La “ley Trole 4” y el sistema monetario ecuatoriano: ¿proteger la dolarización, blindar los activos de los bancos privados o transformar el Banco Central en el poder económico supremo para institucionalizar una contrarrevolución deflacionaria?

 

Algunas reflexiones sobre las modificaciones del sistema monetario contenido en el proyecto de Ley entregada a la Asamblea Nacional [1]

 

El proyecto de ley enviado el 18 de octubre a la Asamblea Nacional, bautizado por sus opositores como “Trole 4“(su nombre oficial es “LEY ORGÁNICA PARA LA TRANSPARENCIA FISCAL, OPTIMIZACIÓN DEL GASTO TRIBUTARIO, FOMENTO A LA CREACIÓN DE EMPLEO, AFIANZAMIENTO DE LOS SISTEMAS MONETARIO Y FINANCIERO, Y MANEJO RESPONSABLE DE LAS FINANZAS PÚBLICAS“) alteraría veinte y dos cuerpos legales, en algunos casos profundamente. Está claro que la Asamblea difícilmente puede examinar las implicaciones de los cambios propuestos con seriedad en sólo un mes (debido a su remisión por el ejecutivo con el carácter de “urgente“). El mismo Ministerio de Economía y Finanzas tuvo que admitir en su dictamen del proyecto de ley que no fue capaz de evaluar su impacto fiscal[2].

 

La ley propuesta afectaría profundamente el orden institucional del sistema monetario y financiero, a través de las modificaciones que plantea al Código Orgánico Monetario y Financiero COMF). De hecho, el proyecto de ley codifica las exigencias del FMI en cuanto a las reformas institucionales para “respaldar el régimen de la dolarización” (supporting the dollarization regime ) y contiene los elementos reiterados en los documentos del FMI con relación al sistema monetario ecuatoriano: Independencia del Banco Central del Ecuador, prohibición de financiamiento del sector público por el banco central, orientación de la política monetaria al objetivo principal de “estabilidad del sistema financiero”.

 

Sin embargo, existen varias interrogantes al respecto: ¿Cuáles son las consecuencias para el sistema monetario y financiero ecuatoriano de la propuesta de ley? ¿Es cierto que las modificaciones contenidas en el proyecto de ley van a fortalecer la dolarización? ¿Quiénes son los beneficiarios, y quienes los perdedores en la transformación del “régimen de dolarización” planteado?

 

Para poder responder estas preguntas, es quizás útil discutir brevemente la “anatomía” del sistema monetario en general, de la dolarización en particular, y analizar como los cambios previstos van a modificar la estructura y el funcionamiento del mismo. Solo con una visión global del sistema monetario podemos apreciar el sentido de las modificaciones propuestas y ver lo que está detrás del supuesto objetivo de “blindar la dolarización”. También podemos constatar que, detrás de los tecnicismos y presuposiciones de “mejores prácticas internacionales” con las que se escuda el gobierno y el FMI para no tener que explicar sus objetivos, existe una realidad cuya comprensión está al alcance de todas y todos.

 

Veamos entonces brevemente la “anatomía” del sistema monetario moderno. Sea en cuanto “medida de valor” (lo que permite “expresar el valor” de los productos, diciendo, por ejemplo, “esta camisa vale tanto”) como en cuanto medio de pago (lo que permite saldar deudas, y por ende también adquirir mercancías), el dinero es, en las sociedades capitalistas modernas, rara vez un “objeto cuyo valor nominal deriva de su sustancia material”. Al rededor del globo, se suele pagar con “papeles” impresos, o mediante la orden de transferir una parte de un saldo positivo de alguna cuenta bancaria a otra cuenta, lo que es, en sí, nada más que una operación contable. Y este dinero “sin valor propio” nos sirve también para medir el valor de las mercancías. Esta desvinculación del dinero (en cuanto “objeto dinerario”) de la materialidad, de una “sustancia de valor”, como la tenían las monedas de oro o de plata, en vez de ser un invento reciente nos muestra la estrecha vinculación entre dinero y (reconocimiento de) deuda que existe desde hace miles de año[3], por lo menos en cuando al dinero que ocupa su rol en el seno de una sociedad. El dinero que sale de su “circulación interna” y funge como “dinero mundial”[4] tuvo mucho mayor dificultad de emanciparse de su materialidad de valor, y lo alcanza en consecuencia mucho más tardíamente (¿y acaso solo de forma provisoria?).

 

¿Qué son este billete y este registro contable que juegan el papel de dinero en nuestra sociedad? Ambos son reconocimientos de deuda, en el caso del billete (actualmente) de un banco central, en el caso del registro contable de un banco u otra entidad de depósito. Si bien en nuestra experiencia el billete parece más “dinero” que el saldo en una cuenta bancaria, desde el punto de vista lógico, el billete no es más que un certificado del banco que reconoce la existencia y la libre (y anónima) transferibilidad de un depósito existente[5], la forma “tocable” del depósito bancario. Podemos por consiguiente concentrarnos en el análisis del dinero moderno en el depósito bancario.

 

El reconocimiento de deuda de un banco puede funcionar como “dinero” en la medida en que los depositantes mantienen la confianza en que el banco sea capaz (y tenga la voluntad) de cumplir su promesa de transformar el depósito en paridad (1:1) a pedido de su dueño en “dinero propiamente dicho”, billetes y monedas (aunque para nosotros estos billetes son solo el reconocimiento de deuda de otro tipo de banco, al nivel de los bancos privados y de los sujetos económicos comunes, estas deudas del banco central son “más dinero” que un depósito de los bancos privados). Esta aceptabilidad o “liquidez” de los depósitos bancarios se fortalecen por el hecho que los bancos están conectados entre sí por medio del banco central, lo que permite la “transferencia” de los depósitos a clientes de otros bancos con el fin de efectuar pagos. La capacidad del banco para efectuar estas transferencias o entregar billetes a pedido, y por ende la “naturaleza monetaria” (moneyness) de sus pasivos depende por su parte de la liquidez de los activos del banco, y es, por ende, siempre condicional.

 

Comúnmente, los bancos son catalogados como “intermediarios” que “captan depósitos” para otorgar créditos a otros clientes. La idea subyacente es que existen agentes que “ahorran” (tienen mayores ingresos que egresos) y que pueden poner estos “fondos prestables” a disposición de agentes deficitarios, empresas que quieren efectuar inversiones, o consumidores impacientes. Lo que este modelo de “los fondos prestables” no explica es el origen de este dinero disponible para ser prestado. Deberíamos analizar, por consiguiente, de donde proviene en primer lugar el dinero en el sistema[6] antes de poder analizar como los ahorros monetarios son transferidos entre agentes.

 

Si es cierto que, como hemos dicho arriba, el dinero en la economía capitalista moderna es un “reconocimiento de deuda” por parte de un banco, ¿cómo se produce este reconocimiento? La manera básica en que este reconocimiento de deuda (depósito bancario) llega constituirse es mediante un “trueque” contra el reconocimiento de deuda de un cliente. Lo que conocemos como “préstamo” simplemente es el acto de un intercambio de deuda entre el banco y un cliente. El resultado de este trueque de activos-pasivos (asset-liability swap) consiste en que el cliente obtiene, a cambio de reconocer una deuda para con el banco en cuestión, acceso a un depósito, el reconocimiento de parte del banco de una deuda. El sentido de este trueque consiste, para el cliente, en acceder a un tipo de deuda que funge como dinero, y puede ser utilizado para efectuar pagos (p.ej. permitir a una empresa pagar a sus trabajadores). El objetivo del banco es, por su parte, ganar a partir de la diferencia en la remuneración de ambas deudas (spread). En las hojas de balance de las dos entidades involucradas, el resultado de la transacción se presenta así:

 

Gráfico 1: Creación monetaria mediante préstamo bancario.

 

El depósito creado es a la vez un activo (para el cliente A) y un pasivo (para el banco B) (los activos se encuentran del lado izquierdo de la hoja de balance en forma de T, los pasivos de lado derecho), la deuda que dio lugar al depósito es a la vez un pasivo (para el cliente A) y un activo (para el Banco B). Por esta razón es conveniente corregir nuestra primera descripción del dinero como un reconocimiento de deuda (un pasivo) por parte de un banco y describirlo como un “activo-pasivo” (asset- liability) para poner mayor énfasis en la unidad indisociable de activo y pasivo (el depósito es a la vez un activo y un pasivo, y el proceso que creó al depósito dio lugar, para ambos participantes, tanto a un activo como a un pasivo)[7].

 

Antes de poder “captar” depósitos y actuar como “intermediarios financieros” los bancos tienen que crear depósitos por medio de préstamos efectuados. En colaboración con el agente que solicita el préstamo, el banco “emite” dinero, lo “crea de la nada”. Las consecuencias económicas de esta “emisión monetaria” depende de varios factores, de la cuál quizás la más importante es si esta creación está asociado a la producción de objetos para satisfacer necesidades de la sociedad (financiamiento de la producción socialmente necesaria) o si se trata de una “emisión vacía[8]” en la que el poder adquisitivo creado no tiene como contraparte un producto social correspondiente.

 

Así como se forman los depósitos en los bancos, también se forman aquellos en el banco central. A diferencia de los bancos que cuenta como clientes a personas naturales y empresas, el banco central tiene un limitado número de clientes: bancos privados, otras entidades financieras, el gobierno central, gobiernos locales etc. (hay diferencias entre quienes pueden relacionarse con el banco central entre los países). Un depósito en un banco central se forma de la misma manera en que se forma uno dentro de un banco privado: mediante el trueque de activo-pasivo: Un banco privado le pide prestado (o le vende un título de deuda) al banco central, y éste le acredita el correspondiente valor en el depósito del banco en cuestión (reservas, encaje) como lo muestra el siguiente cuadro:

 

Gráfico 2: Creación de depósito en el banco central (creación base monetaria).

 

El resultado de estas relaciones de “activo-pasivo” entre agentes económicos no-bancarios, bancos privados y banco central es un sistema monetario jerárquico que tiene como “piedra angular” al banco central, ya que éste integra en un sistema a los bancos privados, que a su vez integran a los demás agentes. Alternativamente, podemos hablar de un sistema “piramidal” de dos capas, con el banco central en la parte superior y los bancos privados en la parte inferior. Los demás agentes (inclusive las diferentes entidades del sector público) se sitúan debajo de la pirámide[9]. El banco central juega varios papeles claves en el sistema: Los depósitos en el banco central que tienen los bancos en sus libros como activos (encajes, reservas) son el medio a través de cuál ellos pueden saldar compromisos recíprocos resultantes de transferencias que en un tiempo determinado no se cancelan mutuamente[10]. En este sentido, el banco central participa en la construcción de un sistema nacional de pagos y contribuye a la existencia de una “infraestructura monetaria” indispensable para el funcionamiento de la economía capitalista moderna.

 

Por otro lado, los pasivos del banco central (billetes, depósitos de los bancos en el BC) conforman lo que suele llamarse “dinero de alto poder” (high powered money) o “base monetaria”, un “tipo de dinero” que se sitúa a un nivel más elevado en la estructura jerárquica. Así, en un sistema monetario con moneda propia, el banco central puede salvar a los bancos privados en cuanto “prestamista de última instancia” en caso de que demasiados clientes comenzarían a dudar que las promesas de los bancos “valen tanto como el dinero propiamente dicho” y solicitarían en masa la transformación de sus depósitos en efectivo. El siguiente cuadro muestra como un préstamo del banco central a un banco le permite acceder al efectivo para entregar a sus clientes cuando éstos desean retirar sus depósitos.

 

Gráfico 3: Préstamo del banco central para hacer frente a demanda de billetes.

 

Este lugar central ocupado por el banco central en el sistema monetario le otorga un papel importante. Al modificar el volumen de “dinero de alto poder” (prestando a bancos, comprando activos financieros específicos – o hacer las operaciones opuestas para achicar su hoja de balance) puede influenciar profundamente las condiciones existentes en el sistema monetario y financiero: influenciar las tasas de interés, sostener el precio de ciertos activos, prevenir un pánico bancario, y, sobre todo, influenciar el comportamiento de los bancos que se encuentran en la capa inferior de la pirámide. La estructura del sistema monetario puede entonces representarse como sigue:

 

Gráfico 4: Pirámide de pasivos en sistema monetario con moneda propia.

 

En la parte superior se encuentra el banco central. Sus pasivos son los depósitos (reservas, encajes) de los bancos privados, del sector público, eventualmente de otras entidades específicas, así como los billetes emitidos (en algunos países también la moneda fraccionaria). Los activos del banco central son su oro, las reservas internacionales, así como todos los préstamos otorgados y activos financieros adquiridos que dieron lugar al grueso de sus pasivos. La amplitud de sus pasivos está representada por la “anchura” de la base del primer segmento de la pirámide. El ancho del techo de la pirámide representa los activos del banco central que son pasivos externos, como las reservas internacionales, o activos que no son pasivos, como el oro. La diferencia entre los pasivos del banco central y los activos “externos” son los activos “internos” del banco central (representada por la línea punteada): los préstamos a agentes nacionales, sean ellos bancos o el sector público, u otros activos financieros internos adquiridos por el banco central.

 

Recordando la descripción del dinero como “activo-pasivo” podemos ver entonces que el dinero emitido por el banco central tiene como contraparte activos externos e internos. El banco central “multiplica” por consiguiente los activos externos (que por si solos no alcanzarían para las necesidades monetarias de la reproducción económica) creando dinero (de alto poder) mediante el trueque de activos-pasivos con un grupo limitado de entidades de la economía nacional, creando una parte de la liquidez necesaria. La pendiente del primer segmento de la pirámide representa la “ampliación” de la hoja de balance del banco central en este proceso de “monetización” de activos no monetarios (mientras menor la pendiente, mayor la ampliación)[11].

 

La punta algo chata de la pirámide representa, en cierto sentido, también su “interfaz” con el sistema monetario global. Como veremos más adelante, la amplitud de esta interfaz en sí no es garante de la solidez de un sistema monetario.

 

El segundo segmento de la pirámide está constituido por los bancos privados y otras entidades del sistema financiero (por la importancia de los bancos y para simplificar la exposición nos referimos aquí exclusivamente a ellos). Los pasivos de ellos, ante todo los más líquidos (depósitos a vista) son dinero para el público que los detiene (los pasivos menos líquidos, depósitos a plazo etc. suelen ser llamado “cuasi-dinero”, el grado de liquidez, y por ende su “monetariedad” (o el grado de su carácter monetario) es menor que él de los depósitos de disponibilidad inmediata; según el propósito pueden ser considerados como dinero o no, nosotros haremos aquí abstracción de la diferencia). El dinero en manos de los agentes económicos no-bancarios consiste por tanto en billetes (y monedas), depósitos de determinadas instituciones no bancarias en el banco central, y los depósitos del público en los bancos privados.

 

La forma de la “pirámide de pasivos” nos permite entonces visualizar la estructura o anatomía del sistema monetario nacional. Podemos ver que éste es el resultado de un accionar conjunto de banco central y de los bancos privados; accionar que consiste fundamentalmente en el “trueque de pasivos” que efectúan las instituciones de ambos segmentos con sus respectivos clientes y que da lugar a la emisión monetaria (de la base monetaria para el banco central, de los depósitos bancarios en el caso de los demás bancos[12]). Podemos ver entonces que una determinada cantidad de dinero (“masa monetaria”) puede ser “fabricada” de diferentes maneras: a partir de una punta ancha o punta aguda de la pirámide (muchas o pocas Reservas Internacionales) y con diversas combinaciones de pendientes del segmento “banco central” y del segmento “otros bancos” de la pirámide. La pendiente de los lados nos indica la expansión de la hoja de balance del segmento en cuestión que es expresión de su respectiva contribución a la creación monetaria. Mientras más inclinada la pendiente, menor es la “creación monetaria”, y mientras menor, mayor su contribución en la creación monetaria.

 

Gráfico 5: Diferentes “anatomías” de la pirámide de pasivos (se hace abstracción de los billetes y otros pasivos del banco central con el público).

 

Estas pendientes tienen un significado económico directo: mientras mayor la proporción entre pasivos monetarios (línea inferior del segmento en cuestión) y activos monetarios (línea superior del segmento) mayor es el potencial de ganancia a partir de la emisión monetaria (señoreaje[13]). El señoreaje en los sistemas monetarios modernos justamente se basa en la diferencia en la tasa de retorno entre activos y pasivos de una entidad bancaria, diferencia que motivó el banco privado en primer lugar a efectuar este “trueque de pasivos” con sus clientes al otorgarle un préstamo.

 

Los activos no monetarios del banco (para simplificar: los préstamos otorgados) son remunerados a tasas mucho más elevadas que sus pasivos monetarios (los depósitos), diferencia que suele denominarse spread bancario, como mencionamos más arriba. Si para simplificar presuponemos que la remuneración de los activos y pasivos monetarios son iguales, el potencial de ganancia del señoreaje de una entidad bancaria se basa en la amplitud del spread multiplicado por el volumen activos no monetarios que detiene la entidad. Podemos ver inmediatamente como la expansión (o ampliación) de la hoja de balance (que aparece como una menor pendiente de los lados del segmento de la pirámide en cuestión) contribuye a aumentar los ingresos de señoreaje[14].

 

Esta breve revisión de la anatomía del sistema monetario y la fuente del señoreaje nos sugiere también que la “emisión monetaria” de los bancos no necesariamente va a corresponder a las necesidades de liquidez de la sociedad, sea en cuanto al volumen de masa monetaria, sea al tipo de actividad económica cuyo financiamiento da lugar a la expansión monetaria[15].

 

Ahora que tenemos una visión general de los sistemas monetarios nacionales y su estructura fundamental, podemos pasar a discutir la transformación que implicaría la propuesta de ley para el sistema monetario ecuatoriano. En un primero momento deberíamos intentar analizar en qué medida la estructura “tradicional” del sistema monetario, común a los países que disponen de una moneda propia, se modifica con el abandono de la misma y la adopción de una moneda ajena (el US-Dólar, en nuestro caso), tanto como “medida de valor” como medio de pago[16]. Esto significa que nuestra pirámide monetaria está articulada al sistema monetario dominante del dólar de forma mucho más inflexible que en caso de moneda propia (la tasa de cambio se mantiene fijo en 1:1, no hay ni devaluación ni revaluación posible) y que una parte del dinero que circula dentro de la economía nacional es un activo para el espacio monetario en su conjunto y no, como en caso de moneda propia, un activo-pasivo (p.ej. mientras que el billete de sucre era un pasivo para el Banco Central del Ecuador y un activo para la persona que lo detenía, el billete de dólar es un pasivo para la Reserva Federal norteamericana, un activo para la persona que lo detiene y por ende “un activo neto” para la economía ecuatoriana en su conjunto)[17].

 

En los términos más genéricos, nuestra pirámide de pasivos se transforma de la siguiente manera: Encima del segmento que representa al Banco Central del Ecuador (que tenía una punta chata representando sus Reservas Internacionales) hay un segmento adicional, la Reserva Federal de los Estados Unidos. Los billetes ya no son pasivos del banco central nacional sino de la Reserva Federal, y por ende son activos para la economía en su conjunto. La relación entre banco central y bancos no necesita modificarse radicalmente en su “anatomía” (tanto el banco central como los demás bancos pueden participar en la “emisión monetaria”, los lados de los segmentos de la pirámide no tienen que ser perpendiculares, aunque el conjunto de instrumentos monetarios a disposición del banco central – y por ende el funcionamiento real del sistema – si va a ser reducido).

 

Gráfico 6: Pirámide “genérica” de sistema monetario dolarizado.

 

Como nos muestra la pirámide de pasivos, dolarización no significa que exclusivamente circulan “dólares auténticos” (fabricados por la Reserva Federal) en la economía dolarizada, ni que cada dólar nacional (un depósito en el sistema bancario nacional) tiene que ser respaldado en su totalidad por “dólares auténticos”, en la forma de Reservas Internacionales (pertenecientes al banco central, o a los bancos)[1], sino simplemente que el dinero emitido por el sistema bancario nacional sea denominado en dólares y convertible sin condiciones al “dólar auténtico”, a la tasa de 1:1.

 

El volumen de la masa monetaria y su composición (billetes y depósitos), los diferentes grados en que la masa monetaria circulante sea “respaldada” por Reservas Internacionales, la variedad en la contribución del banco central y de los bancos en la emisión monetaria doméstica y las diferentes composiciones de las hojas de balance de estos bancos dan lugar a diferentes configuraciones del sistema monetario dolarizado que se caracterizan, posiblemente, por distribuir costos y beneficios de manera diferente y estar en determinada relación con el proceso de reproducción del capital en un sentido más general (de mayor o menor coherencia con la estructura económica existente, apoyando o impidiendo el funcionamiento de los procesos macroeconómicos, etc.) No se puede, por consiguiente, pretender que existe una sola forma “técnicamente correcta” para organizar la dolarización.

 

 ¿De qué manera modificarían los cambios al Código Orgánico Monetario y Financiero (COMF) la estructura del sistema monetario ecuatoriano, si es que llegaría a aceptarse el proyecto de ley “Trole 4”? ¿Quiénes serían los beneficiarios de esta transformación, quienes los perdedores, y qué impacto tendría sobre el funcionamiento del sistema económico ecuatoriano en general? Por supuesto, es imposible analizar aquí el conjunto de las aproximadamente doscientas modificaciones al COMF que la “Trole 4” contiene. De hecho, ni los asambleístas más duchos en la materia pueden evaluar con seriedad las implicaciones de semejante cantidad de cambios en un mes, señal adicional que se trata de un proceso profundamente antidemocrático donde un proyecto negociado y acordado con anterioridad es presentado a la Asamblea Nacional simplemente para su legitimación formal. Vamos por consiguiente concentrarnos en aquellos cambios que afectan la estructura básica del sistema monetario, mientras que dejamos de lado problemáticas tan importantes como la regulación del sistema financiero en general y el lugar de la economía popular y solidaria en el mismo, entre otros.

 

El Artículo 165 del proyecto de ley discutido tiene quizás el mayor impacto sobre la anatomía del sistema monetario. Remplaza al Art. 33 del COMF que indica que “La Junta de Política y Regulación Monetaria y Financiera[19] deberá establecer políticas orientadas a velar por la calidad y liquidez de los activos del balance del Banco Central del Ecuador, para respaldar apropiadamente sus pasivos”. El nuevo artículo, intitulado “Regla de Respaldo”, divide la hoja de balance del BCE en cuatro “sistemas” jerárquicamente organizado y establece criterios de cobertura de los diferentes sistemas con Reservas Internacionales.

 

 El primer sistema contiene (en sus pasivos) las “especies monetarias nacionales” emitidas (moneda fraccionaria nacional) y los depósitos de los “bancos privados, mutualistas, cooperativas de ahorro y crédito, bancos públicos con depósitos a la vista”. Estos pasivos deben tener una cobertura de 100% en Reservas Internacionales (la transitoria segunda, art. 327.2, establece que este grado de cobertura debe ser alcanzado hasta el año 2026).

 

El segundo sistema “registra los depósitos de otras entidades financieras que incluyen la Corporación Financiera Nacional B.P ., el Banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, otras entidades financieras del sector público e intermediarios financieros, así como los Títulos emitidos por el banco central (TBC)” y debe ser cubierto hasta un determinado porcentaje (determinado por el directorio del banco central en consideración de “la estabilidad del sistema financiero y la sostenibilidad de la balanza de pagos”) siempre y cuando el primer sistema sea cubierto en su totalidad.

 

 El tercer sistema contiene principalmente los depósitos del Sector Público No Financiero[20], que tienen que ser cubiertos con Reservas Internacionales por un porcentaje establecido por el directorio del BCE (porcentaje no mayor al del segundo sistema) “(…) tomando en consideración las proyecciones de deuda, de necesidades de liquidez y la sostenibilidad de la balanza de pagos.” La cobertura de este tercer sistema inicia una vez alcanzado la cobertura del segundo. Finalmente, en el cuarto sistema se “registra el resto de cuentas del activo y del pasivo del Banco Central del Ecuador, incluyendo las cuentas de patrimonio y resultados” y será cubierto con Reservas Internacionales en la medida en que el tercer sistema está cubierto.

 

La hoja de balance actual del banco central, donde los activos en su conjunto respalden los pasivos “solidariamente” es transformado en una cascada jerárquica de cuatro sistemas que constituye un “orden de prelación” entre los pasivos del banco central (y por ende entre las diferentes instituciones para quienes estos pasivos son activos) garantizando un acceso privilegiado de los bancos privados (y las demás entidades mencionadas) a las Reservas Internacionales del país en su conjunto. Este orden de prelación contiene un fuerte elemento de “riesgo moral” (moral hazard) en la medida en que garantiza a los bancos privados (actores fundamentales cuyo comportamiento influye sustancialmente en la estabilidad monetaria y financiera) un acceso privilegiado a los “dólares auténticos” de las Reservas Internacionales. Salvar a los bancos en caso de una “crisis sistémica” (eventualidad explícitamente considerada p.ej. en el artículo 144 ) es por ende considerado de mayor importancia que por ejemplo el sistema de jubilación (los activos del BIESS se encuentran en el segundo sistema).

 

Gráfico 7: de la Balanza única a las “4 sistemas” (Depósitos Bancos incluye también las demás entidades del sistema financiero como explicado en el texto).

 

La determinación por parte del directorio del banco central de los porcentajes en que el segundo y tercer sistema deben ser cubiertos por Reservas Internacionales implica la determinación del grado en que el banco central pueda participar en la emisión monetaria domestica (la pendiente del primer segmento de la pirámide), y por ende también los ingresos generados por esta emisión (debido al spread) para el BCE. Dado que las reformas en su conjunto se basan en el presupuesto implícito (y no sustentado) de que un mayor volumen de Reservas Internacionales estabiliza el sistema financiero doméstico, se puede sospechar que este porcentaje de cobertura va a ser relativamente alto, cobertura que puede ser alcanzado o bien por un aumento de las Reservas Internacionales detenidos, o bien por una reducción de los pasivos de los sistemas en cuestión (que podría relacionarse con el criterio de “sostenibilidad de la Balanza de Pagos” en el sentido en que una reducción de la liquidez en general agrava las tendencias depresivas de la economía y reduce, eventualmente, las importaciones).

 

 Por otro lado, también se reduce la posibilidad para el BCE de respaldar pasivos internos con activos internos: siguiendo la ley de “fomento productivo” / “Trole 3” prohíbe en el Art. 189 (que remplaza el Art. 56 del COMF) todo financiamiento público (la Transitoria quinta, Art. 327.5 establece que los títulos públicos detenidos por el BCE serán mantenidos hasta su vencimiento, lo que implica una reducción paulatina de estos activos del banco central). El prejuicio anti sector público de la proposición de ley es tal que incluso elimina el uso de títulos públicos para actividades de política monetaria (operaciones de mercado abierto, ventanillas de redescuento) que ponen a disposición del sector bancario liquidez a corto plazo (art. 235 y 236 que modifican 127 y 128 del COMF), de manera que se reduce artificialmente el potencial mercado para la deuda interna empujando el sector público aún más hacia el endeudamiento externo[21]. La pirámide de pasivos del sistema monetario quedaría transformada como ilustra la siguiente imagen: