Una vez más los españoles han decidido no hacer nada para solucionar sus problemas. Han votado a más de lo mismo por otros cuatro años; han votado al perrito faldero de la banca, uno de los tres o cuatro que tenía. Ha debido de ser una elección difícil porque todos venían muy repeinados y compuestos, y tenían por así decirlo el mismo “look” o el mismo glamour raquítico. Pero el PSOE tiene fama de combinar la izquierda y la derecha en el mismo cóctel indigesto de forma que votarlo es como votarlo todo o no votar nada; se trata de un voto en blanco desesperado o de un cheque en blanco que se le entrega a los burócratas de la UE que los españoles y el resto de los sufridos y esquilmados ciudadanos europeos (al menos los que votan) consideran todavía que lo son por derecho divino (en realidad se trata más bien de un derecho satánico, pero para los españoles y otros europeos resignados a su condición de vasallos del demonio, ambas cosas son lo mismo).

 

Tenían a una larga lista de lacayos de Juncker donde elegir y han elegido al que consideraban el más inocuo, el más servil, el más inofensivo, el más traslúcido; aunque en realidad sean todos tan opacos como el balance general del Banco Central Europeo de mangantes. Han votado en gris que es ahora el color de su bandera. Cada cual va a seguir mirándose su ombligo esperando la ayuda providencial venida de fuera de sus fronteras. ¿Están esperando a Mr. Marshal todavía? ¿No saben que la ayuda norte americana no tenía otro objetivo que convertir a Europa en un mercado cautivo de las grandes corporaciones made in USA y atajar cualquier iniciativa de justicia social y participación ciudadana? A los pueblos que esperan su liberación o su salvación de fuera hay que recordarles que esa libertad nunca llega; si los rusos liberaron a Europa del nazismo fue sencillamente porque los rusos son Europa, les guste o no les guste a los burócratas de la UE dispuestos a pagarles más caro el gas a los Estados Unidos con tal de contar con su ejército mercenario (mercenario de Goldman Sachs por supuesto) para reprimir las ansias de libertad y justicia de los ciudadanos europeos.

 

Votar en una dictadura como la Unión Europea de banqueros trileros y de matones (da igual si son elecciones autonómicas, municipales, generales o elecciones al Parlamento Europeo, las decisiones las toman los directivos de las mismas corporaciones en cualquier caso), es engañarse a uno mismo. Es votar por la mentira. Es votar por la OTAN. Es votar por Al Qaeda. Es votar por la tiranía de las corporaciones y por el hambre y la opresión en el mundo. Es mostrar nuestra disposición a trabajar como perros guardianes de la frontera. Conforme el imperio transatlántico amplía sus fronteras, las condiciones de vida dentro y fuera del mismo se deterioran. Su ampliación hacia el Este se ha traducido en el empobrecimiento del Oeste; nos vamos hermanando en la miseria a medida que su radio de acción se amplía. Compartimos de forma creciente el mismo desaliento y el mismo yugo. Nuestra única esperanza es que los pueblos del Este se rebelen y se liberen de la OTAN y nos liberen a nosotros. Que nos saquen del mercado esclavo de las armas de fuego, que es el único activo con el que comercia el imperio.

 

Los así llamados mercados libres tan sólo exportan basura como la que el gobierno filipino quiere devolverles a los canadienses para que se la metan por el trasero. Nos venden veneno en forma de glisofato.  Nos vende bombas de racimo. Nos venden la ruina disfrazada de derivado financiero.

 

Los productos chinos empiezan a ser superiores a los norte americanos y ésa y no otra es la razón de que detuvieran a la hija del fundador de Huawei, Meng Wuanzhou, en la sucursal canadiense del imperio, y que boicoteen los productos de esa firma (los productos soviéticos siempre lo fueron, por eso una bombilla comunista duraba más que una capitalista: no tenían obsolescencia programada). La obsolescencia del imperio se va manifestando en forma de derrotas infringidas por el afán de supervivencia de los pueblos y sus culturas que no quieren rendirse a la incultura mortífera derivada de la expansión absoluta del imperio neo fascista cuya mayor contribución al acervo cultural mundial aparte de la generación perdida (perdida para los USA, pero ganada para el mundo) es la figura del Pato Donald y Disneyland París.

 

Los Estados Unidos de América, una vez cedida su soberanía a Carlyle Group y otros grandes grupos transnacionales de las altas finanzas que son siempre las más bajas, ya sólo exportan armas de destrucción masiva. Su perfil se ha endurecido; ya no nos vende coches (o la moto) a cambio de materias primas, nos vende directamente la muerte a cambio de la vida.

 

Los españoles han decidido como tantos otros pueblos de la UE meter la cabeza en el agujero como hacen los avestruces por otros cuatro años confiando en que las bombas sigan pasando de largo hacia Yemen o hacia Siria, pero algunas siempre caen en la madre patria como las que estallaron en la madrileña Estación de Atocha en 2004 coincidiendo con la puesta de largo por así decirlo del Cuarto Reich trasatlántico en ese atentado de falsa bandera instigado probablemente por la CIA. Quizás para volcar al pueblo español hacia Aznar después de la impopular invasión de Irak justificada con toda una sarta de mentiras y que tuvo el efecto contrario; o sea que en esa ocasión le salió el tiro por la culata. En cualquier caso el atentado hizo las veces de fuegos artificiales con que celebrar la victoria de la CIA en el Oriente Próximo. No hace falta calentarse mucho la cabeza, cualquiera que esté dispuesto a abrir los ojos a la verdad y cerrarlos a la propaganda sabe que el mal llamado terrorismo islámico no es más que terrorismo fascista promovido por los servicios secretos de Occidente para acabar con la libertad en el mundo y la colaboración y el entendimiento entre los pueblos de una religión u otra.

 

Si los españoles que se tragan el cuento del libre mercado y de la Unión Europea libre y democrática pretenden seguir siendo los perros de la frontera del imperio mejor sería que votasen a Vox que tiene los dientes más largos, pero se han decantado por el supuesto centro. O por el cetro. O sea que han votado por seguir siendo la periferia o el extrarradio del imperio que tiene varios centros (de apropiación indebida y de lavado de dinero negro), uno de ellos en Suiza, otro en Bruselas y en Berlín, y por supuesto en Washington, pero en España no hay ninguno que yo sepa.

 

La ciudad más cercana al centro del Imperio es Madrid (y por eso ha ganado la ultra derecha que es la única que hay), pero se encuentra bastante lejos de los centros decisorios del imperio. Para acercarnos al centro, las fronteras de éste último tendrían que llegar hasta Namibia por lo menos y nunca lo hará porque ¿para defenderse de quién iban a venderles las armas de destrucción masiva los cancerberos del imperio del mal que se pretende absoluto a sus vasallos? Aunque por otra parte siempre les quedaría Rusia como chivo expiatorio de los males que provocan con sus nefastas políticas que se traducen en la ausencia de opciones políticas en la farsa de las elecciones orquestadas por los grandes manipuladores de masas seguidores de los siniestros métodos de Edward Bernays, el gran manipulador de la psique humana.

 

El pueblo ruso siempre será nuestra última esperanza, ¿nos librará de la nueva dictadura nazi como nos libró de la previa? ¿Se decidirán los ciudadanos europeos a rebelarse en masa contra el imperio de la muerte? Lo más probable es que la Unión Europea y el resto del Imperio Trasatlántico Neo Nazi se desinfle a medida que los países subdesarrollados de Asia se desarrollan y los desarrollados se subdesarrollan. El proyecto de las élites occidentales trasatlánticas es tan demencial que sólo puede acabar en su fracaso o en una hecatombe cósmica.

 

Los partidos como Vox, que son el coco o la carta bajo la manga que sacado la UE para situar a alguien a su derecha y poder presentarse como una opción moderada y centrista, han conseguido meterle miedo a los votantes para que se refugien bajo las faldas de la Merkel; los partidos descaradamente fascistas y que la prensa prostituida prefiere llamar populistas para no mentar la horca en la casa de los ahorcados o colgados que somos nosotros, los ciudadanos de conciencia libre o con conciencia, no son más que la cara oculta de la UE o la cara que mostraría si se quitara el antifaz democrático que se pone para sojuzgarnos a conciencia sin demasiada mala conciencia; ellos son el futuro o la ausencia del mismo que los burócratas de Bruselas planean para nosotros: la sumisión absoluta a una camarilla de ladrones adiestrados en la escuela de Goldman Sachs y Lockheed Martin.

 

Por lo demás hay que decir que la única opción real en las elecciones europeas era la Unión Europea, es decir: la mano blanda o la mano dura de la misma. O el policía bueno y el policía malo, que ya sabemos que son las dos caras de la misma moneda falsa: el euro. Por lo demás, La Unión Europea ha perdido como siempre las elecciones porque más la mitad de los europeos le han dado la espalda no votando, excepto en los países donde el voto es obligatorio como Bruselas, centro burocrático de la tiranía, y Luxemburgo, gran infierno fiscal para los ciudadanos esclavizados y paraíso fiscal para las fortunas robadas y evadidas de los estados nacionales no soberanos, pero con soberanos en plan ficción decorativa; Soberano es para el que no lo sepa la marca de un coñac nacional y lo único de soberano que tiene España aparte de su soberano que tampoco lo es mucho que digamos. En el resto de los países de la UE es obligatorio todo menos el voto, o sea que no votar es la única forma de ejercer la libertad que tienen los vasallos de la UE, y por eso los que amamos la libertad, sencillamente no votamos, o no votaremos hasta que se nos ofrezca la opción real de salir de ella o rehacerla por completo sobre bases auténticamente democráticas.

 

 

 

 

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