Suecia es un país altamente desarrollado que se distingue en la comunidad internacional por la calidad de vida de la población, la existencia de un estado del bienestar financiado a través de una considerable carga tributaria, y una política exterior de neutralidad que le ha permitido maniobrar en las relaciones internacionales con singular destreza. Ello no exenta a sus autoridades de cometer pifias y errores, como ha sido el caso de la estrategia emprendida frente al SARSCoV2, agente causal del COVID-19. El gobierno sueco pensó que el aislamiento al que normalmente está expuesta la población, incluyendo a los ancianos, era una barrera natural contra la enfermedad. También vislumbró que la progresión de los contagios permitiría que las personas generaran anticuerpos y produjera la tan citada inmunidad de rebaño. Desafortunadamente no fue así, y al no aplicar medidas decisivas, el territorio escandinavo se convirtió en el país más golpeado en la región, por la pandemia.

Suecia tiene una población de 10 348 730 habitantes.[1] Con un producto interno bruto (PIB) de 563 882 billones de dólares, es la 39ª economía a nivel mundial y posee un ingreso per cápita de 54 628 dólares -medido en términos del poder adquisitivo. Suecia ocupa la 8ª posición en los índices de desarrollo humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) con un desarrollo muy alto. Figura en el 8° lugar -en un listado de 141 países- en el índice de competitividad global del Foro Económico Mundial correspondiente a 2020.[2] En el índice de libertad económica de la Fundación Heritage, Suecia se encuentra en la 22ª posición.[3] En el índice de percepción de corrupción de Transparency International, Suecia se ubicó en el 4° lugar entre 198 países en 2019.[4] En el índice de paz global de 2020, el país nórdico está en el 15° lugar en un listado de 163 países.[5]

 

Como se explicaba Suecia tiene una población de 10 348 730 habitantes, en un territorio de 450 295 kilómetros cuadrados. La densidad demográfica es de 23 habitantes por kilómetro cuadrado. A mediados del siglo pasado, Suecia era un país étnicamente muy homogéneo. Sin embargo, la inmigración ha contribuido a modificar el perfil demográfico, de manera que una cuarta parte de sus habitantes son inmigrantes o nacidos en otros países.

 

Contrario a lo que se piensa, el sistema de seguridad social de Suecia, está más orientado a posibilitar que las mujeres, si tienen hijos, permanezcan en el mercado laboral, promoviendo igualmente la equidad de género. El país premia a los padres de los bebés con generosas licencias por maternidad y paternidad. Aun así, en 2018, la tasa de fertilidad promedio fue de 1. 76 hijos por mujer y entre los suecos de 1. 67.[6] Lejos está, todavía de la tasa de reemplazo demográfico del 2. 1 por ciento.

Así, la pirámide demográfica es estrecha en la base. Alrededor del 20 por ciento de la población tiene 65 o más años. Esta cifra se incrementará al 23 por ciento hacia 2040. La esperanza de vida en Suecia es una de las más altas a nivel mundial. Como se observa en el gráfico 3, la esperanza de vida promedio era de 82. 55 años en 2018, 81 para los hombres y 84 para las mujeres. El 5. 2 por ciento de la población tiene 80 o más años. El énfasis puesto por parte de las autoridades en el bienestar de ese grupo de edad ha llevado a que sus necesidades de cuidados especiales se hayan reducido desde la década de los 80 del siglo pasado.[7]

 

 
Las principales causas de muerte corresponden a las enfermedades cardiovasculares, responsables del 34 por ciento de las defunciones en 2017, en tanto los tumores malignos causaron el 26 por ciento de los decesos en ese año. El cáncer pulmonar es un grave problema de salud púbica especialmente en mujeres, habiendo aumentado en un 90 por ciento entre 1987 y 2017. El alcoholismo es un factor de riesgo y causa unas 2 mil defunciones al año. Si bien en los grupos de edad de 25 a 44 y de 45 a 64 años se han reducido marcadamente las muertes por esa causa[8] las personas mayores de 75 años -de ellas el 27 por ciento de los hombres y el 10 por ciento de las mujeres- beben alcohol en cantidades considerables, lo que las expone a accidentes y diversos problemas de salud, debido a que, con la vejez, el alcohol no se metaboliza de la misma manera que en las personas más jóvenes.[9]

 

La tasa de mortalidad infantil en Suecia es de 2. 2 por cada 1 000 nacidos vivos. La mortalidad infantil ha declinado de manera sostenida desde 1960, como se puede observar en el gráfico 4 y actualmente el país escandinavo tiene de las tasas de mortalidad infantil más bajas del mundo, característica que comparte con sus vecinos Islandia, Noruega y Finlandia.[10]
 

En el norte del país residen los lapones o sami, la única comunidad indígena en el norte de Europa y Escandinavia. Se encuentran repartidos en Suecia, Noruega, Finlandia y Rusia. Son unas 100 mil personas, la mitad de las cuales vive en Noruega. Gozan de protección jurídica y cuentan con parlamentos en los tres países nórdicos -no así en Rusia donde se ha buscado asimilarlos. Las actividades económicas que desarrollan son primarias: caza, pesca, pastoreo. Crían renos y también buscan promover el turismo. Asimismo, difunden su arte y han tenido un destacado activismo político, el cual les ha permitido superar la pobreza y posicionarse de mejor manera en la política nacional. Circulan en los territorios de los países en que residen sin atender a las fronteras políticas, cosa que no en pocas ocasiones les ha generado problemas con los gobiernos centrales. Tienen infraestructura como la que normalmente se tiene en zonas urbanas, incluyendo telefonía móvil, vías de comunicación, automóviles y otros insumos, pero enfrentan el desafío del calentamiento global.[11] En términos de calidad de vida esta es casi igual que el del resto de la población de los países nórdicos.[12]

En Suecia existe una cultura y un culto al individualismo. La sueca no es una sociedad gregaria. Es común en el país escandinavo que los jóvenes entre 18 y 19 años decidan irse de la casa de los padres y vivir solos -es la edad más temprana respecto a la media que impera en la Unión Europea, que es de 26 años. En Suecia, más de la mitad de los hogares son habitados por una persona. Vivir solos hace que los jóvenes tengan muchas presiones y poca madurez para enfrentar los desafíos, problemas y responsabilidades que ello entraña. Así, en la década pasada los tratamientos para enfermedades psiquiátricas para jóvenes entre 16 y 24 años se dispararon en un 70 por ciento.[13] De ahí las tasas de suicidios que imperan en el país. La tasa de suicidios es de 15. 4 muertes por cada 100 mil habitantes, que supera a la media que impera en la Europa comunitaria -que es de14. 1 por ciento.[14] Para algunos Suecia ha sido un experimento de reingeniería social, que ha fomentado nuevas estructuras sociales basadas en el aislamiento, pero que, al mismo tiempo, ha tornado a las personas profundamente dependientes del Estado.[15]