José tiene una certeza: no sirve hacer un solo cultivo. La tierra misionera, el clima y la historia sugieren, al menos para el pequeño productor, diversidad. Y él tomó nota de eso. Por eso cultiva mandioca, avena, poroto, repollo, choclo, sandía, melones, lechuga, acelga y, claro, yerba. Y hasta cuenta con un estanque donde cría peces para autoconsumo y vende en la feria franca local.

 

 Está frente a una planta de yerba. La mira. La analiza. Casi una radiografía sin siquiera tocarla. Hasta que se abalanza sobre ella y muestra una rama. Avisa que es un gajo maduro que está creciendo mal. Lo corta. Explica que es un trabajo metódico para que la planta crezca fuerte y produzca más. Es uno de los secretos del productor agroecológico.

 

  Otra práctica que recomienda es dejar “cobertura” (avena, poroto) en los callejones entre las plantas y no senderos de tierra, como en las plantaciones industriales. Así evita la degradación del suelo. Y avisa que no usa químicos.