Los días que restan de agosto serán de una intensa e inusitada propaganda oficial en torno a los hechos del titular del Ejecutivo federal por la presentación del III Informe de Gobierno al Congreso de la Unión. Evado el uso de la expresión rendición de cuentas porque tal ejercicio es propio de países que cuentan con división de poderes y donde el presidente tiene contrapesos institucionales y en la sociedad, realidad cotidiana en otras latitudes pero de la que México aún está un poco lejos con todo y los avances de las décadas recientes.

 

            Después de presentado el texto presidencial seguirá un septiembre saturado de una ensordecedora campaña publicitaria, en medio del llamado fervor patrio, que magnificará los resultados de Enrique Peña Nieto como sin precedente en tantas décadas, como indican los anuncios con tonalidades diversas de los últimos 31 meses,  particularmente en semanas recientes.

 

En estas materias todo se vale y es permitido por más reformas estructurales habidas y por haber, incluida la muy festejada de las telecomunicaciones. El todopoderoso duopolio de la televisión, con una quincena de plutócratas como propietarios, y el oligopolio de la radio a cargo de una docena de familias, permite tener bajo control estos instrumentos de la propaganda para la gobernabilidad, para el éxito político y económico de tal o cual grupo gobernante, provenga de los partidos tricolor o blanquiazul, del supuesto nacionalismo revolucionario o del nuevo liberalismo globalizador.

 

De tal manera que Felipe Calderón Hinojosa fue de los pocos presidentes que publicitó una obra que jamás realizó y para la que se compró el terreno y construyó una barda, que aún debe el gobierno federal, para la construcción de una refinería en Hidalgo.

 

El señor también conocido como soldadito de plomo (o de pomo) pasea por México y el extranjero con recursos públicos sin que nadie lo moleste ya no digamos por aquella pifia, sino por el baño de sangre, muerte, desaparecidos y desplazados que resultaron de su guerra contra el narcotráfico, principalmente para encaramarse en Los Pinos con el apoyo de la Casa Blanca, la auténtica, la de George W. Bush, para pagarle esta factura y ganar la legitimidad que no obtuvo en las urnas.

 

Es oportuno recordar que Manlio Fabio Beltrones, el que ahora presume de modernizador, fue importantísimo aliado de Calderón hasta el punto que varios analistas lo consideraron vicepresidente durante 2006-12.

 

Comenzó el día 24, pues, una vigorosa campaña televisiva y radiofónica que puede denominarse los compromisos y los resultados, las palabras y los hechos. Muy parecida a las que Peña Nieto realizaba en el estado de México como gobernador, en un sexenio más lleno de oscuros que de claros, pero eso sí con muchísima propaganda. Un experto como Jenaro Villamil estima que la de 2012 fue la primera campaña presidencial en la que su triunfador resultó del Sexenio de Televisa. Conjuras del poder mediático.

 

Lo que en materia publicitaria (comunicación social) brindó buenos resultados en territorio mexiquense no necesariamente pueden repetirse ahora, cuando más le urgen al grupo gobernante en medio de la severa crisis de confianza que padece, y la que atenaza al país en materia económica y de los derechos humanos. Además de que el México de hoy es más informado, demandante, diverso y contestatario que la entidad mexiquense de 2005-11. Pareciera que no se percatan y por ello se dan de topes con la compleja realidad.

 

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