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Hemos venido considerando hace muchos años, desde que publicamos el Diccionario Latinoamericano de Seguridad y Geopolítica (1), que no se puede analizar y estudiar la dinámica del crimen desorganizado, organizado y postorganizado separado de la territorialidad. Sería estudiarlo en el vacío como en un mapa plano, y la primera premisa en los estudios de seguridad es que el espacio no es homogéneo.

En segundo lugar, la definición de crimen organizado se puede convertir en teórica cuando se lo analiza divorciada del Estado, afirmando que es una empresa transnacional de matriz transnacional con fines de rentabilidad económica cuyo modus operandi va mucho más allá del narcotráfico para ser poli criminal. O sea, no es sinónimo crimen organizado de narcotráfico.

Y la Geopolítica estudia los niveles de capacidad y de fortaleza estatal de los Estados, porque las organizaciones criminales se afianzan en los espacios de bajo costo y de ausencia del Estado, para yuxtaponerse con el Estado. O sea, no son dos entidades que actúan paralelamente, sino que tienen a fusionarse. Por eso asistimos a Estados que tienden a ser criminales.

Y aquí lo central, consiste en abordar para la implementación de políticas, desde un enfoque Geopolítico, es decir desde el vínculo o disociación del crimen organizado con el espacio territorial.

Si lo abordamos desde un estudio criminológico o desde la gestión del conflicto de la seguridad-inseguridad podemos caer en el grave error de la mirada parcial y no integral, porque de lo que se trata es de una lucha de poder.

La desregulación de la economía, el comercio y las finanzas en el sistema mundo ha provocado la globalización del crimen.

Mientras los Estados se desmoronan y son ocupados por el crimen organizado o se convierten en crimen organizado -este es el tema, de ahí las herramientas que te otorga la Geopolítica-, simultáneamente aprovecha para realizar el “lavado” de activos. El crimen se ha transformado en parte integrante del sistema económico internacional, con sus consecuencias sociales, económicas y geopolíticas. Y alertamos que esto, no está siendo bien estudiado en las carreras de las ciencias sociales desde un abordaje interdisciplinario. La realidad hace trizas al conocimiento tradicional.

En el caso de las finanzas y las bancas internacionales, bancos “prestigiosos” ignoran cotidianamente  la línea divisoria entre capital organizado y crimen organizado. De esta manera, vemos en las prácticas en los medios de comunicación lo que antaño se conocían como “noticias policiales” en gran parte, como grandes huecos de inseguridad -que son reales y a veces percepción, de ahí la necesidad de generar especializaciones en periodismo en seguridad-, mientras las grandes organizaciones criminales operan como entidades legítimas en el mercado mundial, son vistas como parte del sistema.

Las ganancias y la influencia del crimen organizado son monumentales, tanto en países desarrollados como en países en desarrollo. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), los ingresos de las organizaciones criminales transnacionales a nivel mundial suman alrededor de un billón de dólares, cifra equivalente al Producto Bruto Interno-PBI- equivalente de todos los países de bajos ingresos, con una población de tres mil millones de personas.

La estimación de la ONU incluye las ganancias del tráfico de drogas, armas, materiales nucleares como también servicios controlados como la prostitución, juego, tráfico de órganos y personas.  Estas cifras no transmiten aquel dinero que ya está en el circuito legal y donde las organizaciones criminales operan legalmente al fragmentar el Estado y ser dueños o partes del aparato del Estado.

Asimismo, con la globalización,  las organizaciones criminales como las empresas en una matriz posfordista o pos moderna, se han descentralizado y deslocalizado geopolíticamente dando como resultado una sinergia inédita entre ellas e incluso división de funciones, hasta colaborar con empresas comerciales, y generando un marco legal de acumulación de riqueza. Estas inversiones se realizan en inmuebles de lujo, espectáculos, editoriales, medios de prensa y servicios financieros, pero también en empresas de servicio público, manufactura y en el mercado de la agricultura, o sea en los alimentos, como lo vimos hace poco.

Así se fue creando aparatos estatales con matrices de alta corrupción inescindible y muy difícil de separar entre sectores de la política, sectores de los empresarios, sectores de la policía donde el crimen organizado los penetra sistemáticamente.

La influencia sobre la política macroeconómica de los países es tácita. Y los servicios de inteligencia tienen un papel ambiguo en su vínculo con estos aparatos. Podemos ver, sin hacer juicio de valores, sino solo descriptivo, el tema de la Aduana y de su jefe Gómez Centurión, ahora repuesto en su Función.

También, tema de agenda de la política argentina, constituyen las leyes que promueven la huida de capitales a paraísos fiscales offshore que ayudan no solo a personas de fortuna a sacar de su país “dinero en negro”, sino también a las mafias a cambiar de lugar sus ganancias mal habidas. Es que aquí interactúan las organizaciones criminales y los representantes de los mayores bancos comerciales del mundo. Las mafias o crimen postorganizado aprovechan los servicios ofrecidos y los avances en telecomunicaciones y tecnologías bancarias. Sin tener que pasar billetes a través de las fronteras internacionales, se mueven y se ocultan las ganancias de su tráfico ilícito mediante una red de escondites offshore y un laberinto de compañías-fachadas anónimas. La privacidad tecnológica además hace que se pueda acceder a estas cuentas mediante una tarjeta Visa y cajeros automáticos desde cualquier parte del mundo -Depp Weeb o Internet profunda-.

Desde el punto de vista geopolítico, todos estos paraísos offshore son esencialmente “guaridas fiscales” del sistema bancario occidental. Algunos cálculos no seguros, hablan en 5,5 billones de dólares los activos offshore de corporaciones e individuos, una cifra equivalente a 25 por ciento del ingreso mundial.
 

Nota

 

  1. Barrios, Miguel Ángel, Director, Diccionario Latinoamericano de Seguridad y Geopolítica. Biblos.BsAs.2008

 

Miguel Ángel Barrios -Argentina- es doctor en educación y en ciencia política. Autor de reconocidas obras sobre América Latina.

 

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