Causa vértigo, por lo menos a este redactor que lo padeció, tanto anuncio de políticas que pretenden convertir en institucionales, proyectos y decisiones a cargo de los hombres y mujeres del gobierno del presidente electo Andrés Manuel López Obrador quien junto con el presidente Enrique Peña Nieto iniciaron formalmente la transición gubernamental con una reunión sin precedente de sus gabinetes, subrayando así la tersura de la transición.

 

Naturalmente que nada es casual y todo tiene una causalidad que en el caso podría obedecer a una estrategia bien definida para este tiempo político.

 

Entre los anuncios hechos sólo miércoles 21 destaca el ahorro de 550 millones de pesos en el Senado para el último trimestre de 2018 y la orden de Ricardo Monreal para que lo auditen, cuando ni siquiera es senador pero emite el desplante brabucón de “Me vale si algunos lo consideran ilegal. No me importa”. Es el mismo que atribuyó al Quinto Congreso Nacional Extraordinario de Morena definir “cómo será la relación partido-gobierno” y que “Morena no repetirá el viejo y repudiado binomio de partido y gobierno y tampoco será el partido del gobierno”. Aquí concluí “Veremos” (20-VIII) y por desgracia todo quedó en decisiones organizativas, para ampliar los plazos de las dirigencias en funciones y crear el Instituto de Formación Política, a cargo de Rafael Barajas (El Fisgón).

 

Alfonso Durazo, próximo titular de la aún inexistente secretaría de seguridad pública, no se quedó atrás y anunció la creación de la universidad nacional del sector, como cabeza de una red de academias que tendrán protocolos homologados para que todos los policías del país tengan capacitación similar.

 

El coordinador de la Oficina de la Presidencia en el próximo gobierno, Alfonso Romo, no se anda por las ramas como acostumbra y anunció ante los dueños y consejeros de Banorte, el segundo banco del país, que “El reto de la siguiente administración es dar toda la confianza de que México se va a convertir en un paraíso de la inversión”. Y para ello “tiene que haber estado de derecho y mucha seguridad física”. Para lo cual dio un dato que presentó como propio: “40, 50% del país está paralizado por la inseguridad”. Una semana antes Durazo juró en Morelia que “recibirá una seguridad en ruinas… Unos han dicho que México se ha convertido en una tumba, otros aseguran que en una fosa”.

 

Olga Sánchez Cordero, la próxima secretaria de Gobernación si todo sigue su curso normal, compartió a los mismos banqueros, que buscará un acuerdo internacional, por conducto de la Organización de las Naciones Unidas, para despenalizar las drogas, en principio la mariguana y luego la amapola, ésta sólo con fines medicinales. Al parecer los anuncios trascendentes se hacen ante los dueños de México, como el programa para los 2.6 millones de jóvenes aprendices y becarios que dará mano de obra gratuita a los empresarios.

 

En tanto que AMLO se comprometió, luego de recibir un documento con propuestas sobre ciencia, tecnología e innovación, a que el presupuesto para el sector no sufrirá recortes y en cambio, en lo posible, será incrementado. Hoy se invierte el equivalente a 0.5% del producto interno bruto, cuando la ley ordena que debe destinarse 1%. Para lo decisivo para que este país salga del subdesarrollo, siempre que se inviertan bien los recursos, los compromisos del próximo gobierno son poco claros, con todo y que se proclama “el final de un modelo que fracasó: el neoliberalismo”. Nuevamente, veremos

 

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