No hay dos en el mundo entero

ni hay sol que brille mejor

si aquí la Virgen María

dijo que estaría, mucho mejor,

porque, claro, vamos hombre,

¡como México no hay dos!

Letra de la canción de José “Pepe” Guízar

 

El espacio Latinoamericano se distingue del resto del mundo, no sólo por su nivel de desigualdad social, sino también por la cantidad de capitales financieros que se han fugado por vías ilegales e ilegítimas[1], pero, como nos lo recuerda una vieja canción: “Como México no hay dos”.

 

 

El promedio anual de la suma de fuga ilícita de capitales de México (102 mil millones de dólares) se ubica en el tercer lugar de la lista mundial (sólo precedido por China y Rusia); es también la hemorragia más grande de todos los países de América Latina y el Caribe[2]; su valor es mayor al PIB de 26 de los 32 países y casi la suma del PIB de todos los países de Centroamérica.

 

Esta fuga de capitales equivale al 10.5% del valor promedio del PIB de México, para el periodo 2003-2012, y comparativamente con Brasil, segundo país con la mayor fuga de capital de América Latina y el Caribe, la fuga es más de dos veces el tamaño de la fuga brasileña.

 

Una parte fundamental de la fuga ilegal de capitales en México lo constituyen los 44 mil millones de dólares, promedio anual, derivado de la falsificación (o alteración subvalorando o sobrevalorando) facturas con respecto al valor real de bienes o servicios del comercio internacional, conocidos como precios de transferencia.

 

 

Esta fuga de 44 mil millones es equivalente al 8.3% valor total de comercio internacional (532 mil millones de dólares en exportaciones más importaciones) que hacen al espacio de México primera plataforma comercial del subcontinente, o 34.5 del total de comercio de América Latina y el Caribe. Obviamente, este volumen esta dominado por capital trasnacional, sobre todo en las ramas de manufactura de productos eléctricos-electrónicos, automotriz y aparatos mecánicos (55% del total). Muchas de las empresas trasnacionales de estas ramas y sus bancos tienen records internacionales de planificación fiscal agresiva, uno de cuyos instrumentos comunes son precisamente los llamados precios de transferencia.

 

En términos comparativos con Brasil, segundo exportador en la lista latinoamericana, aunque el volumen absoluto promedio de la fuga por precios de transferencia (20 mil millones) es un poco menos de la mitad de la fuga de México, su proporción es 6.9% respecto al valor promedio del comercio.

 

La dimensión y reto de la hemorragia hacia el interior

 

En términos comparativos internos, la fuga de capitales ilícitos (10.5% del PIB) es un poco más de la mitad del porcentaje de recaudación tributaria gubernamental (18.2% del PIB), y 3.7 veces mayor al gasto en seguridad social (2.8% del PIB), el doble del gasto en educación (5.1%del PIB).[3] O mayor que el saldo de deuda pública.

 

En otros términos, si tan sólo se redujera a la mitad el actual volumen de fuga ilegal de capital, México podría disponer de mayores recursos fiscales para subsanar el déficit presupuestal, ampliar y mejorar los servicios públicos, e iniciar, por ejemplo, a “cerrarle la llave” a una de las fuentes de los delitos patrimoniales y del crimen institucionalmente organizado.

 

 Para esos propósitos, México tendría que adoptar una política de control, regulación y transparencia de los flujos de capital, y de auditoria real de los flujos comerciales y de control de las actividades del crimen organizado; así, la recuperación fiscal del flujo de capitales fugados también podría ser una buena base para enfrentar el gravísimo problema de descapitalización de los fondos de pensión y jubilación[4], o del amenazante nivel alcanzado por la deuda pública: 32.7 % del presupuesto federal (4.5 billones de pesos saldo interno, 81 mil millones de dólares saldo externo)[5]   

 

La descapitalización de esos fondos, o el crecimiento de la deuda pública, producto de una compleja mezcla de corrupción, imprevisión presupuestaria y erróneas políticas fiscales y de gasto, significa restar fondos a los ya de por si erosionados servicios públicos y pretexto para profundizar endeudamiento externo y privatización de obligaciones gubernamentales, mediante las infames política “público-privadas”.

 

Una vez más, México no sobresale por sus éxitos en desarrollo, justicia y democracia, sino en políticas antipopulares y corruptas que impiden enfrentar los problemas sociales y ambientales de los mexicanos. México no es ejemplo de éxitos como presumen sus gobernantes, sino de fracaso para la población y gran negocio ilícito para las corporaciones trasnacionales.

 

Alejandro Villamar / RMALC / Ciudad de México 03/10/2015

http://www.rmalc.org.mx / alermalc@gmail.com

 

(Mi agradecimiento a A. Arroyo, por sus valiosas observaciones)



[1] Véase “La hemorragia latinoamericana producida por los Flujos Financieros Ilícitos”. 2015. A.Villamar. web rmalc.

[2] La fuente original de los datos básicos proviene de Global Financial Integrity, disponible en: http://www.gfintegrity.org

[3] Revenue Statistics, Comparative Tables  OECD. https://stats.oecd.org/Index.aspx?DataSetCode=REV

[4] Nueva seguridad social y la crisis de las pensiones. New social security and pension crisis. 2013. Pedro Vásquez Colmenares G. Economía, UNAM  Volumen 10 Núm. 28 http://www.economia.unam.mx/publicaciones/nueva/econunam/28/04pedro.pdf

[5] Saldos de la Deuda Neta del Gobierno Federal 1990-2015. Centro de Estudios de las Finanzas Públicas.

http://www.cefp.gob.mx/Pub_Ingresos_Estadisticas.htm