A través de distintos medios han sido denunciados los planes golpistas de la oposición para el jueves primero de septiembre. El sábado circuló una noticia con la opinión detallada del editor Miguel Salazar al respecto. Esta semana, la dirigencia del PSUV y el gobierno han realizado ruedas de prensa y actos políticos donde han ratificado esta denuncia. Uno puede pensar que esos planes son reales, más si en la convocatoria se ha hablado de tomar Caracas, llegar a Miraflores y exigir la renuncia del Presidente, mientras que algunos simpatizantes se han referido a ese día como “la batalla final”. También sabemos que muchas personas se muestran escépticas respecto a la posibilidad del golpe.

 

Efectivamente, al compartir la nota de Miguel Salazar la respuesta fue – Puede ser, pero ustedes están como el cuento de Pedro y el lobo. Luego, al enviarla a un grupo de whatsapp donde se supone hay puros chavistas, la reacción fue similar – ¡Que va! La MUD no tiene condiciones para tumbar al gobierno – Esos no tienen capacidad de convocatoria. Este tipo de opiniones abundan. En el fondo, hasta quienes denuncian el plan golpista realmente piensan – No va a pasar nada.

 

De tanto repetir que viene el golpe, mucha gente, ha terminado por creer que no es posible. El gobierno ha hecho tantas ruedas de prensa para denunciar planes de golpe de Estado que una nueva resulta una más de tantas. La mayoría de las veces se denuncian los planes pero el Estado no actúa con contundencia, faltan dedos para enumerar las conspiraciones pero sobran para enumerar los conspiradores detenidos. El golpe termina siendo algo así como El Coco, al que hay que temer porque ya viene.

 

Parece que la izquierda en general ha creado una trampa discursiva, análoga a la fábula de Pedro y el lobo. De tanto denunciar al imperialismo, al capitalismo, a la derecha, la burguesía, la oligarquía, los pitiyankees y todos los demás, ha terminado por perder credibilidad. La amenaza del enemigo se ha usado tanto que la gente ya no la ve ni la cree. Tampoco ve el golpe a la vuelta de la esquina. No quiere decir que no exista, es real, pero el exceso discursivo fomenta la duda.

 

La retórica sobre los males del capitalismo y los gobiernos anteriores, que busca convencer a la gente de todo lo que sucedería si vuelven, produce lo mismo, banaliza los hechos históricos. Porque amenazar constantemente con la presencia del lobo no convence a las ovejas del peligro. Como Pedro, que denuncia la llegada del lobo, el gobierno se ha quedado denunciando la llegada del golpe, esperando que alguien haga algo al respecto, presentándose una y otra vez como la víctima. El Estado cuenta con suficientes recursos, o debería contar con ellos, para actuar de manera contundente más allá de lo comunicacional y detener cualquier plan. Prepararse y actuar apropiadamente tiene la fuerza que ninguna retórica puede lograr.

 

No terminamos de aprender. No se trata de informar más o menos sobre los males del capitalismo, la burguesía, el imperialismo, el coco y el lobo. La ideología, como cuerpo de ideas que justifican una realidad determinada, se basa en la práctica cotidiana que constituye a esa realidad. Para combatir las ideas dominantes de una época hay que construir nuevas relaciones desde la práctica, nuevas realidades. Por la misma razón, saber lo dañino que es fumar no produce que el fumador abandone el cigarrillo, pero el aumento desproporcionado del precio si (hay casos que ni eso). Las condiciones que permitieron mantener la práctica de fumar han cambiado. Sólo deja de fumar quién ha decidido hacerlo.

 

Como le pasó a Pedro, el lobo termina llegando para comerse a las ovejas, pero esta vez también se lo come a él y más adelante a sus compañeros, el pobre levanta las manos, grita que ya está ahí, pero nada, será ignorado. Eso sin considerar que el lobo suele tener cómplices entre las mismas ovejas. El mejor aliado del criminal ha sido Pedro y su pésimo manejo de la situación. Tal vez él mismo no creía que el lobo llegaría algún día y por eso se tomó con tanta ligereza la amenaza.

 

La verdad es un asunto práctico y no teórico. Hay que evitar la trampa ideológica del capitalismo, creer que las ideas, la comunicación y lo simbólico son un campo por sí mismo y no se encuentran atravesados por la práctica que los legitima. Las ovejas tienen que combatir al lobo a través de la organización. A Pedro le toca tomar decisiones prácticas si quiere cumplir con su tarea de manera eficiente, si se distrae creando nuevas maneras de informar que el lobo ya viene, la historia se repetirá.