Cumplido el ritual político de los 100 días de gobierno de Enrique Peña, no sobra preguntar: ¿Y por qué no festejar también los 200, los 500 y los mil días del mexiquense en Los Pinos? País de rituales consagrados en el altar de la clase que se dice del mismo género, no hubo novedad alguna que, al parecer, quedó reservada para la próxima semana, como es el anuncio de la reforma en telecomunicaciones, y por ahora reeditan la telenovela de la pareja feliz, producida en los estudios de Televisa hace tiempo.
 
Mas a quien no se le observa feliz es al jefe de Gobierno del Distrito Federal hasta diciembre de 2012, pues no sólo presiona con extraña falta de tacto para que su otrora jefe institucional y político, Andrés Manuel López Obrador, acepte desde hoy que él es el bueno, el mejor candidato de las izquierdas para julio de 2018.
 
A los mexicanos atentos al quehacer público les atribuyen falta de memoria, pero ni la extraordinaria movilización de julio-diciembre de 2006, e incluso hasta años después, está tan lejana como para no registrar la destacada participación de Ebrard en apoyo al tabasqueño de Macuspana e incluso llegó a regatearle el saludo y la foto durante un lustro a Felipe Calderón.
 
Oportuno es el testimonio del gobernador Jorge Herrera Caldera sobre Felipe del Sagrado Corazón de Jesús, recogido por la colega Teresa Gurza: “No hablaba con nosotros; en las juntas se dedicaba a su BlackBerry sin hacernos caso… sólo perdíamos tiempo… hasta con los suyos era déspota y un día casi me da un chingadazo, porque le dije que él nada había tenido que ver en la construcción de la supercarretera Mazatlán-Durango; vivía encabronado…” (Forum en Línea 262).
 
Ocho meses después de la elección presidencial –candidatura que perdió Ebrard ante Obrador “por 4 por ciento y pudimos haber dicho que era empate, pero destruyes todo al final del día”, como repite una y otra vez el primero para dar cátedra de disciplinado y unitario–, les cuenta a estudiantes del ITAM:
 
“Aquí el problema es la obcecación. Es ese día que te despiertas, vas al espejo y en vez de decir: ‘Híjole, cómo envejezco’, dices: ‘Solo yo voy a salvar a México’. ¡No, por favor!” Pero enseguida matiza: “Vamos a ver, y si lo hace muy bien, ¿Por qué no?”
 
AMLO no repara en matices y responde “a los que no me ven con buenos ojos” que “se vayan haciendo a la idea de que no me voy a jubilar, como ellos quieren”. Se ganó la respuesta Ebrard –secretario de Seguridad Pública capitalino, depuesto por Vicente Fox para indiciarlo, pero rescatado por López como secretario de Desarrollo Social del GDF–, ya que ante la pregunta: “¿Cómo le harán en 2018 para que Andrés acepte otro candidato?”, respondió “¡Híjole, esta sí está difícil, mano. A ver cómo le hacemos!”
 
A ver cómo le hace Casaubón, el alumno más distinguido de Víctor Manuel Camacho –operadores ambos del encumbramiento de Elba Esther Gordillo en el SNTE, en 1989–, pues en forma simultánea exhibe ansias por presidir al de la Revolución Democrática, formula una crítica a Jesús Zambrano por no hacer de su partido “un contrapeso real del gobierno” de Peña, con el riesgo de que el Movimiento Regeneración Nacional siga capitalizando esta circunstancia, además de excederse al tratar a Miguel Ángel Mancera como si aún fuera uno de los suyos: “Pues si lo va a hacer muy bien este cuate… y puede ser nuestro candidato, ¡pues lo apoyamos!”
 
El titular del GDF respondió lo previsible, mas la desmesura y ansia juvenil de Marcelo Ebrard le impidieron calcularlo: “Él ahora no es el jefe de Gobierno; yo soy el jefe de Gobierno y tengo que estar concentrado en mi trabajo diario”. ¿Así o más claro?
 
Utopía 1227