Durante el 2020, la pandemia del COVID 19 ha provocado cambios fundamentales en la dinámica de la política internacional y la economía global, así como en el comportamiento de los principales actores estatales y no estatales. Así, por ejemplo, la temática de las relaciones internacionales ha incorporado las causas de la aparición de la pandemia, su evolución en el tiempo alrededor del globo, y por supuesto su cura (las vacunas), en el desenvolvimiento de las tensiones de la política internacional, el enfrentamiento entre poderes mundiales y los dilemas estratégicos y comerciales sobrevinientes.

 

No obstante, no debemos descuidar el impacto del deporte en la política internacional y viceversa. Así ha ocurrido con la suspensión de las Olimpiadas de Tokio y el otorgamiento de la sede del Mundial de Fútbol a Qatar. Estamos lejos ya de las reglas que guiaron la acción de Pierre de Coubertain, fundador del movimiento olímpico moderno. La aparición del profesionalismo, los crecientes intereses comerciales especialmente relacionados a los derechos de trasmisión, la influencia progresiva de la política cotidiana y más recientemente, la aparición de dopaje y el uso de este problema para descalificar a otros, son elementos que han influido sobre el deporte mundial.

 

Hechos fundamentales que van desde los Juegos Olímpicos en cualquiera de sus versiones, los Campeonatos Mundiales de deportes como el fútbol o el atletismo, incluidas las carreras de Fórmula Uno, la propia NBA y el box en cualquiera de sus categorías, sufren de las consecuencias de esta influencia perniciosa. Veamos uno solo de estos elementos, el problema del dopaje utilizado por deportistas que intencionalmente buscan métodos prohibidos para mejorar su rendimiento. Con tal motivo, desde 1928 la Federación Internacional de Atletismo por primera vez prohibió el uso de sustancias, pero el problema se expandió a nivel mundial en la década de los años 70. La experiencia de los últimos años ha mostrado casos emblemáticos que van desde Diego Armando Maradona (fútbol), el canadiense Ben Johnson (atletismo), Lance Armstrong (ciclismo)

 

En la actualidad, existe toda una arquitectura institucional a cargo de este problema: la WADA (2003), denominada Agencia Mundial Antidopaje y el Código Mundial Antidopaje (2015), así como la Convención Internacional contra el Dopaje elaborada por la UNESCO.

 

Sin embargo, deben rechazarse intentos burdos de uso intencionado por parte de ciertos países, mediante el ataque premeditado y acusaciones sin fundamento contra terceros países, como el que ha utilizado el Gobierno de Trump con la Federación Rusa, que pueden ser calificados como un verdadero instrumento de sanción geopolítica, haciendo uso de mecanismos estrictamente deportivos.

 

 

Ricardo Soberón

Analista internacional

 

 

 

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