Muy oportuno (o acaso oportunista) como suelen ser los políticos de casi todos los signos y colores, Miguel Ángel Mancera descubrió en la víspera de realizar su cuarta rendición de cuentas a la Asamblea Legislativa, que la relación institucional con Enrique Peña, entre Los Pinos y el antiguo Palacio del Ayuntamiento, “ya hasta ahí dio”.

 

Sin embargo, Mancera Espinosa reivindicó que la relación entre el jefe de Gobierno y el presidente de México, permitió al antes Distrito Federal que se aprobara “una iniciativa sobre salario mínimo, la reforma política, así como obtener recursos para los fondos para la infraestructura social y el de capitalidad”.

 

No informó a los nueve reporteros de La Jornada que lo entrevistaron (17-IX-16), el enorme costo sociopolítico que para la capital y la nación significaron aquellas importantes concesiones presidenciales, de las cúpulas de los partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional, a cambio de que su partido, el de la Revolución Democrática, al que jura y perjura no pertenecer pero influye en sus determinaciones, aprobara el Pacto por México.

 

Explicó que “se está planteando una distancia permanentemente con la Federación, que se ha visto reflejada en temas como el recorte presupuestal para la capital”. Además criticó “que se pretenda asignar 18 mil millones de pesos al tren suburbano México Toluca, y ni un peso a las ampliaciones del Metro”. El enlace es:

http://www.jornada.unam.mx/2016/09/17/politica/002n1pol

 

¡Y lo que sigue! Probablemente redundará en un mayor alejamiento entre el doctor en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México y el maestro en Administración de Empresas por el Tecnológico de Monterrey.

 

Mancera promueve el distanciamiento con lo que encuentra a la mano, sobre todo después de una colaboración plausible, sin precedente en los 18 años previos, pero una cercanía innecesaria hasta el punto de que no faltan los que acusan sin más: “Mancera está entregando al PRI el GDF”.

 

Ahora, cuando el reloj presidencial se acerca al último tercio, cuando la moda es tomar la mayor distancia posible del que durante 2012-14 fue presentado como El salvador de México y el arquitecto del Mexican Moment por la prensa estadunidense e inglesa, repetido hasta la desmesura por el oligopolio mediático azteca, mismos que hoy lo demeritan hasta el punto de que un bufón oficialista lo regaña al aire; justo ahora Mancera lo crítica por “copiar los programas impulsados por su administración”, como es el caso de cunas Cdmx (con altas y bajas porque se trata de una abreviatura compuesta, no de siglas) y que llamarán Cuna Próspera.

 

Satisfacción por la pertinencia de algunos de sus programas debería motivarle al gobernante chilango la copia. No es de imaginar que Andrés López Obrador camine por el país reclamando la autoría intelectual o la autorización que como titular del GDF brindó a la pensión para la gente de la tercera edad, apoyos a madres solteras, segundo piso, metrobús, alcoholímetro, becas a preparatorianos… La enorme incompetencia del PRI capitalino lo lleva a “denunciar” que muchas familias viven de los apoyos, se les “forma para no trabajar” y sólo “extender la mano”.

 

En víspera de la última batalla previa a la madre de todas las elecciones (2018), es natural que los actores políticos, agentes económicos y sociales se reagrupen en torno a los que disputan:

 

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