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 La problemática de los refugiados sirios, así como de otras nacionalidades, pareció de repente tomar carácter urgente con la desgarradora foto de Aylan Kurdi, el niño de tres años encontrado ahogado en las playas de Turquía. Aylan es la caracterización de lo que en nuestra época pareciera tomar un rumbo descontrolado: lo que no aparece en las redes sociales y en una imagen que llega a las primeras planas no existe o no es digno de consideración.

 

El número de refugiados, tanto sirios como de otras partes del mundo viene en aumento, llegando a cifras record de casi 60 millones de desplazamientos forzados en el año 2014. Esto da cuenta de una profunda crisis humanitaria que necesita de soluciones urgentes. Sin embargo, pocos se han puesto a analizar en profundidad las causas de esta situación.

 

Una problemática que comenzó hace un siglo

 

Dicho burdamente, 60 millones de refugiados no nacen de un repollo y detrás de Aylan, y de miles de imágenes conmovedoras, está el mismo problema que sacude al continente africano y asiático desde la Primera Guerra mundial y la caída del Imperio Otomano, el cual se disgregó en países con fronteras dibujadas en las oficinas del Foreing Office y la III República francesa.

 

El drama de Aylan comenzó cuando las entidades estatales árabes, creadas artificialmente, se sometieron al poder colonial bajo imposición e imitación de las costumbres e ideologías occidentales. Trataron luego de reformularlas bajo el panarabismo y el corto período donde se intentó recrear esa fragmentada unidad árabe bajo el experimento fallido de la República Árabe Unida (entre Egipto y Siria).

 

La imposibilidad de desarrollar la vía árabe al socialismo terminó de cimentar las bases para la Infitah (apertura) y la intromisión salvaje del neoliberalismo en la región.

 

Así, el drama de Aylan no termina con que las potencias occidentales se hagan cargo de sus errores y abran las puertas de sus casas y fronteras a los millones de refugiados de Medio Oriente y África. El drama termina cuando esas personas puedan volver a sus casas y tener una vida digna en sus países.

 

Cuando el imperialismo mete la cola

 

El enfoque de la mayoría de los análisis pierde de vista esta cuestión: no se trata de que toda la población siria se mude a Alemania, se trata de que las potencias occidentales y regionales no se entrometan en los asuntos internos de estos países, que generaron y generan desde hace cinco años esta crisis humanitaria.

 

El proceso es complejo y tiene tantas aristas y actores como refugiados podríamos contar. La aplicación violenta de la democracia (neo)liberal en toda la región, luego de la invasión norteamericana en Irak en 2003 propició el desgaste y posterior caída de regímenes que llevaban más de 30 años en el poder y que habían jugado distintos roles en la consolidación del poder unipolar de los Estados Unidos en Medio Oriente, luego de la caída de la Unión Soviética.

 

La mal llamada “Primavera Árabe” terminó de ser un crudo invierno para la población de todo Oriente Medio, pero sobre todo para determinados países, que se niegan a acatar los lineamientos de la política regional dictados por el Concejo de Cooperación del Golfo (CCG) con Arabia Saudita a la cabeza, la cual se opone a todo partido que tenga relación o vaya en la línea del islamismo propuesto por la Hermandad Musulmana.

 

Su intento por liderar la región en contraposición a la República Islámica de Irán, ha generado una guerra fría interregional que pocos conocen y que ha influido en todos los conflictos de la región, desde Yemen con los Houthies, Egipto con el golpe de Al-Sisi, hasta la fragmentación de Libia.

 

El caso donde más crudamente puede verse esta intromisión es en Siria, donde el objetivo central de la Casa de Saúd fue siempre y principalmente derrocar a Bashar Al-Assad del poder, gobierno que es fuertemente sostenido por Irán.

 

Desde las monarquías petroleras se financió a diferentes sectores de la oposición con armamento y entrenamiento militar, en pos de que su grupo opositor tomara el poder y se volcara a favor de dicha monarquía.

 

La crisis humanitaria

 

Siria es el país que, a nivel mundial, ha generado el mayor número tanto de desplazados internos (7,6 millones), como de refugiados (3,88 millones al final de 2014). Afganistán (2,59 millones) y Somalia (1,1 millones) son los que le siguen. A su vez, según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, las regiones en desarrollo acogen al 86% de los refugiados del mundo.

 

La crisis en Siria comenzó en 2011 en el marco de la llamada “Primavera Árabe”, un proceso de levantamientos populares en toda la región, en contra de gobiernos que se habían mantenido en el poder durante décadas y que no habían podido satisfacer las demandas de desarrollo e inclusión de sus sociedades.

 

El giro que tomó luego, denominado por los países occidentales como un pedido de “democratización”, propició la intromisión a partir de fundaciones, préstamos y consultorías en vistas a “modernizar” las instituciones de dichos Estados, volviéndolas más propensas a las políticas liberales. La tesis era la misma de siempre: a mayor apertura y “modernización” de los mercados, habría mayor democracia. Lo ocurrido fue el derrocamiento violento de gobiernos (Irak, Egipto) y la imposición de modelos ajenos a los desarrollados hasta entonces.

 

Tanto en Túnez (considerado por las potencias como el “proceso exitoso”) como en Egipto e Irak, esta apertura a los mercados y la desarticulación de las estructuras sociales y políticas se hizo con éxito. En Siria se dio un estancamiento, en tanto diferentes potencias tanto regionales como externas “sostienen” al gobierno o a determinados sectores de la oposición, por lo tanto se ha producido un enfrentamiento que aún no tiene un bando ganador.

 

Actualmente hay más de mil grupos armados en Siria, que responden principalmente a 23 grandes organizaciones.

 

El factor Estado Islámico

 

La población siria quedó presa de estos enfrentamientos, complejizados aún más por la aparición del Estado Islámico, que ante la coyuntura logró tomar casi un tercio del territorio de Siria e Irak, consolidándose como un proto-Estado dentro de otros dos.

 

Éste ha desarrollado herramientas de gobernanza que le permiten cooptar el apoyo de la población bajo su control, más allá de la coerción, que por supuesto existe. Su surgimiento en el marco de la llamada “Primavera Árabe”, la naturaleza de su esencia política y la confusión que genera en la política exterior de los Estados de la región y Estados Unidos hacen parecer de manera simplista que el desencanto político generado por el fracaso de los procesos (impuestos) de democratización ha decantado en su conformación.

 

Entender al Estado Islámico como parte y como consecuencia del particular desarrollo histórico de la región y de la fractura de su entramado social, que determinados gobiernos ayudaron a pergeñar, y que hoy son extremadamente difíciles de revertir, nos puede dar algunas pistas sobre el carácter del conflicto en Siria pero también en todo el Medio Oriente y las naciones oprimidas en general.

 

Las consecuencias e impacto regional que puede llegar a tener la consolidación del Estado Islámico como una nueva entidad estatal en el corazón de Medio Oriente solo lo podrá determinar el tiempo.

 

Ana Schinder

Licenciada en Ciencia Política, docente de la cátedra Sociología de Medio Oriente (UBA)

@anispokis

 

http://notas.org.ar/2015/09/14/imperialismo-medio-oriente-fallida-primavera-arabe-crisis-refugiados/

 

Foto: ACNUR