El pasado domingo tuvieron lugar en Argentina las elecciones internas denominadas PASO (primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias), instancia previa a las elecciones generales del domingo 27 de octubre.

 

Se presentaron 10 fórmulas presidenciales por separado y ninguna competía con otra dentro de un mismo lema.

 

De hecho se convirtieron en un sondeo electoral preliminar entre “Juntos por el Cambio” el partido de gobierno que postula la reelección de Mauricio Macri y el “Frente de Todos” con la candidatura de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner.

 

En síntesis fue medir fuerzas entre dos modelos de país: el del continuismo neoliberal o el retorno a un gobierno progresista.

 

Y ganaron por goleada

 

A la fecha con un 98,75% de votos escrutados, el triunfo del Frente de Todos sobre el macrismo es aplastante: 47,66% a 32,09%. Sin dudas estos más de 15 puntos de ventaja no estaba en los cálculos más optimistas.

 

Pero sobre todo hay que decir que ganaron contra todos y contra todo. Y me refiero especialmente a todas las artimañas que el sistema utiliza en estas ocasiones en todos nuestros países: “algunos periodistas independientes, formadores de opinión” de los oligopólicos medios masivos de comunicación, sus noticieros con enfoques sesgados en la forma de presentar las informaciones a diario, las noticias falsas (“fake news”) en las redes sociales vía trolls, los datos preliminares de muchas de las encuestadoras (que jamás explican ni menos se autocritican por los inaceptables márgenes de error), etc.

 

Una respuesta autista

 

La primera reacción del Presidente fue decir lacónicamente “no votamos bien” y mandó a dormir a todo el mundo, “que mañana hay que trabajar”.

 

Y al día siguiente no sólo no hubo el menor atisbo de autocrítica, sino que por el contrario, ante la estampida de la cotización del dólar hasta los 60 pesos y la caída de los valores de los bonos gubernamentales, su culpó a la oposición ¡por haber triunfado en las urnas! Realmente una actitud muy desconsiderada por parte de los Fernández y los millones de argentinos que los votaron…

 

De ahora hasta las elecciones de octubre seguirá la misma política sin importar las consecuencias devastadoras en lo social y lo económico.

 

Como dijera el Contralmirante Hugo Márquez, hombre fuerte de la pasada dictadura de Uruguay y famoso por sus dislates: “Estábamos al borde del abismo y dimos un paso al frente”.

 

En las dos orillas

 

El domingo 27 de octubre argentinos y uruguayos tendremos la instancia de elecciones generales.

 

Por lo visto el domingo pasado, posiblemente el Frente de Todos ganará en la primera vuelta y se supone que logrará mayorías parlamentarias propias.

 

En nuestro país, lo más factible es que el Frente Amplio vuelva a triunfar en segunda vuelta para gobernar por cuarta vez consecutiva. Lo que a la fecha está en duda es que pueda mantener las mayorías parlamentarias propias que detenta desde 2005.

 

Todo dependerá de los énfasis en los discursos durante estos 90 días de campaña del FA.

 

Si los mismos dan cuenta en forma fuerte y clara a la sociedad – de que más allá de los distintos cintillos y maquillajes retóricos de los partidos de la oposición – se estarán plebiscitando dos y sólo dos modelos de país antagónicos: la vuelta a la nefasta estrategia neoliberal que nos llevó al desastre del año 2002 o la continuidad y profundización de un modelo nacional, popular y democrático avanzado que nos siga conduciendo hacia un horizonte de más y mejor distribución de la riqueza en aras del bienestar y la justicia social para el pueblo, se entusiasmará a la militancia y se podrá aspirar a obtener los votos necesarios para mantener esas mayorías.

 

Si el discurso se limita solamente a hacer un balance de lo actuado (que siempre es necesario) pero sin alertar del peligro que implicaría que la oposición unida tuviera los votos para bloquear en el Parlamento los proyectos de ley que envíe el gobierno, estaremos en serios problemas.

 

Ya hemos visto la experiencia de un discurso en similares términos de Fernando Haddad del PT, sin atacar y desenmascarar a Bolsonaro a tiempo, con los resultados conocidos.

 

Pero hoy, por sobre todas las cosas, debemos celebrar la derrota del macrismo en la Argentina; que junto al triunfo de AMLO en México, nos muestran una luz de esperanza al final del túnel.