Hace ya más de 3 meses que Juan Guaidó fue nombrado Presidente de la Asamblea Nacional, cargo desde el cual trató de promover un levantamiento popular, un golpe militar y una incursión extranjera para derrocar a Nicolás Maduro, cuyo segundo mandato presidencial él consideraba ilegítimo.

 

Nunca antes un movimiento contra el chavismo logró tanto impacto inicial y tampoco jamás antes los EEUU lograron hacer que su propio país y una cincuentena más de naciones reconozcan a un presidente apuntalado por la Casa Blanca el cual nunca tuvo no tiene territorio, ejército, ministros o poder alguno.

 

Si bien Guaidó logró inicialmente concitar apoyo interno e internacional, es claro que él no ha logrado ninguna de sus metas para tomar el poder y que sus fuerzas están en declive.

 

Debate entre antichavistas duros

 

Para ver qué hacer ante esa situación se sentaron ante cámaras los dos periodistas hispanos que producen los dos programas antichavistas más sintonizados en Miami. Estos son los coetáneos Jaime Bayly y Patricia Polea, quienes coincidieron en reclamarse como golpistas, partidarios de matar a Maduro y de hacer una invasión norteamericana en Venezuela, y también en reconocer la derrota de Guaidó al que tanto han apoyado.

 

Polea es una exiliada venezolana en La Florida que es muy florida en sus ataques a los partidos y personajes que rodean a Guaidó. Para ellas éstos, y en particular Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo, en los que militan sus dos vicepresidentes, están prestos para ir a un diálogo con el chavismo. Ella, igualmente, cree que otros anteriores presidentes de la Asamblea Nacional opositora y embajadores de Guaidó tienen intereses privados muy particulares.

 

Para Polea no se debe negociar con la “dictadura” sino que se debe ir a derrumbarla, algo que solamente se puede hacer por la vía de una guerra.

 

Ante la posibilidad que Guaidó quisiese conducir a un millón de personas en una marcha para tomar Palacio de Miraflores, ella sostiene que el oficialismo no dejaría que ello pase y que podría acabar en una matanza. Por eso ella no recomienda eso y, ante la negativa actual de Washington de mandar tropas, ella llama a Guaidó a irse al exterior, a visitar a Trump y a organizar un ejército rebelde financiado por EEUU en el cual se organicen a numerosos desertores militares venezolanos.

 

Por supuesto que una guerra de ese tipo acabaría en una matanza mucho peor que la de cualquier marcha reprimida, y un escenario de ese tipo ya se ha visto en la Centroamérica de los ochentas con las decenas de miles de muertos que produjeron las incursiones militares de los grupos armados por Elliot Abrams (quien entonces dirigía los operativos de la Casa Blanca en esa región y ahora ha sido destinado a hacer lo mismo en Venezuela).

 

La posibilidad que Guaidó pudiese movilizar un millón de almas en Caracas es algo que cada vez más se vuelve inviable. Basta ver cómo el sábado 6 de abril, cuando Guaidó anunció el inicio de la Operación Libertad que iba a hacer que el pueblo lo ponga a él en el Palacio de Miraflores, congregó solamente millares de personas, mientras que la marcha oficialista hecha hacia ese mismo recinto fue cuantiosamente mayor.

 

Formar una “contra” venezolana

 

 

 

En su último discurso Guaidó admitió que los aliados externos le han dejado ver que una intervención sobre Venezuela es ahora prematura, para lo cual él cree que la mejor manera de provocar ‘esta es generando “peos” (alborotos) y, posiblemente, una masacre.

 

Poleo, en cambio, cree que la mejor manera de conseguir un apoyo militar externo es mediante la conformación de un ejército “contra”, ante lo cual Bayly le mostró su apoyo. Según lo planteado en ese programa si EEUU destina mil millones de dólares a dicho operativo se podría dar armas a esa significativa cantidad de uniformados que se han ido a Colombia y otros países, y poderse construir una fuerza armada netamente venezolana que pudiese conocer bien su propio terreno e iniciar acciones armadas encaminadas a ir minando al chavismo. A medida que éstas vayan creciendo ello podría animar a los EEUU a darles un apoyo más directo, comprometido y total.

 

Bayly y Poleo creen que los días de Guaidó para actuar libremente en Caracas están contados y que, si el gobierno decide arrestarlo, no habría mayor reacción interna o internacional, y que, al final, la gente se acostumbre a que él esté preso como lo ha hecho con el caso de su jefe Leopoldo López, quien lleva un lustro privado de su libertad.

 

Poleo cree que Guaidó debería repetir en reverso lo mismo que hizo el joven Fidel Castro cuando desde el exilio organizó un grupo armado para entrar a Cuba y acabar derrotando a Batista. Sin embargo, entre la mayor isla y el mayor país netamente caribeños hay una gran diferencia. Batista tenía una dictadura represiva muy desacreditada ante el pueblo y sus organizaciones sociales y sindicales, siendo su caída una producida, no tanto por los pocos guerrilleros de Fidel y el Che, sino por poderosas movilizaciones y huelgas generales. El chavismo, por su parte, mantiene un tipo de democracia multipartidaria y tiene un significativo apoyo en las organizaciones sociales y sindicales, mientras que todos los llamados de Guaidó a paralizaciones no han sido acatados.

 

Opciones

 

Llama la atención como abiertamente se discuten estas cuestiones de tipo insurreccional en plena TV o cómo Bayly constantemente llama a liquidar físicamente a la plana mayor chavista, mientras que cuando se produjo el intento de asesinarlo en el 2018 con drones-bombas, él anunció que él conocía de los preparativos del magnicidio de antemano y que les ofreció su apoyo y ayuda.

 

A estas alturas Guaidó debe estar pensando qué opción tomar. Es probable que hayan cada vez más opositores que piensen que hay que ir buscando un diálogo con el oficialismo mientras que Guaidó, si no logra provocar una fuerte movilización o una fuerte represión en su contra, va a tener que escoger entre una salida mediadora o buscar refugiarse en una embajada o en el extranjero.

 

Los oficialistas, mientras tanto, no quisieran que Guaidó se fugue para que trate de presentarse como un “presidente en el exilio” capaz de querer reclamar el control de los activos venezolanos en el exterior o de organizar sus propias fuerzas armadas. Por el momento creen que la mejor táctica consiste en dejarlo libre para evitar que se puedan darle pretextos a sus adversarios para hacer mayores “peos” (alborotos), pero ya deben estar buscando el momento de poder retenerlo y enjuiciarlo por cargos de “traición a la patria” y “terrorismo”, imputaciones que ya le han ido colocando.

 

Isaac Bigio

Historiador y politólogo economista formado en la London School of Economics donde ha enseñado política venezolana y latinoamericana.