La extraordinaria defensa que en la OEA ha hecho Delcy Rodríguez, canciller de Venezuela, no es sólo de su país sino de Nuestra América.

 

Con la autoridad que me da mi lucha de toda la vida por la dignidad y la soberanía de Panamá, Latinoamérica  y el Caribe, así como de los pueblos del mundo,  le exijo al presidente Juan Carlos Varela que, en ejercicio de nuestro derecho constitucional a la independencia y de nuestro deber de acatar fielmente las normas del derecho internacional, retire inmediatamente el nombre de Panamá de la lista de supuestos enemigos de Venezuela, reclutados en y por Washington para mancharnos con la sangre de nuestros hermanos.

 

No es la primera vez que la OEA, ese ministerio de colonias, se apresta a asesinar a nuestros pueblos. Sería redundante, repugnante y hasta de mal gusto hablar de la OEA en relación con Cuba.  Pero recordemos algunos sinsabores de Panamá, mi Patria, con la OEA, que según mi jefe, el canciller y principal negociador del Tratado del Canal, Juan Antonio Tack, significaban “Olviden Ese Asunto”.

 

—  La OEA no condenó la agresión y masacre de nuestro pueblo (Panamá) el 9, 10 y 11 de enero de 1964, por parte de las tropas norteamericanas, que dejó 23  panameños muertos y 500 heridos, como tampoco pidió que se nos indemnizara.

 

— — La OEA no se inmutó por los asesinatos del presidente Jaime Roldós (mayo de 1981) ni del general Omar Torrijos (julio de 1981).

 

— La OEA no condenó a EE.UU. por declarar a principios de 1988 que el “régimen Noriega-Solis Palma”, que fue satanizado, era una “grave amenaza a los intereses nacionales y de seguridad y a la política exterior de EE.UU.”, como tampoco condenó ninguna de las miles de intervenciones y violaciones al derecho internacional cometidas durante la desestabilización en Panamá entre 1985 y 1989.

 

—  La declaración de EE.UU. contra Venezuela es del mismo tenor que la dictada contra el gobierno de Manuel Antonio Noriega, que sirvió para bloquear a Panamá de sus contactos  comerciales, económicos, bancarios, financieros, diplomáticos y militares con el fin de derrocar al gobierno nacional  y cambiar la dominación de clase a su favor.

 

— La OEA decidió, en violación de su propia Carta, en México, en mayo de 1989, que la oposición oligárquica había ganado las elecciones en Panamá, a pesar de que fueran anuladas por el Tribunal Electoral tras demostrarse que EE.UU. intervino en las mismas, convirtiéndose la OEA (léase, EE.UU.) en verdadero árbitro de nuestros destinos nacionales, lo que sirvió de pretexto a las intervenciones múltiples de EE.UU.

 

—  La OEA no condenó la invasión (más bien reinvasión), y ni siquiera la mencionó  ni denunció como agresión, como invasión o como ataque no provocado,  en diciembre de 1989, limitándose a pedir que las tropas de EE.UU. desalojaran nuestro territorio lo más pronto posible en 1993, .

 

—   EE.UU. hizo caso omiso, y retiró las fuerzas invasoras más de tres años después, cuando ya había destruido la soberanía nacional; ya había vandalizado la totalidad del aparato estatal; ya había desmantelado a las Fuerzas de Defensa de Panamá (el segundo desde la Separación en 1903); ya había neutralizado a las huestes torrijistas y de la izquierda; ya había violado brutalmente el Tratado del Canal de 1977; ya había reorganizado políticamente al país en todo sentido, y ya había dejado el Canal en manos de sus socios de la élite de siempre.  Las víctimas según Ramsey Clark, exprocurador de EE.UU. fueron entre 4,000 y 7,000 muertos por Panamá, sin contar los incontables heridos que semejante mortandad produjo. 

 

— La OEA jamás ha solicitado una investigación sobre esta invasión a uno de sus miembros y, por supuesto, menos una indemnización.  Sigue un largo etcétera.

 

Los ataques prolongados y reiterativos a Venezuela para desestabilizarla e invadirla, son parte de las agresiones contra nuestros pueblos que, con equivocaciones o no, siguen luchando por un futuro independiente, libre, digno y soberano. 

 

Felicitamos al gobierno de Venezuela y su presidente Nicolás Maduro, pero de manera especial a su valiente y brillante canciller, Delcy Rodríguez, por su defensa integral de nuestro patrimonio.  

 

Los pueblos de Latinoamérica y el Caribe debemos aprestarnos para lo peor, ahora que todos los cargos claves de la política exterior de EE.UU. bajo Donald Trump, desde el Consejo de Seguridad Nacional, la Secretaría de Defensa y el Comando Sur.,  están bajo control de los militares más imperialistas de la superpotencia.

 

Más allá de cualquier diferencia que tengamos con los gobiernos que enarbolan la bandera libertaria de Simón Bolívar y los próceres de la Independencia,  debemos consolidar nuestra unidad continental y templar nuestro espíritu de lucha para rechazar y erradicar la hegemonía  de EE.UU. y la OTAN, que pretenden regresarnos a la esclavitud y el pasado colonial.  Frente estos retos, ¡no nos queda otro camino que resistir y vencer!

 

Julio Yao

Analista internacional

Ex Asesor de Política´ Exterior (1972-1977)

Vicepresidente del Comité Ejecutivo del Movimiento Unidad Latinoamericana (1976-1994)

Profesor de Relaciones Internacionales.

 

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