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Juan Orlando Hernández con John Dimitri Negroponte en el Foro de las Américas

 

Las políticas neoliberales necesitan de gobiernos autoritarios y violadores de derechos humanos y garantías constitucionales para tener plena vigencia. Ello es contrario a la prédica de Hayek y Friedman en el sentido que el poder económico y el poder político no deben estar concentrados en una sola persona o gobierno ya que es un paso más a la tiranía y dictadura. La tiranía tiene aquí una connotación económica al referirse a los controles de precios y al comercio que impone el gobierno, pero también política en tanto se violan reglas del juego democrático y las libertades públicas.

 

Con el Golpe de Estado al presidente democrático de Salvador Allende, esta prédica quedó en el cesto de la basura, ya que el autoritarismo y los valores antidemocráticos sirven mejor al modelo neoliberal, sus promotores internos y capital transnacional. Incluso, el propio Milton Friedman en más de una ocasión explicó que una cosa es la teoría y otra es la práctica, al alabar el programa de ajuste económico de Pinochet. Lo que importa es estabilizar la economía, retomar el ritmo de crecimiento económico sobre la base de la inversión extranjera, achicar al Estado para ampliar la libertad del mercado y garantizar derechos de propiedad y la seguridad de los bienes y las personas.

 

Para los neoliberales, los golpes de Estado y las catástrofes naturales en vez de ser una amenaza para el sistema de economía de mercado, es una oportunidad para poner en práctica sus políticas. Un libro ya clásico sobre el tema de Naomi Klein “La Doctrina de Shock “(Paidós: 2008) demuestra  cómo estas crisis reales (ejemplo el golpe de Estado en Chile y el paso del huracán Katrina en EEUU) fueron aprovechadas para privatizar empresas y servicios públicos y eliminar la injerencia del Estado en el mercado en beneficio del capital transnacional y socios locales. Mientras la población espera que se atiendan sus necesidades más elementales como techo, comida, vestuario, salud, educación, los neoliberales usan los recursos y el poder del gobierno en reasignar recursos públicos para ser aprovechados por empresas privadas.

 

Después del golpe de Estado de 2009, el caso de Honduras no es la excepción. Por un lado, se utilizó el expediente de endeudamiento  externo e interno para el control social y político de la población, represión y violación de derechos humanos, ensanchando los presupuestos del Ministerio de Defensa y Seguridad en detrimento de la salud, educación y seguridad alimentaria del pueblo hondureño. La deuda externa aumento de 2,847.4 millones de dólares en 2010 a 5,192.8 millones de dólares en 2013, o sea 82.4%.; igual lo hizo la deuda interna al pasar de 1,956.4 millones de dólares a 3,057.4 millones de dólares, un aumento de 56% (cifras de prensa).  La mayor parte de este endeudamiento se considera ilegitimo ya que no se sabe en que se gastó y quién o quiénes se quedaron con los recursos. El asalto de los fondos de pensiones y aseguramiento social fue evidente, y todavía el gobierno da “palos de ciegos” por tapar la olla de la corrupción donde el pueblo exige castigo a los verdaderos culpables, caso de políticos, empresarios y banqueros corruptos.

 

Pareciera que el gobierno de Pepe Lobo preparó el camino al nuevo gobierno y reelección al profundizar la crisis económica y financiera, como también la práctica de la corrupción e impunidad. La deuda externa creció a la par del desempleo con más de 2.4 millones de hondureños con problemas de empleo, pero los recursos no se destinaron ni destinan a financiar la inversión pública sino a  la campaña política, un programa de compensación social fracasado (léase bono diez mil), cubrir las pérdidas y deudas de las empresas públicas y financiar proyectos avalados por el Congreso de la Republica para beneficio de empresarios y políticos de turno. Después del golpe de Estado hay nuevos ricos en Honduras, sin que los órganos contralores den cuenta de ello.

 

La inestabilidad económica y financiera manifiesta en fuertes desequilibrios fiscales y monetarios y la batería de paquetazos (sangrar al pueblo y empresarios honestos) no fue ningún impedimento para acelerar el aperturismo a la inversión y capital extranjero, violar la soberanía nacional, debilitar el Estado y los programas de desarrollo social.  Destacan leyes leoninas como la de empleo por hora, las ZEDEs y ley de minería, cuestionadas por organizaciones de sociedad civil y derechos humanos. La crisis fiscal y financiera conspiró contra los pocos esfuerzos para dinamizar los sectores productivos, por lo que las leyes anteriores se pensaron para el nuevo gobierno; o sea como antesala (crisis) a la profundización del modelo neoliberal.

 

Antes de la toma de posesión del presidente Hernández se aprobaron nuevas leyes, entre las que destacan la nueva ley de ajuste fiscal  (¿Ultimo trancazo endosado a Pepe Lobo?) que aumenta el impuesto sobre ventas de 12% al 15%, la Ley Hipoteca que permite hipotecar los bienes y recursos del Estado hondureño a futuro, privatizaciones de empresas públicas y despido de empleados  y la eliminación de subsidios, como medio para allanar el camino  a la firma de un convenio con el FMI. Se autoriza que el presidente de la Republica maneje su propio Sistema de Administración Financiera (SIAFI) como competencia exclusiva de la Secretaria de Finanzas (SEFIN) para asignar y control fondos de presupuesto público y el uso directo de los fondos de la Tasa de Seguridad (TASON), más la  eventual aprobación de una nueva Ley Marco de Protección Social que privatiza la seguridad social y salud en Honduras.

 

El problema es de tiempo, ya que  para el presidente Hernández y los  aprendices de “Chicago  Boy”,  los frutos de estas leyes, políticas y demás intervenciones se miran después de cuatro (4) años de gobierno. Se necesita, al menos, un periodo más para que los frutos de las políticas neoliberales diseñadas sean más visibles en la población. El zarpazo a la Constitución de la Republica por la  Sala Inconstitucional de la Corte Suprema de Justicia que permite la reelección presidencial va en esa dirección. Solo el presidente Hernández y nadie más, puede garantizar que Honduras no se desvíe del rumbo seguido después del golpe de Estado. Esta es la consigna cachureca neoliberal, por lo que todos deben alinearse con las actividades y acciones que ejecuta el presidente de todos los hondureños.

 

Está pendiente la construcción del Aeropuerto  Palmerola y la llegada de nuevos marines, la explotación de las maravillosa Ciudad Blanca en la Mosquita, todavía no se ha anunciado la existencia de petróleo comercial por la empresa inglesa concesionaria, hay varias solicitudes para adquirir partes o pedazos del territorio nacional por empresarios chinos, canadienses y norteamericanos, el Canal Seco no se ha concuido.ni el puerto en Amápala, el Patuca III ha llevado más del tiempo previsto, los fideicomisos de las empresas públicas son lentos, el RD-CAFTA todavía no ha dado los frutos esperados, la devaluación acelerada necesita ser concertada, el sector informal pagará impuestos pero en forma gradual; la Alianza para la Prosperidad ha sido cuestionada por la corrupción, falta plata para el tren interoceánico; etc. 

 

El presidente Hernández ha manifestado que no es tiempo para hablar de reelección pero considera apegada a derecho la decisión de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia que le favorece. La empresa privada hondureña (no toda)  a través de su presidenta  llama a acatar el fallo y la Embajada Americana dice que lo está estudiando y  pronunciará después. El expresidente Zelaya dice que el fallo le favorece, pero sus compañeros de lucha en LIBRE se pronuncian en contra y no debe seguirle el juego al Partido Nacional. Se espera un pronunciamiento contundente de los obreros y maestros, arrinconados con el problema de la corrupción del IHSS y perseguidos por el Ministro de Educación. Don Miguel Facusse, todavía el mandamás en Honduras, dice que Juan Orlando debe continuar y Rafael Callejas anda en campaña política para que no haya resentimiento con el presidente después del fraude electoral que le recetó al Ricardo Álvarez, a su juicio el ganador de las internas del Partido Nacional.

 

Son fuerzas oscuras las que están detrás de la relección presidencial. Pero lo único seguro es que todos los neoliberales del mundo están a favor; todo lo que hace y dice Juan Orlando Hernández es música pasa sus oídos. A ello se debe la atención prestada por John Dimitri Negroponte Exembajador en Honduras a su discurso en el Foro de las Américas.  Por lo pronto, se ha creado un Frente Nacional para la Defensa de la Constitución y hay vientos de esperanza ya que el presidente de la Corte Suprema de Justicia dice que todavía falta revisar el fallo por el pleno para no cometer un delito de traición a la patria, lo que trasladaría el debate al Congreso de la Republica de donde no debió salir según la Carta Magna.

 

Tegucigalpa, DC, 30 de abril de 2015.