La estrategia contra Venezuela está caminando con fuerza y se acerca a un desenlace. La enorme, desmedida e inagotable propaganda de la SIP y de los medios de comunicación a nivel mundial, el desabastecimiento, la distorsión del mercado cambiario, la violencia terrorista callejera financiada y sostenida por la derecha internacional, el desconocimiento del gobierno legítimamente constituido y, finalmente, el golpe con la preparación de la intervención extranjera, son los pasos orquestados por el terrorismo mundial.

 

Al desconocer al gobierno constitucional, nombrar jueces y magistrados, anunciar la constitución de un gobierno de transición, la Asamblea Nacional inicia la preparación de la invasión extranjera. La estrategia cuyo pregonero es ese sujeto servil de apellido Almagro, secretario General de la OEA, nos devuelve a los años 80 cuando se querían constituir gobiernos títeres con pequeñas porciones de territorio que abrieran “cabezas de playa” en algún lugar del país, y desde allí llamar al apoyo de la caballería yanki o sus secuaces paramilitares (contras) e iniciar la intervención. Así se preparó para Nicaragua y no logró cuajar el proyecto gracias a la heroicidad del pueblo armado en Nicaragua y del FSLN    y su conducción. La misma metodología de hoy en Venezuela se usó en Libia y se utiliza en Siria. Dos países prósperos, antifundamentalistas, hoy destruidos por los perversos intereses de los petroleros y los dueños de las guerras y la muerte. En ambos casos la OTAN y la Unión Europea han jugado un papel nefasto justificando los bombardeos y la invasión.

 

Hoy quieren llevar el mismo modelo a Venezuela, tal vez preparando la separación del Estado de Zulia y desde allí lanzar la invasión. Quieren traer a América Latina la guerra a como dé lugar, y este plan lo preparan desde el inicio de la revolución bolivariana encabezada por el Comandante Hugo Chávez.

 

Sin duda el proceso de acumulación de fuerzas orquestado por la derecha ha funcionado y está funcionando. Los errores que se han cometido pasan por dos frentes fundamentalmente, el mal manejo de la economía manteniéndola frágil y monodependiente del petróleo (tema como la gasolina gratuita uno de los factores que facilitó la corrupción a través de su venta a Colombia y la indolencia con la que se reaccionó para alcanzar autosuficiencia alimentaria por lo menos) El otro error grave es la lentitud lamentable para controlar al terrorismo organizado en los últimos meses. La debilidad o la complicidad de las estructuras de defensa han permitido que la apropiación de las calles se convierta en una insurrección armada de corte fascista que hace temer lo peor en las próximas horas.

 

El domingo 30 serán las elecciones para la Asamblea Constituyente. El terrorismo tratará de impedirlo. La invasión es la última fase de una estrategia. Todos deseamos que no ocurra, solo el pueblo en las calles puede detener esto y un fuerte trabajo para desarmar al terrorismo. Al acecho están las bandas paramilitares colombianas y la intervención propiciada por la administración de los Estados Unidos y los petroleros cuya cara visible es hoy el nefasto Trump. Caída Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Cuba y Bolivia constituyen parte de la operación global contra Nuestramérica.

 

Las democracias construidas en base a los triunfos electorales que garantizaron redistribución, lucha contra la pobreza y soberanía en las relaciones internacionales, no son del gusto de los codiciosos y sus servicios locales. De todo están haciendo para destruirlas. El modelo más brutal es el de Venezuela, pero poco a poco fueron cayendo Honduras, Paraguay, Argentina (ojo, graves errores de la división del Peronismo) y Chile con sus concesiones al neoliberalismo. Cuidado y se piense que por conversar, la derecha neoliberal se vuelve buena. Por lo pronto ya se les entregó el diario El Telégrafo y vemos cómo trata al tema de Venezuela, presentando a las hordas fascistas callejeras como defensores de la democracia. Hoy nuestras democracias y los sueños libertarios están siendo brutalmente golpeados. Tantos años de lucha y de sacrificios de nuestros pueblos deben ser cuidados como el único tesoro para legar a nuestros hijos y nietos.

 

No está permitido jugar con la mayoritaria voluntad popular. Cuidar lo conseguido y ganado en 10 años de Revolución Ciudadana es tarea prioritaria en el Ecuador, cualquier desviación y peor aún cualquier ruptura nos llevará a la caída inevitable. Venezuela deberá sobrevivir a este intento y su desenlace debe pasar por acuerdos que concilien intereses populares. Es difícil, pero no imposible. Debe surgir una nueva generación de dirigentes del PSUV capaces de buscar y resolver los puntos de encuentro. Apoyar la Revolución Bolivariana es nuestra tarea. Cuidar la Revolución Ciudadana es nuestro deber.