muy buena actitud política.
 
Debe haber sido por eso que Barack Obama nunca la invitó al Salón Oval, ni tampoco puso sus mocasines en la Casa Rosada, en sus pocas giras latinoamericanas. En este caso se suele votar con los pies…
 
Tomando de criterio esos diferendos con las grandes potencias, la oposición conservadora y antidemocrática, así como los medios hegemónicos de comunicación, inventaron aquí la muletilla de que “Argentina está aislada del mundo”.
 
Todo es según el cristal con que se mire. En esta semana el Movimiento de Países No Alineados tratará el pedido boliviano de apoyo a su presidente y de repudio a las potencias que pusieron en riesgo su vida. Allí militan 120 de los 193 países de la ONU y si todo sale como se supone, los agresores de Morales quedarán escrachados como imperiales que son. ¿Quién es el aislado entonces? ¿Evo Morales o Barack Obama? ¿Los aliados del aymara o los socios del imperio?
 
Argentina, un poco, no tanto
 
¿Dónde aparecen los límites de esa positiva política exterior kirchnerista? En que el gobierno comenzado en mayo de 2003 ha reiterado que su modelo de país es un capitalismo serio, productivo, con inclusión social.
 
Y coherente con esas aspiraciones, tiene como objetivo prioritario lograr acuerdos con los principales grupos económicos y bancos, tanto de los más concentrados de las empresas locales como las multinacionales. Incluso aquellas que arrastran la peor de las famas en cuanto a su condición de explotadoras -caso Wal Mart- o de contaminación -como Monsanto- han contando con el favor oficial.
 
Por esas razones el país no es parte del ALBA sino del Mercosur, donde hasta ahora, cuando se produjo la incorporación tardía de Venezuela, la línea predominante era la de la alianza de Argentina y Brasil. Y la dupla oscila, bamboleándose entre aquél bloque más antiimperialista y su participación en el G-20, donde se tutea con las grandes potencias. La próxima cita de ese club primermundista será el 5 y 6 de setiembre en San Petersburgo, Rusia.
 
Y por más que el mundo de la política sea flexible y cambiante, llega un momento en que se debe optar. Se está con el polo tercermundista fundado en 2004 por Chávez y Fidel Castro, con el honor y los riesgos que eso implica, o se preserva un asiento en el lobby donde los imperios toman las decisiones, como si pertenecer a este elenco fuera un certificado de calidad. Esta última opción es lamentable, pero en esta época de crisis es aún mucho peor.
 
Chau Vilma
 
Esa contradicción en la política exterior suele manifestarse a raíz de Malvinas. El Tercer Mundo es muy enfático en el apoyo a los reclamos argentinos de soberanía, desconocidos por el Reino Unido. Cuando Héctor Timerman habla en un foro internacional y enfila los cañones contra Londres, las naciones amigas hacen cola para dar solidaridad.
 
La última vez fue en Viena, cuando el canciller habló sobre en una reunión sobre seguridad nuclear y cuestionó los planes armamentistas británicos, quienes podrían haber introducido armas nucleares en el Atlántico Sur.
 
Cuando esas contradicciones se ponen al rojo vivo, las potencias suelen arropar a la corona británica, como socios de la OTAN que son, con la superpotencia apoyando la usurpación.
 
Esos cuestionamientos de ciertos aspectos de la dominación imperial, pero sin llegar al antiimperialismo del ALBA, han sido hasta aquí un rasgo muy típico del justicialismo. Idas y venidas, terceras posiciones, etc.
 
Un ejemplo muy reciente de esa contradicción andante se vio el 4 de julio. Mientras la presidenta viajaba a Bolivia con ese mensaje solidario con el dueño de casa, su secretario de Comercio Guillermo Moreno se retrataba muy sonriente en el Palacio Bosch, sede de la embajadora norteamericana Vilma Martínez.
 
La diplomática celebraba con 500 políticos, empresarios y demás amigos de la casa, Moreno incluido, el Día de la Independencia. Como se estaba despidiendo de Buenos Aires, bajó línea de que este era un país “complicado”, aunque no detalló los varios entredichos de la relación bilateral.
 
Eso sí, hizo propaganda de la supuesta ayuda norteamericana a Argentina, por ser el cuarto comprador, el tercer proveedor y el primer inversor, lo que da como resultado -supuestamente beneficioso- un conjunto de empresas con 170.000 empleos.
 
Esa es la propaganda engañosa del imperio, como la de las potencias coloniales de ayer, presentando el rostro bondadoso de la dominación y saqueo. Bolivia con la plata de Potosí y Argentina con Malvinas tienen amargos sufrimientos como para no caer en la trampa.
 
La cancillería argentina lamentablemente condecoró a la embajadora Martínez. Muchos argentinos, a diferencia de los elogios de Moreno a su gestión, le habrían dicho “Chau Vilma, no vuelvas más”.