Para caminar por los senderos de las izquierdas alternativas en España hace falta un GPS. Saber quién es quién, cuáles son las diferencias entre diferentes agrupaciones o partidos, entender sus decisiones, o saber por qué esa enfermedad infantil de las divisiones sigue siendo un mal sin vacuna posible, nos llevaría a vivir atrapados en la melancolía. La verdad es que poco a poco, casi sin darme cuenta, voy renunciando a la posibilidad de explicar y explicarme qué es lo que pasa. Parece que este mal no tiene cura.

 

La decisión de Iñigo Errejón, otrora líder de Podemos, de presentar un nuevo partido, es muy legítima, faltaría más. De hecho las divisiones también lo son en la medida en que expresan la libertad de decidir, aunque sea mal. Yo siempre he creído entender qué les unía y qué les separaba a Pablo Iglesias y a Iñigo Errejón. Pero si antes se podía explicar su relación en clave política, ahora, me da la impresión de que hay otros factores vinculados a la personalización de la política. Algo a lo que ayuda el papel de los medios de comunicación que va convirtiendo la contienda política en una frivolidad. A Errejón le harán la campaña gratis, como se la hicieron a Iglesias en las primeras elecciones generales. Además de por ideas la confrontación está trufada de cierto choque entre hiperliderazgos que, francamente, o se corrige o el futuro de las izquierdas alternativas en España pinta muy mal.

 

El traslado a las bases de esta lucha entre dos fuertes personalidades tiene su concreción en debates infinitos con una fortísima carga emocional. No es nada fácil seguir la dialéctica de los argumentos cuando el manejo de los nombres, Pablo, Iñigo, ya nos remite a lo que parece una contienda fratricida entre familiares. Y ya se sabe que a la familia se la defiende con o sin razón.

 

De todas formas, aunque el destino de las izquierdas sea poco gratificante, no nos queda otra que ir a votar. La derecha vota siempre y sus terapias son brutales. Si no gana el 10 de noviembre, lo intentará en las siguientes elecciones. Pensemos que el día después, sea cual sea el resultado, al despertarnos, ese monstruo que es la derecha española estará ahí, en nuestra habitación. Lamentablemente también al electorado de izquierdas y progresista le mueve el voto negativo. “Para parar a la derecha voy a votar” es para mucha gente el motivo de acudir a las urnas, cuando debería hacerlo por la confianza y la alegría de un proyecto de libertad, igualdad y fraternidad.

 

Pero, es verdad, que en estas elecciones una parte del electorado de las izquierdas tiene un problema añadido: ¿A quién votar? ¿A Pablo o a Iñigo? Si no quieres taza, taza y media, ahora tienes que afirmar a uno y negar al otro aunque no estuviera en tus planes.

 

De todos modos ni se me ocurre pensar que Más Madrid se presente con ese nombre fuera de la capital, ni que lo haga con el de Más España, en una época en la que el centralismo está cuestionado hasta los tuétanos y las aspiraciones de soberanía nos lleva a muchos a defender el derecho a decidir en Cataluña, en Euskadi. Pero lo que digo es de sentido común y por eso mismo es cuestionable. Al cierre de este artículo me entero que el nombre será Más País, lo que pese a su versatilidad no resuelve el asunto de las identidades.

 

Ahora el debate es: ¿Servirá la participación de Errejón para debilitar la gran abstención prevista o para debilitar a las Izquierdas? Apostar a todo o nada por una de las dos opciones sería cuestión de fe. Lo cierto es que no sabemos cómo incidirá Errejón en el electorado. Especular es libre y fácil. Y, ¿por qué no pueden ocurrir las dos cosas? Seguramente captará abstencionistas, pero me cuesta creer que no divida. Todo es según el cristal con que se mire.

 

Debo decir que en todo caso me ha sorprendido la decisión de Más Madrid y de Errejón. Lo cierto es que poco antes de tomar su decisión había negado toda posibilidad bajo el argumento de “sería precipitado”. ¿Qué ha cambiado? Sin estructura de partido fuera de la capital madrileña, sin garantía de formar listas fiables, sin programa conocido, sin apenas logística, ¿por qué ha modificado su valoración y ahora ya no es precipitado? Sin entrar en detalles, creo que tras cerrarse las conversaciones fallidas entre PSOE y Unidas Podemos, Errejón comenzó a ser jaleado desde distintos espacios mediáticos, tal y como si fuera la última tabla de salvación para evitar la continuidad del desgobierno. Y él ha aceptado el reto. Y de hecho se la juega.

 

De momento este nuevo escenario ya se ha cobrado un nuevo cisma. Mientras la mayoría de Equo (partido ecologista) dice apostar por Errejón, su dirigente más conocido, López Uralde, sigue apostando por Iglesias. Me da la impresión de que con la misma precipitación, en las confluencias (alianzas territoriales), se está ya tomando partido por Errejón o por Iglesias. Ante la novedad de una nueva opción política se desatan salidas del armario de nuevas lealtades. Los posicionamientos se suceden deprisa, no hay mucho tiempo para pensar. Hay un olor a pequeñas venganzas poco edificante. Sería bueno un poco de cordura. No vaya a ser que la nueva política sea en realidad otra versión de la vieja política.

 

Estamos viviendo una época en el que la política es como la comida rápida, mal elaborada pero llena el estómago. Todo transcurre a toda velocidad, con escaso rigor. Hay mucha banalización del arte de la política que se está convirtiendo en una actividad poco o nada noble.

 

Hay mucha tela que cortar desde Vistalegre II (asamblea general de Unidas Podemos que marca un antes y un después del partido) hasta el momento presente. Demasiados conflictos mal resueltos. Demasiados personalismos. Y decisiones políticas cuando menos cuestionables. Pero tampoco los que se fueron del partido, en algunos casos empujados desde adentro, han demostrado mayor madurez. Hay mucho en qué pensar y debatir. El futuro de las izquierdas alternativas no se podrá despejar sin saldar cuentas con una reflexión crítica. Pero ahora, aquí y ahora, con una batalla entre Unidas Podemos y PSOE que es la culminación de semanas de vértigo, la irrupción de Errejón como candidato, por más que sea legítima es una mala jugada. Ahora no tocaba. ¿Por qué surge ahora la candidatura de Errejón, que es cuando más daño puede hacer a Unidas Podemos? Lo pregunto yo, que soy firme partidario de la transversalidad.