Los cultivos transgénicos, que implican el uso de grandes cantidades de venenos vendidos por las mismas empresas que comercializan oligopólicamente las semillas, ingresaron ilegalmente a Paraguay a partir del año 1996, y desde entonces han avanzado en cantidad de hectáreas cultivadas, en cantidad de agroexportadoras operando, en cantidad de parcelas que los producen, y en la autoridad con que el sector incide sobre las decisiones gubernamentales. Este avance se aceleró en los últimos cuatro años, a partir del quiebre democrático de 2012, y el sector agroexportador alcanza hoy un control casi total de algunas instituciones del Estado. Los cultivos transgénicos cumplen 20 años en Paraguay y en el mundo, y es una conmemoración que merece un análisis sobre cuán robusto está el proyecto de este modelo productivo que colisiona con la agricultura campesina, productora de alimentos, aunque esta robustez no sea para celebrar.

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