Si para expresarse un grupo en contra de alguien o de algo, lo hacen en el ámbito propio o propiedad de los individuos o de esa situación contra la cual quieren manifestar y además en medio de una celebración; eso es provocación, invasión o abuso de libertad.
 
Como si se entrara con pancartas contra una persona a su casa el día de su cumpleaños.
 
Nadie dice que no puedan manifestarse, pero es una cuestión de sentido común.
 
No da para acusar después a los demás de violentos si los sacan corriendo. Quien hace eso está buscando las consecuencias, que además perjudican a todos y todas, sin dudas.
 
Así se comportan los de las protectoras de animales irrumpiendo en la rural del Prado en medio del ruedo o en las tribunas protestando contra el “maltrato animal”, entorpeciendo material y moralmente el acontecer usual de la fiesta. Terminando como lo buscaron; caos, golpes, insultos, corridas y policía, aumentando el factor riesgo por la presencia masiva de público.
 
La provocación es por definición una querella, una hostigación y ofensa. Actitud amenazante potencialmente destinada a acarrear similar o mayor respuesta en el mismo sentido agresivo.
 
Una alteración del orden que por su grado de hostilidad produce irritación y más violencia.
 
Toda bravata es una actitud de confrontación directa aún en la inmovilidad. Es un mensaje de colisión, con la lógica y el fanatismo del kamikaze. Desencadenante donde está implícito el fundamentalismo, el arrebato, el choque, que adrede no hace lugar a la razón del razonamiento. La meta no es el intercambio ni el diálogo sino el impacto, e imponer su verdad como única.
 
Son estrategias violentistas de una gran irresponsabilidad, cuyo fin  es sacar de las casillas al objeto de instigación sin medir los resultados.
 
Es lo que en derecho se diría “incitación al delito”. Hay una premeditación cargada de mala intención determinante de inseguridad incluso para espectadores que resultan imprevistamente involucrados allí donde la finalidad es exacerbar los ánimos, literalmente “que se arme lío” pues les reditúa cámaras de televisión y justificación aparente para sus movilizaciones. 
 
Eso quisieron hacer en Yemanjá el 2 de febrero y como Dios es grande y los Orixás también, las autoridades correspondientes les advirtieron a tiempo que serían responsables primarios de cualquier desborde que sus actitudes pendencieras pudieran ocasionar. También son los que ocuparon el zoológico y se llevaron el tucán.
 
Estos métodos de manifestaciones no pacíficos; por más que digan lo contrario; ponen en peligro la seguridad de las personas increíblemente en espacios que siempre se caracterizaron por un clima familiar de festejo popular. Tanto Iemanjá como las domas.
 
Además es incomprensible como para supuestamente cuidar a los animales, comprometen la integridad física y emocional de la población humana, grandes y chicos.
 
Ante estos brotes de violencia organizada, veremos de qué forma los gestores de espectáculos, inspectores y autoridades varias, podrán garantizar la tranquilidad y el disfrute y cómo se erradican tales asonadas que enrarecen el  relacionamiento pacífico y la convivencia de la ciudadanía.
 
Hay quien dice que simplemente son brazos de la ultraderecha poniendo en práctica planes de terrorismo solapado porque no pueden ver al pueblo en paz y menos con un gobierno progresista.
 
El nombre  “Acción y Reacción” me recuerda a la España franquista.
 
Esvásticas no se vieron…por ahora.