Juventud adulta o adultez juvenil… Llegar a los 40 años en plena pujanza no es más que uno de los logros de la Agencia Latinoamericana de Información. La otra victoria, festejar las cuatro décadas de existencia conservando los mismos valores esenciales que motivaron su nacimiento.

 

Corrían los setenta y se hacía sentir el aire renovador de la apuesta a favor de un Nuevo Orden Internacional de la Información y Comunicación (NOMIC), promovido por el Movimiento de los No Alineados y ratificado por la UNESCO. Y que daría pie, en la década siguiente, al histórico Informe MacBride que proponía redefinir los flujos informativos profundamente desiguales entre el Norte y el Sur.

 

Debate candente que ilusionaba, fortalecía, estimulaba a tomar iniciativas informativas que desafiaran los siempre existentes monopolios mediáticos, en particular el impuesto por un puñadito de agencias internacionales de información.

 

Conocí en ese momento a la agencia ALAI a través de sus boletines regulares que nos llegaban por correo desde Canadá al Instituto Histórico Centroamericano de Managua, Nicaragua, donde acabábamos de fundar la revista Envío.

 

No existía Internet, ni el mail y aparecían tibiamente en ese país centroamericano los primeros faxes. El minuto de llamada telefónica al exterior costaba una fortuna. Imperaba el teletipo como principal soporte técnico de transmisión informativa. En el caso de Nicaragua, los “télex” como receptáculo de la información mundial, estaban instalados en la Agencia Nueva Nicaragua (ANN), -otro baluarte de la diversidad informativa-, pero restringidos por los costos operativos y de las comunicaciones.

 

En esa circunstancia, las informaciones de ALAI eran para nosotros como el pan caliente. Ansiosamente esperadas, conceptualmente tratadas, consecuentemente distribuidas.

 

En 40 años la información en todos sus aspectos vivió una verdadera revolución: tecnológica, de fuentes, en su explosión multiplicadora, en su diversidad.

 

ALAI, actualizó su perfil y su servicio. Y fue integrando en su definición conceptual informativa los profundos cambios históricos que marcaron la humanidad durante su existencia. El terremoto posterior a la caída del muro. El debate en torno al “fin de la historia”. Y el de la crisis de la solidaridad internacional posterior a la derrota de la revolución sandinista a inicios de los 90.

 

Y poco tiempo después, la eclosión de una nueva esperanza conceptual (y “universalista”) de la mano de la insurrección indígena-campesina zapatista. La elaboración de otro concepto de solidaridad internacional. El nacimiento en 2001 del Foro Social Mundial y la apuesta a Otro Mundo Posible.

 

Años, lustros, décadas, donde la globalización de la esperanza (y de la solidaridad internacional) se fue fortaleciendo como antítesis de la globalización del modelo económico hegemónico.

 

Y en los que los movimientos sociales con sus redes y plataformas internacionales (como Vía Campesina, la Marcha Mundial de Mujeres, las coordinaciones internacionales contra la deuda; contra las multinacionales; por la justicia fiscal etc.) fueron aportando las necesarias señales de esperanza de una alternativa sistémica posible y necesaria.

 

Tan imprescindible como en los setenta, ALAI se asumió desde inicios del 2000 en adelante, como componente-acompañante informativo esencial de esos actores sociales dispuestos a librar la lucha frontal por la justicia social, la tierra, y la durabilidad del planeta.

 

40 años de tránsito entre el Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación … y la “Otra Información Posible” (necesaria, urgente, innegociable). La historia resumida de ALAI que con sus noticias diarias –hora por hora-, informa, forma y desparrama conciencia ciudadana, verdaderamente democrática, esencialmente participativa.

 

Reforzando alternativas. Alimentando las grandes utopías realizables que la arroparon en su cuna.