Durante las primeras semanas de gobierno de la alianza Cambiemos, las distintas pantallas de la franja estelar de la televisión argentina aseguraban que “es mucho más difícil manejar un gobierno que manejar una empresa”, la falacia intentó explicar y, sobre todo, justificar por qué Mauricio Macri y su “mejor equipo en 50 años” cometían “error” tras “error”. En realidad, gobernaban en base al guión prediseñado por las principales corporaciones económicas radicadas en el país, ocultado durante la campaña y en particular a lo largo del “debate” con Daniel Scioli , candidato presidencial del FpV. (1)

A partir del triunfo del jefe del Grupo Macri, se publicaron notas e informes sobre los CEOs desembarcados junto a él en la administración de los estados nacional y bonaerense, neo funcionarios ocultos tras esas letras que corresponden a Chief Executive Officer, algo así como principal director ejecutivo de una empresa o corporación, ahora de un Estado. A solo dos semanas del traspaso de mando, el sociólogo Eduardo Halliburton y este periodista presentaron con nombre y apellido al “Gabinete de la Oligarquía” y explicaron que el mismo está formado por “directivos de los principales grupos económicos concentrados de la Argentina, igual que el equipo de José Alfredo Martínez de Hoz  tras el golpe de Estado de 1976” (2) (3)

 

No se trataba de una mera “denuncia” o de la visualización del currículo de quienes encima de las corbatas de gerentes se colocaban los atuendos de ministros, secretarios o subsecretarios. En realidad se mostró la traza de la línea de mando de un modelo de apropiación de los bienes del conjunto de argentinas y argentinos por parte del sector económico financiero más concentrado del país, compuesto en su mayoría por filiales dependientes de casas matrices en el extranjero.

La etapa iniciada en diciembre de 2015 constituye el abordaje más brutal de los saqueadores del siglo XXI, apurados en transferir en el menor tiempo posible ingresos  desde los que menos tienen hacia los más acaudalados, y desde el Estado a las propias corporaciones económicas que representan, de las que son accionistas o hasta dueños, como el propio presidente de la Nación lo es del grupo SOCMA (Sociedad Macri).  

No es el zorro, son los dueños de las gallinas

En aquellos primeros meses poskirchneristas, fue común leer que el nuevo gobierno había puesto al zorro a custodiar el gallinero, este mismo autor así lo afirmó. Los ejemplos sobraron: Juan José Aranguren (Shell) a decidir sobre la minería y la energía de los argentinos; Alfonso Prat-Gay (JP Morgan) como primer ministro de Hacienda; Francisco “Pancho” Cabrera (HSBC y Grupo Robert) al frente de la cartera de Producción, tres muestras de un bolillero estatal ahora cargado de CEOs y gerentes.  

Sin embargo, no se trató de una manada suelta de mamíferos omnívoros, ni de una alegre muchachada de a bordo, en este caso con el escudito del Cardenal Newman, ni la de Luis Sandrini, Tito Lusiardo y José Gola, ni la de Leo Dan y Carlitos Balá.

 

 

Son los principales grupos económicos argentinos, la banca internacional y las filiales locales de las más poderosas transnacionales, puestas a reordenar el Estado nacional en función de sus intereses financiarizados a través de  políticas definidas por sus gerentes devenidos en funcionarios, por encima de los intereses soberanos del país.

En la inmensa lista de grupos, corporaciones y bancos con fichas instaladas en el nuevo tablero de comando de los destinos argentinos figuran por ejemplo Axion/Bridas, Bulgheroni, Banco Galicia, Blaquier, Braun Menéndez/La Anónima, Citibank, Clarín, Coca-Cola,  Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Deutsche Bank, Dietrich, Edenor, Edesur, Esso, Farmacity, General Motors, HSBC, IBM, JP Morgan, La Nación, LAN, Los Grobo, McKinsey, Merrill Lynch, Milkaut SA/Bongrain, Monsanto, Pan American Energy, Perez Companc,  Roberts,  Shell,SOCMA/IECSA, Techint/Ternium, Telecom, Telefónica, Transportadora de Gas del Sur (TGS), Woods Staton/MdDonald’s…

El 10 de diciembre de 2015 esos grupos pusieron en marcha el plan que hizo más daño económico y social en menos tiempo al país, con exclusión social, aumento de la pobreza y la indigencia, desempleo, hambre, frío, enfermedades. Las corporaciones lo planificaron, Macri y sus gerentes condujeron la aplanadora que entre el 14 y 17 de diciembre de 2015 empujó las dos primeras medidas que produjeron una transferencia de ingresos de trabajadores y jubilados hacia el sector más concentrado de la economía. De ese lunes a aquel jueves se concretó la eliminación de retenciones al complejo agropecuario -con disminución de 5 puntos porcentuales a la soja-, las economías regionales y a la industria y una fabulosa megadevaluación que subió el tipo de cambio en un 40%, señal de largada de la carrera hacia ese 100% que ya se avizora desde los $18 de cotización en el arranque del mes de agosto.

 

El complejo agroexportador logró lo que jamás le habían otorgado, un récord sin parangón en la historia económica global: fuerte devaluación con quita total o progresiva de retenciones. La consecuente pérdida del poder adquisitivo de los salarios de quienes tienen menos implicó un embolso de u$s 20.000 millones de manera instantánea entre agroexportadoras, alimentarias, bancos y algunos grupos industriales. A pesar de esas ganancias, el ritmo acelerado de la fuga de divisas se mantuvo y el Poder Ejecutivo salió a tomar deuda externa a ritmo frenético.