Cuando desde nuestra mirada repasamos la figura de Capriles nos damos cuenta de que no sólo es nazi-sionista sino que está siendo manipulado por miembros de la mafia anticastrista de Miami, con el fin de  ingresar violentamente a Latinoamérica.
 
“Eso obligaría a reaccionar a todo nuestro pueblo en caso de ser agredido, ya que defenderíamos la tierra socialista con nuestras propias vidas”, comenta una amiga cubana de quien esto escribe.
 
Y eso no es perorata. Los revolucionarios no hacemos discursos. Lo hemos demostrado cuando en Argentina sufrimos 30.000 desaparecidos sacrificados por lograr su independencia definitiva del Imperio.
 
Centro América, el Caribe y Sur América nunca podrán olvidar que durante el golpe de Estado de abril de 2002 contra el gobierno del presidente Chávez en Venezuela, la embajada de Cuba fue rodeada por fanáticos que trataron de tomarla por asalto. Los sucesos de aquellos días mostraron la violencia del ataque y el coraje de los que desde el interior de la delegación soportaron la arremetida. El regreso del presidente Chávez al poder, el 13 de abril puso punto final al asedio, uno de los tantos sucesos que tuvieron lugar durante el infame Golpe de Estado del 2002.
 
Destrozo de vehículos del personal diplomático sufrido al día siguiente del derrocamiento del presidente electo Hugo Chávez. Desde las 9 de la mañana se presentaron personas frente a la misión cubana a modo de manifestación y a las 12.15   causaron actos de intimidación contra el personal, como perversos enemigos al gobierno. Cortaron a la fuerza los servicios de electricidad y de agua, no permitieron el paso de alimentos, rompieron vidrios, arrojaron piedras e insultos, amenazaron con fusilar, negaron acceso a los proveedores dispuestos concertar una violación de los convenios internacionales.
 
Allanaron delegaciones diplomáticas extranjeras con inmunidad diplomática y derechos humanos en el interior y contorno, donde se encontraban hijos menores de edad del personal asaltado.
 
De estos vejámenes participaron dirigentes del exilio cubano en Venezuela, simpatizantes de diversos partidos de oposición del país y grupos de apoyo para la presidencia de Pedro Carmona Estanga, proclamado Presidente "de facto" durante 47 horas.
 
Toda una cacería contra Cuba que duró hasta su deposición por las Fuerzas Armadas de Venezuela y el traidor Carmona fue exiliado en Colombia.
 
Esa feroz embestida fue organizada por el disidente cubano Salvador Romaní, un periodista anticubano exiliado en Venezuela, y a las tres de la tarde apareció el Alcalde de Baruta en la zona de la Embajada, Henrique Capriles Radonski, con el propósito de requerir al embajador cubano, Germán Sánchez Otero, la fiscalización del inmueble para notificar a los revoltosos que había funcionarios del gobierno de Chávez asilados.
 
A la postre Capriles sería acusado de haber irrumpido en la delegación, pero fue absuelto por prueba presentada desde la defensa por una declaración del embajador noruego Dag Mork-Ulnes, que alegó haber hablado por teléfono con su homólogo cubano, quien le respondió: -Muy amable que usted (Ulnes) haya ofrecido su asistencia, pero todo está bien aquí, estamos conversando los dos (Capriles y Sánchez), no hay necesidad de su intervención.
 
El embajador cubano reconoció haber permitido ingresar a Capriles a la residencia, pero lo responsabilizó por no haber concretado con los policías asaltantes para que dispersaran la aglomeración de gente violenta y escandalosa que asustaba a los niños de la casa. También acusó a Globovisión por no difundir la entrevista durante los sucesos y si los acontecimientos   transmitidos en vivo por los medios de comunicación.
 
Sectores del gobierno legítimo han acusado a Capriles de ser responsable por los fanáticos insultos, asaltos, amenazas y roturas arguyendo que en la embajada estaba el Vicepresidente Diosdado Cabello, además de satanizar la comunicación de los medios privados contra la República de Cuba.
 
Estos hechos se vivieron en toda Latinoamérica con profunda tensión, por eso conocemos al tal Capriles desde hace tiempo y quien esto escribe echa de ver una   falta de ética del presidente colombiano Juan Manuel Santos recibir al líder de la extrema derecha venezolana Henrique Capriles Randosky, nazi-sionista contra el gobierno legítimo de Nicolás Maduro y creador de un clima de tensión diplomática entre ambas naciones, aunque en retracción pública, el político colombiano dijo que “se trata de un mal entendido”.
 
El pariente del derechista Álvaro Uribe, enemigo declarado de los gobiernos progresistas y de izquierda, no puede explicar el hálito dado al opositor de la Primera Magistratura de Venezuela, señalado como el máximo responsable de terrorismo acontecido el 15 de abril, cuando perdidas las elecciones y con prepotencia nazi-sionista, arrojó sus partidarios a las calles asesinando once civiles, lacerando a otros y echando abajo servicios básicos.
 
Consideramos que Santos desempeña un golpe extendido contra la Revolución Bolivariana, y que a Capriles no se le ocurra pasar por Argentina porque lo afrentaremos.
 
La recepción brindada al badulaque por Santos, considerada por opositores venezolanos como triunfo internacional, muestra la doble moral política e ideológica del gobernante, pues mientras habla de paz nacional, tan bien apoyada por Hugo Chávez, calcina a la región con una actitud de gran acuerdo y admiración a los intereses de Estados Unidos y la oligarquía regional.
 
Las voces que se alzan contra la actitud de Santos. El secretario general del Partido Comunista Colombiano, Jaime Caycedo opina que se enmarca en la ofensiva de la ultraderecha continental para revertir procesos democráticos latinoamericanos y la pretensión de devastar los logros bolivarianos en Venezuela, bastión estratégico del Alba, Unasur, Mercosur y Celac, organizaciones unitarias de América Latina y El Caribe, en su mayoría fundadas por Chávez.
 
El repudio llega también desde otros gobiernos porque el canciller ecuatoriano Ricardo Patiño asegura que jamás recibirá a Capriles Randosky cuyos comentarios y actitudes mancharon de sangre al pueblo venezolano.
 
-No le daríamos jamás la bienvenida a nuestro país-expresó indignado con el encuentro.
 
En una reunión en el Valle del Cauca, Santos se defendió de las acusaciones del presidente Maduro. Son varios los viajes que Capriles Randosky ha hecho a Colombia en los últimos años. Esta es la segunda ocasión en que se reúne con Santos. En septiembre pasado ambos se entrevistaron en Bogotá.
 
El opositor también se ha encontrado con su mentor Uribe aliado incondicional de Estados Unidos. Desde su posición atacó a Chávez y a la Revolución Bolivariana y es reconocido su papel como coordinador de las fuerzas oligárquicas en Suramérica.
 
A nuestro país llegó con intenciones aviesas pero nadie fue a escuchar lo que dijo en un teatro de la calle Corrientes. Casi un centenar de estudiantes colombianos lo vituperaron al entrar y salir de la sala y desde gobierno argentino nadie lo recibió.
 
La presencia de Capriles Radonsky en la Casa presidencial de Bogotá ocurre cuando acaba de celebrarse una cumbre de la Alianza del Pacifico, (presidencia Colombia) con los intereses de Washington detrás, camino del gobierno de Barak Obama para recuperar su “patio trasero” –como denominó John Kerry a América Latina en fecha reciente, unido a la gira del vicepresidente Joe Biden por Colombia, Trinidad- Tobago y Brasil.
 
Mediante la Alianza, -y con la estrategia estadounidense- se fomenta un bloque económico que con otro mote devuelve la vida a la derrotada Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) Con los nuevos acuerdos y tratados, según los planes, se debilitarían las actuales y democráticas alianzas surgidas en América Latina y El Caribe, como Unasur y Celac.
 
Los venezolanos protestan ante la actitud de Santos, lo discurren como una afrenta porque existe el convencimiento de que no mantendrá los acuerdos de Santa Marta con Chávez en el 2010.
 
El actual presidente colombiano conoce sobradamente que Capriles Radonsky personifica la desestabilización que Estados Unidos mantiene contra los gobiernos progresistas. Fue uno de los dirigentes contrarrevolucionarios del golpe de Estado contra Chávez en el 2002, y permitió el ataque contra la Embajada de Cuba, ubicada en el municipio de Barutas, donde era alcalde.
 
El choque fue cuando se definió el primer acuerdo sobre el tema agrario en la Mesa de Diálogo de La Habana, una esperanza del proceso de paz entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias-Ejército del Pueblo. Debemos preguntarnos si realmente el líder de Colombia quiere la paz.
 
Cuba, Venezuela, Chile y Noruega son los garantes de las negociaciones en La Habana. La posibilidad de que Caracas abandone el grupo pondría en peligro el avance logrado durante los últimos meses de conversaciones.
 
El presidente Maduro continúa sus denuncias. En las últimas horas afirmó que “no podemos aceptar que se conspire desde Bogotá. Lamento mucho que el presidente Santos haya violado y dejado de lado el acuerdo de Santa Marta que estableció con el comandante Chávez”, expresó.
 
El jefe del Estado venezolano solicitó al Gobierno colombiano “que rectifique” y advirtió que, por el momento, se mantienen en evaluación todas las relaciones con Colombia.
 
El Batman 2013 venezolano era esperado el martes en Lima por el circulo antichavista “Amigos por Venezuela”, elementos de derecha y prófugos venezolanos que nutren la campaña del Departamento de Estado de EEUU cuestionan la victoria electoral del Presidente Nicolás Maduro.
 
Durante su estadía en Lima el derrotado candidato presidencial y ex promotor del golpe contra Hugo Chávez, se iba a reunir con el controvertido ex presidente Alan García y parlamentarios opositores. Parece haberlo desestimado al fin.
 
¡Cosa Veredes, Sancho!
 
Buenos Aires, 4 de junio del 2013