A propósito de la sanción por doping a Paolo Guerrero, el capitán del equipo peruano de fútbol, es bueno recordar qué fue lo que pasó en Bolivia en 1993 cuando la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) sancionó al boliviano Miguel Ángel Rimba, el “Correcaminos”, y al brasileño Armelino Domizetti, el popular “Zetti”, que fueron sancionados al encontrárseles “trazas de cocaína” en un control de dopaje luego de un partido contra Brasil.  No habían consumido la “perica blanca”, sino ingerido un inocente mate de coca y, por primera vez en su historia, la FIFA levantó la sanción a ambos.

 

En relación con Paolo, todo hace pensar que es un caso similar. El doctor Elmer Huerta, médico peruano de mucho prestigio, se ha pronunciado al respecto señalando que el “metabolito de benzoilecgonina sólo puede contenerse en el organismo si se ha ingerido cocaína o mate de coca” (Caretas Nro. 2513, 9 de noviembre). Aunque no se han descartado hipótesis conspirativas para sacar a nuestro capitán futbolero del cuadro nacional, suspendiéndolo por 30 días mientras se investiga el caso, esto permitió que Paolo no estuviera en Wellington para enfrentar a los maorís y tampoco estará el miércoles 15 de noviembre cuando en Lima se decida si vamos o no al Mundial de Rusia 2018.

 

No obstante, con el caso de Paolo creo que ya no hay mucho que hacer, salvo solidarizarse con nuestro goleador estrella. El mejor aliciente para todos es que ganemos a los maorís y nos clasifiquemos para el mundial de Rusia. Ojalá que la danza de tijeras de los guerreros chankas, yanahuaras y quechuas se imponga sobre la danza haka de los bravos visitantes.

 

Respecto a Bolivia, he tenido el gusto y el honor de conocer el tema ya que en 1993 y 1994 viví en ese hermano país, que desde el 2006 es gobernado por un indígena que se las trae, don Juan Evo Morales Ayma, que dirige su país con un “modelo agotado que goza de buena salud” y recibe las felicitaciones de los centros financieros internacionales por sus altas tasas de crecimiento, pero no sólo eso: “Entre 2004 y 2015 la pobreza bajó de un 63 por ciento de la población a un 39 por ciento, mientras que la distribución del ingreso (según cifras del FMI) mejoró en ese período, y Bolivia pasó de ser el país más desigual en Sudamérica a situarse en una posición promedio en la región”: http://estrategia.la/2017/11/08/bolivia-un-modelo-agotado-que-goza-de-buena-salud/

 

El 2 de agosto de agosto de 1993, siete días después del histórico triunfo 2 a 1 de Bolivia contra Brasil en La Paz, la Federación Boliviana de Fútbol (FBF) encabezada en ese entonces por el Ing. Guido Loayza, recibió de la FIFA un lapidario fax que decía: “uno de los laboratorios homologados por el Comité Olímpico Internacional  …  encontró que su jugador Nro. 4, Miguel Angel Rimba Alvis, sometido al control de doping … dio positivo en la sustancia COCAINA (por lo que) a partir de este momento y hasta que el caso no sea juzgado … queda suspendido de toda actividad futbolística a nivel nacional e internacional”. La FIFA dio plazo de 48 horas a las federaciones de futbol de ambos países para que sancionaran a los jugadores y/o presentaran sus descargos.  Me pregunto ¿por qué la FIFA no nos dio el mismo plazo en el caso de nuestro Paolo Guerrero?

 

En 1993 Bolivia decidió defender a su jugador y gracias a un informe técnico, la FIFA reconoció su error y levantó la sanción, según fax del 6 de agosto de 1993. Se demostró con pruebas documentales que el defensa boliviano, había tomado un trimate (anís, manzanilla y coca) dos horas antes del partido entre Bolivia y Brasil por las eliminatorias para el Mundial de Fútbol de 1994 … para contrarrestar un malestar estomacal.

 

El primero en enterarse del resultado del examen fue el Ing. Loayza quien el jueves 29 de julio de 1993 recibió el informe reservado de la FIFA que sostenía que a Rimba y a Zetti le habían encontrado “metabolitos del tipo etil ecgnonine, o sea los residuos orgánicos provenientes del consumo de cocaína por los seres humanos”. Loayza convocó de inmediato al bigotón Xabier Azkargorta – director técnico vasco-catalán – y al médico de la selección boliviana, Dr. Miguel Elias Zaiduni, para informarles sobre lo sucedido y diseñar una estrategia ante la FIFA. Me invitaron a participar en la “Escuelita de la Coca” que se formó con excelentes profesionales bolivianos, para argumentar a favor del jugador boliviano y en contra de la sanción de la FIFA.  Los detalles de este incidente, sus consecuencias y esperanzas, los he relatado en un folleto titulado “Crónica del otro partido que ganó Bolivia” (La Paz, 1993), que se lo puedo enviar por mail al que lo desee.

 

Pero, lo que no sabía al momento de escribir esa crónica que formaría parte de un libro, era que en realidad la sanción se levantó debido a la presión de la Coca Cola luego de una llamada telefónica del gerente general de esa compañía, el cubano-estadounidense Roberto Goyzueta al presidente de la FIFA de ese entonces, el brasileño Joao Havelange. En resumen, se levantó la sanción no por nuestros argumentos, jurídicos, médicos, farmacológicos y étnico/culturales elaborados en la “escuelita de la coca”, sino porque a la Coca Cola, siendo auspiciadora del Mundial de Fútbol, no le convenía que la FIFA sancionara a dos jugadores por tomar mate de coca fabricado con la sagrada hoja con la que también se fabrica la famosa bebida.

 

Cuidadosa de su imagen internacional, la empresa no creía conveniente abrirse este frente, nada menos que en un Mundial de Fútbol auspiciando por ellos y, menos aún, con un país como Bolivia que internacionalmente era defensora del uso tradicional y medicinal de la hoja de coca. Con Guido Loayza y el Bigotón, escribimos un libro que quedó inconcluso y sin publicar, libro que probablemente se titularía “El cándido mate de coca, la abuela Coca Cola y la FIFA desalmada” ya que el entuerto era digno de relatar para el mundial de 1994 en los Estados Unidos.

 

Luego de la sanción, vino la indignación de un país para el que la defensa de la coca es tan importante como su reivindicación marítima. No es por gusto que más de un millón de bolivianos – tres millones, según otras fuentes y muchos más ahora que un indígena como Evo Morales es su Presidente desde el 2006 -, “acullican” la hoja sagrada de los incas. Casi ninguno de los habitantes de este país multiétnico ha dejado de tomar mate de coca cuando tiene problemas estomacales o, simplemente, como “agüitevieja” luego del almuerzo o la cena. A diferencia del Perú, Colombia, Ecuador, Chile o el norte de Argentina, el consumo de coca en Bolivia no es “cosa de indios” sino de todos: blancos, negros, chinos, cholos, ricos y pobres, hombres, mujeres y niños. 

 

Varios medios de comunicación, sobre todo brasileños pero también algunos despistados en Bolivia, sospecharon que los jugadores se habían dopado con cocaína, ignorando que este alcaloide no sirve como estímulo para deportistas, aunque sí figuraba la cocaína, pero no la hoja de coca, ni el mate de coca, entre las 112 sustancias prohibidas del Reglamento de Control Doping de la FIFA. Ninguno de los malpensados aceptó la tesis de la ingestión de mate de coca o se puso a averiguar si la inocente hoja y su derivado mate figuraba en el listado de la FIFA. Tampoco se tomó en consideración la limpia foja de servicios de Rimba. Resulta que el jugador beniano, según carta/certificada de la Confederación Sudamericana de Fútbol, salió sorteado para control doping en tres oportunidades de la Copa América con resultados negativos: el 6 de julio de 1989 en el partido contra Ecuador; el 9 de julio de 1991 contra Brasil; y, el 20 de junio de 1993 contra Colombia.

 

Bajo la batuta de Loayza y Azkargorta, vino el cierra filas boliviano alrededor de la versión de su jugador Rimba, mientras que los brasileños expulsaron de sus filas al vapuleado Zetti.  Comprensible la reacción carioca, ya que para ellos y desgraciadamente todavía para muchos en el mundo, coca o mate de coca sí es cocaína. La FBF convocó, sin mucho esfuerzo, a un equipo técnico para sustentar el alegato de defensa: juristas, bioquímicos, farmacólogos, médicos, profesionales de otras disciplinas, como este economista cholo, que de futbol no sabía nada y tampoco tenía vela en el entierro prematuro de Rimba y Zatti.

 

Con periodistas entusiastas y no pocos curiosos, nos reunimos a tiempo completo y ad-honorem, como todo en esa Federación pobre en plata pero rica en patriotismo, alrededor de una mesa y un fax para juntar argumentos y documentos de todas partes: laboratorios, universidades, centros de investigación y documentación de Bolivia, Perú, Estados Unidos, Canadá y Alemania. Otros cholos estuvieron virtualmente presentes como los doctores Fernando Cabieses, Teobaldo Llosa, Baldomero Cáceres, Ricardo Soberón, Alejandro Camino y Enrique León Soria, quienes nos enviaron argumentos hasta La Paz.

 

En la “Escuelita de la Coca” los no entendidos aprendimos sobre coca, cocaína, benzoylecgonina, metabolitos, cromatografía de gases, pico gramos y espectometría de masas. Con estos terminajos ampliamente aprendidos y discutidos, con mucho entusiasmo y pocas esperanzas de que la FIFA diera su brazo a torcer, se elaboró un alegato de 24 páginas que fue enviado por fax a Zurich el día 4 de agosto, dentro del plazo previsto para ello.

 

En contundente carta dirigida a Joseph S. Blatter, Secretario General de la FIFA, el Ing. Loayza planteó que el desempeño positivo que el equipo boliviano había tenido hasta el momento y sus esforzados antecedentes hacía “innecesario el uso de artificio alguno ajeno al deporte (y que) hemos podido esclarecer entre otras cosas que este tema tiene una connotación geográfica y que no se lo puede tratar con la misma óptica cuando las muestras se las obtiene en Copenhague o Zurich que si son obtenidas en La Paz o el Cusco.  Y es que la misma Convención de Viena de 1988 hace esta discriminación, estableciendo que el uso medicinal de las hojas de coca no está prohibido en Bolivia y Perú”.

 

El voluminoso informe que preparamos en dos días, tenía como anexos del que fui responsable, 62 documentos y 185 páginas, mamotreto que debidamente fotocopiado y anillado fue enviado por courrier a Zurich el jueves 5 de agosto. Los seis ejes del alegato fueron: 1) Rimba ingirió mate de coca en horas previas al partido Bolivia/Brasil del 25 de julio de 1993; 2) el consumo de infusión de coca es permitido por las leyes bolivianas y la legislación internacional; 3) el jugador no tuvo intención dolosa de mejorar su rendimiento físico o psíquico con la ingestión del mate y el resultado del control doping tipifica un caso de contaminación accidental e involuntaria; 4) como la ingestión del mate produce residuos en el organismo que, analizados en laboratorio, dan resultado positivo de cocaína, el análisis debiera discriminar el contenido de cocaína y otros alcaloides estableciendo si hubo dopaje con el compuesto purificado; 5) el jugador es un deportista de conducta intachable que fue sometido a varios controles doping en partidos oficiales de la Confederación Sudamericana de Fútbol con resultados negativos; y, 6) siguiendo la legislación internacional vigente resulta imprescindible determinar el origen de los residuos de cocaína encontrados a fin de evitar que se apliquen sanciones análogas por conductas enteramente diferentes, tanto en lo deportivo como en lo humano.

 

Azkargorta había decidido contra su voluntad remover a Rimba en la defensa boliviana, aunque dijo que no sería retirado del cuadro nacional, ni reducidos sus derechos. El “Diablo” Marco Antonio Etcheverry se preparaba para golear a Uruguay y el arquero Carlos Leonel Trucco estaba dispuesto a no dejar entrar un gol en su vaya, el 8 de agosto frente a Brasil, todo ello en desquite por la insultante sanción de la FIFA. Pero, un día antes del partido con Uruguay, vino la respuesta al contundente informe de la FBF: “Nos encontramos en posición de comunicarle que por decisión de Bureau de la Comisión Organizadora de la Copa Mundial, la FIFA ha levantado la suspensión de su jugador Nro. 4 Miguel Angel Rimba (nacido el 1.11.67)”….  En efecto, se ha comprobado que los indicios de cocaína provenían de un té, el trimate, que suele consumirse en Bolivia contra los efectos nefastos de la altitud, y el cual contiene hojas de coca”.

 

Más de un boliviano se estuvo preguntando si los habitantes de los Alpes suizos, que se encuentran a más de 4,000 metros sobre el nivel del mar consideran “nefastos” sobre su organismo los efectos de esta altura. Pero la suerte ya estaba echada: una instancia internacional había reconocido que mate de coca no es lo mismo que cocaína y que, por lo tanto, los jugadores Rimba y Zetti podían estar tranquilos.

 

Los de la “escuelita” recibimos entradas para el palco de honor en el partido que se realizaba el domingo 8 de agosto contra Uruguay. Una carta fue enviada directamente a Zurich por el Consejo Andino de Productores de Coca (CAPC), instancia de coordinación gremial Andino-Amazónica presidida por Evo Morales. “Coca no es cocaína”, se leía en las paredes de la ciudad de la La Paz y en el cartel de goles del Estadio Hernando Siles, cuando el seleccionado boliviano, incluyendo a Rimba entre sus jugadores, enfrentó a Uruguay el 8 de agosto.

 

La goleada fue histórica y sorpresiva: 3 a 1 contra un bicampeón mundial dos veces como era el equipo “charrúa”.  Los jugadores bolivianos salieron a la cancha orgullosos de su mate de coca y del héroe de la jornada: Miguel Ángel Rimba. Mientras se desarrollaba el cotejo, 45,000 espectadores realizaban un “acullicu” colectivo en defensa de su coca, de su equipo y de su fútbol. Al final, Bolivia se clasificó para ir al mundial de 1994 y el gnomo bueno de la coca se infiltró en la bolsa de balotas de sorteo, ordenando que el cuadro boliviano inaugurara el Mundial contra los Estados Unidos…

 

Lima, 14 de Noviembre 2017

 

 

 

 

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