rainforest-384940_1920

Anabel Ford (Universidad de California-Santa Bárbara) y Ronald Nigh (Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social-Sureste) vienen de publicar el libro “El jardín forestal maya: ocho milenios de agricultura sustentable en las selvas tropicales bajas[1]”. Dicha investigación aporta una hipótesis alternativa que desenmascara el supuesto colapso ambiental causado por la cultura maya en el periodo clásico. Ford, arqueóloga que participó en el descubrimiento de la ciudad maya de “El Pilar”, y Nigh, antropólogo estudioso de la milpa maya desde hace 40 años, presentaron su método de análisis con el que demuestran cómo los conocimientos tradicionales de la milpa-maya ancestral continúan permeándose hasta el manejo agroecológico de algunos de los grupos campesinos mayas que habitan actualmente el Petén Guatemalteco, Yucatán y la Selva Lacandona en México.

 

Los datos que sustentan la investigación se colectaron a partir del análisis del paisaje y de los patrones en asentamientos arqueológicos, información ambiental que data de 10 mil años atrás y de etnografías con campesinos. Su motivación fue indagar sobre la forma de vida de los mayas durante el periodo clásico a fin de desmitificar la idea de que fue la práctica agrícola de los mayas la que destruyó la selva. Según el libro, los primeros pobladores llegaron al continente americano desde hace más de 12 mil años cuando el clima mesoamericano todavía era seco y templado. No fue sino hasta el 4 mil años AC que se generó un cambio climático que permitió la expansión de la selva tropical. A partir de ahí, los pobladores mayas adaptaron especies vegetales en sus ecosistemas a partir de la observación. Por ello, concluyen, los mayas fueron parte del proceso eco-social que permitió la generación de la selva.

 

La investigación aborda a la milpa sólo como uno de los componentes de todo un conjunto de agroecosistemas que gestionaban y que todavía controlan en la práctica los mayas actuales. Por ello, cuando los españoles llegaron al “nuevo mundo” a penas comprendían el funcionamiento de las selvas bajas “no entendían de dónde provenían los alimentos” se argumenta. Los españoles metieron al ganado en donde estaba la milpa-selva baja, quitando con ello la oportunidad de reproducir el ciclo alimentario de los locales. La milpa maya como mecanismo de conservación era y es un generador de biodiversidad y de renovación endógena de la fertilidad del suelo, estrategia todavía útil y necesaria para el futuro de la humanidad en los procesos de restauración ecológica.

 

Existen todavía una continuidad de conocimientos asociados al manejo de la milpa maya como el manejo fuego, “mismo que es todavía muy mal entendido por los agrónomos”. Si bien, sugieren los autores, el fuego puede ser considerado como un elemento destructor del suelo, también puede usarse como una herramienta para donar fertilidad, que de mantenerse bajo no afecta a las raíces y permite retoñar a los árboles aparentemente quemados: “Esto lo sabían muy bien los agricultores mayas, quienes usaban el fuego de forma controlada y en bajas temperaturas. Los expertos manejadores de fuego todavía existen y se les denomina ‘cuidadores del viento’. Ellos saben dispersar y utilizar el fuego desde un manejo agroecológico que permite reverdecer en poco tiempo la parcela y con cientos de plantas útiles y un conjunto de árboles que aumentan la velocidad de regeneración en tan sólo 12 años”.

 

Los autores de “El jardín forestal maya” concluyen que este tipo de manejos de los agroecosistemas muestra la sabiduría, experiencias y conocimientos de los mayas. De hecho polemizan: “en el tiempo del periodo clásico maya, el manejo de la milpa-selva permitió que a pesar de la alta densidad poblacional, hubieran alimentos para todos los habitantes. Nunca hubo una deforestación generalizada como sostiene la hipótesis más difundida, sino que la destrucción inicia con la llegada de los españoles y sus sistemas de producción ganaderos”.

 

En contraposición, la hipótesis alternativa explica la decadencia maya a causa de una descomposición de la relaciones de poder al interior de la organización política y social del gobierno maya clásico. El colapso duró entre 100 y 150 años en donde las elites se dedicaron a realizarse la guerra, y a malgastar los excedentes descuidando las necesidades del pueblo. Los campesinos se cansaron de sostener un sistema político que los explotaba y se fueron a las montañas con sus semillas de maíz y conocimientos “el maíz y la milpa maya les permitieron una autonomía frente al estado maya”, apuntan.

 

El libro de Ford y Nigh nos aporta varias ideas potentes: los mayas no eran una cultura destructora de la selva sino que el desastre ecológico se dio a causa de la ganadería introducida por los españoles. Por el contrario, los mayas crearon y enriquecieron la selva a través del manejo de conocimientos, y el manejo de milpa permitió a los campesinos una autonomía frente a las élites mayas.

 

El manejo de las selvas para los mayas sigue vigente en varios de los estudios de casos analizados recientemente. Desde entonces hasta hoy, los conocimientos mayas incluyen la reproducción de plantas comestibles, de arbustos medicinales, de árboles maderables y frutales, de palmas textiles, de pastizales, entre otras. Fundamentalmente los resultados de la investigación aportan una mirada hacia los mayas desde el manejo complejo de otros elementos como el fuego, las pendientes, la luz y la sombra y las interacciones entre insectos, animales, e incluso de polen.

 

En sí, este libro resulta transcendental porque sus autores nos muestran que los mayas eran y siguen siendo campesinos y campesinas maestros que manejan la selva y adaptan las plantas útiles al clima. Dicho conocimiento les permitió la intensificación de sus sistemas productivos y el maíz suficiente para sostenerse. Desde entonces y todavía en algunas regiones, los campesinos y campesinas mayas utilizan manejos de los agroecosistemas que indican una relación estrecha entre la naturaleza y la cultura, son por ello, historia viva.

 

La investigación muestra que la mayor amenaza a la conservación de la selva fue y sigue siendo la pérdida de conocimientos tradicionales a causa de transferencias inducidas desde un modelo cultural y técnico dominante. El libro aporta con ello una ranura en la grieta de las interpretaciones históricas y nos permite visualizar una esperanza para reconocer el conocimiento ancestral y a los campesinos como sujetos sociales. Este texto resulta alentador en un contexto como el actual que requiere de un cambio de percepción que menosprecia los conocimientos agrícolas tradicionales como elementos para superar la crisis sistémica en la que nos encontramos. Es por ello que resulta una obra de lectura obligatoria.

 

 


[1] Ford. A y R. Nigh (2015) The Maya Forest Garden: Eight Millennia of Sustainable Cultivation of the Tropical Woodlands” Walnut Creek, CA: Left Coast Press

DEJA TU COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí