soberania-alimentaria

Los días 20 y 21 de abril se llevó a cabo en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia el Simposio Soberanía alimentaria y autodeterminación de los pueblos, organizado por la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, iniciativa que lideró la futura abogada Luna Camila Zárate Santamaría, quien adelantó un excelente trabajo de monografía titulado Soberanía alimentaria y autodeterminación de los pueblos. Entre regulación jurídica y vulneración de derechos.

 

El evento fue un escenario de disertación muy importante sobre un tema que no es discutido en las facultades de derecho, la soberanía alimentaria. Lo anterior, a pesar de que ha sido un lugar común, desde su lanzamiento en 1996, asociar este concepto con el derecho a la alimentación y la seguridad alimentaria. Más allá de esta limitada asociación, tenemos que la producción académica sobre la soberanía alimentaria, se ha desarrollado y configurado, si se quiere, desde dos aristas. Por una parte, anteriormente hemos señalado que la soberanía alimentaria ha sido entendida como el proyecto político, el centro de un nuevo modelo económico, la visión de modernidad alternativa más importante de las clases subalternas contra la globalización capitalista; y, de otro lado, ésta ha sido planteada como un derecho que se presenta como derecho-condición y como derecho colectivo, como un nuevo derecho humano.

 

De este último aspecto quiero profundizar en tres elementos: (i) que el origen de este derecho está ligado a las luchas campesinas contra el capitalismo y el régimen alimentario corporativo; (ii) que efectivamente la soberanía alimentaria es un derecho más allá del derecho a la alimentación; y (iii) que la soberanía alimentaria debe ser leída en clave de pluralismo comunitario-participativo de liberación o como derecho que nace del pueblo.

 

La soberanía alimentaria tiene al igual que la Vía Campesina, como lo exponen María Elena Martínez y Peter Rosset, un origen latinoamericano. Antecedentes de su formulación se encuentran en la respuesta campesina que desde Centroamérica se dio a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa, a los programas de “ajuste estructural” y a la importación de alimentos (maíz) con precios dumping desde los EE.UU. En 1996, ésta es propuesta en el Foro paralelo a la Cumbre Mundial de la Alimentación convocada por la FAO, como “el derecho de cada nación -por encima de políticas macroeconómicas y de libre comercio- a alcanzar el nivel de suficiencia alimentaria y la calidad nutricional consideradas apropiadas”, siendo notorio en su inicio y en la profundización conceptual, su rechazo a la determinación de la agricultura y la alimentación por la dinámica del capitalismo global neoliberal en lo que se denomina el régimen alimentario corporativo. Así, siguiendo a Philip McMichael, la soberanía alimentaria entra en la relación dialéctica del capital, siendo opuesta al régimen alimentario corporativo y sus expresiones político-económicas, como son la concentración empresarial de la agricultura y la alimentación, el acaparamiento de tierras, las políticas y códigos de la OMC, la crisis alimentaria, el dumping, los OGM, etc., pudiéndose afirmar que la soberanía alimentaria es un planteamiento agrario alternativo al capital, es una propuesta anticapitalista.

 

Ahora bien, Priscilla Claeys nos recuerda que la Vía Campesina en su lucha contra el capitalismo y el neoliberalismo ha hecho uso del discurso de los derechos humanos. Pero éste no se ha limitado a la demanda de cumplimiento de los derechos reconocidos en los instrumentos internacionales existentes (como el derecho a la alimentación), sino que ha implicado la creación de nuevos derechos, como la soberanía alimentaria, que, debido a la incorporación de aspectos como los derechos a la tierra, al territorio, al agua, a la alimentación, a la participación, entre otros, adquiere el carácter de derecho-condición, es decir, un derecho que permite garantizar otros derechos, cuyo titular no es un sujeto individual, sino un sujeto colectivo (naciones, pueblos, comunidades, entre otros).

 

Por otra parte, la soberanía alimentaria se ha incluido en la Declaración de derechos de las campesinas y campesinos, actualmente bajo estudio de un grupo de trabajo intergubernamental semiabierto por mandato del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas; y ha logrado incorporarse a ordenamientos internos en diferentes países, así como ha sido puesta en práctica por procesos comunitarios en territorios rurales. A partir de estos elementos, se puede afirmar, como lo plantea Marc Edelman, que la soberanía alimentaria es un conjunto de normas y prácticas legales y cuasilegales dirigidas a transformar los sistemas alimentarios y agrícolas, que, por su origen y horizonte, se encuentran dentro de lo que Jesús Antonio De la Torre denomina el derecho que nace del pueblo o pluralismo comunitario-participativo en los términos de Antonio Carlos Wolkmer.

 

Se entiende por el derecho que nace del pueblo a una juridicidad o cultura jurídica alternativa a la estatal-formal establecida, que surge de la conciencia de explotación de las organizaciones o sectores populares, con la intuición de que tienen derecho a no serlo. Lo anterior, implica la elaboración de técnicas y categorías conceptuales contrarias a las del orden vigente, como lo es, la estipulación de derechos. Es un pluralismo “no conservador” o “domesticado” por el derecho estatal vigente, siguiendo a Wolkmer, un pluralismo comunitario-participativo, un pluralismo de liberación. El origen de la soberanía alimentaria, está relacionado con la lucha del campesinado contra su explotación y extinción (proletarización) a manos de la agricultura capitalista, teniendo, por tanto, un claro origen popular y subversivo, de igual forma, la soberanía alimentaria se planteó como rechazo a la normatividad supraestatal favorable al libre comercio y a la mercantilización de los alimentos.

 

De la Torre indica que el derecho que nace del pueblo debe ser el derecho del futuro, puesto que su finalidad no es de coexistencia con el orden legal opresor, sino que es subversiva, transformadora. La forma en que la soberanía alimentaria se ha configurado como derecho, se ha implementado en marcos normativos nacionales y está en discusión en el sistema universal de protección de derechos humanos, apunta a que esto es lo que se pretende: superar el derecho actual que mantiene a la agricultura y la alimentación bajo la lógica del capitalismo global neoliberal.

 

Referencias bibliográficas

 

CLAEYS, P. (2013). From Food Sovereignty to Peasants’Rights: and Overview of La Vía Campesina’s Rights-Based Claim over the Last 20 Years. Food Sovereignty: A Critical Dialogue. International Conference Yale University. September 14-15, 2013.

 

DE LA TORRE, RANGEL, J. A. (2004). El derecho que nace del pueblo. Bogotá: FICA, ASONAL, ILSA.

 

EDELMAN, M. (2013). Food sovereignty:Forgotten genealogies andfuture regulatory challenges. Food Sovereignty: A Critical Dialogue. International Conference Yale University. September 14-15, 2013.

 

MARTÍNEZ, M. E. & ROSSET, P. (2011). Del conflicto de modelos para el mundo rural emerge La Vía Campesina como movimiento social transnacional. El Otro Derecho, 44 (21-57).

 

MCMICHAEL, P. (2013). Historicizing Food Sovereignty: a Food Regime Perspective. Food Sovereignty: A Critical Dialogue. International Conference Yale University. September 14-15, 2013.

 

ORDÓÑEZ, F. (2013). Luchas campesinas y soberanía alimentaria en Colombia. Holt-Giménez, E. (Ed.) ¡Movimientos alimentarios uníos! Estrategias para transformar nuestros sistemas alimentarios (p. 122-133). Bogotá: ILSA y Food First.

 

WOLKMER, A. C. & MACHADO, L. (s.f.). Pluralismo jurídico no horizonte do pensamiento crítico de libertação latino-americana. (documento mimeografiado).

 

Freddy Ordóñez Gómez

Investigador de ILSA

@Freddy_Ordonez