Don Federico Barrera Fuentes, el respetado por antonomasia periodista, además de pródigo amigo, desde siempre, su generación y las que le siguieron lo trataron  como “El Decano”.
 
Bien a bien, no sabemos si por cuestión de tiempo era el tratamiento, lo que si sabemos con certeza es que su sabiduría entregada al periodismo, de siempre lo colocó en ese sitial que en las universidades se le llama el “maestro emérito”, sin dejar de reconocer que otras escuelas de educación superior usan también el apelativo del decanato.
 
Abordamos este tema, porque en verdad Don Federico Barrera Fuentes es un tema obligado en el periodismo y en particular en la crónica parlamentaria, donde supo, con su talento, plasmar en sus notas el quehacer legislativo con todos sus vericuetos que el cubrir esa fuente impone, ya que el colegiado está compuesto por los diferentes pensamientos y posiciones, no sólo de las fracciones parlamentarias, sino también por la personalidades que lo integran.
 
“Don Fede”, como le decíamos sus amigos, hizo de la ironía toda una escuela, como lo recordó el presidente de la Junta Directiva de la Cámara de Diputados, Francisco Agustín Arroyo Vieyra, sin embargo nunca traspuso el límite de lo que significa el respeto al ser humano, por la condición misma de serlo.
 
Conocimos a Don Federico en su querido Club Primera Plana, donde tuvimos oportunidad de saborear las exquisiteces de su sabia charla que engrandecía de acuerdo a la memoria prodigiosa que mantuvo hasta el último suspiro de su existencia.
 
Nos preciamos de que ese gran hombre nos considerara “su mejor amigo” en los últimos años de su vida, dolorosos por cierto, porque tuvo que perder una pierna para sobrevivir varios meses más y también porque algunos medios le negaron la publicación de sus extraordinarias colaboraciones.
 
Eso no arredró a Don Federico y tampoco lo convirtió en una persona decepcionada, por el contrario, nunca perdió su prestancia y su buen humor, por lo que guardamos en la memoria anécdotas de las que fuimos testigos, que hablaban de su plenitud en plena senectud.
 
A propuesta de la Coordinación de Comunicación Social de la Cámara de Diputados, a la Sala de Prensa, donde tantos años pasó, le fue impuesto el nombre de don “Federico Barrera Fuentes”. Posteriormente, por iniciativa del entonces presidente del Club Primera Plana, Raúl Gómez Espinoza, se colocó su busto, uno más en la organización gremial y otro en la Casa Coahuila del Distrito Federal, ya que era originario de ese estado.
 
Desgraciadamente la incuria, como lo calificó la directora del a revista Siempre, Beatriz Pagés Rebollar, algunos pasajeros del poder en la Cámara baja, hicieron borrar el nombre de Don Federico y mandaron su busto a la bodega de los objetos inservibles. En efecto, cometieron un verdadero atentado a la cultura y a la conciencia cívica del país.
 
No tanto por el aniversario luctuoso -28 de febrero de 2004-, sino porque el próximo 23 de abril se cumple el primer centenario de su natalicio, la Dirección de Comunicación Social, ahora a cargo del buen amigo, Oscar Manuel Argüelles, reivindicó el homenaje a Don Fede, al colocar nuevamente la placa y el busto que da el nombre y presencia a los cronistas parlamentarios de ayer, de hoy y de siempre, porque don Federico seguirá siendo un maná de enseñanzas para todos los periodistas y precisemos, además de los cronistas parlamentarios.
 
– Teodoro Rentería Arróyave es periodista y escritor mexicano. www.felap.info, www.ciap-felap.org, www.fapermex.mx, y www.clubprimeraplana.com.mx