El subsecretario de Estado para asuntos de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo de Estados Unidos, Tom Malinowski, dijo al concluir una visita oficial a México que su impresión del gobierno “es que tiene disposición y apertura para atender los serios retos en materia de derechos humanos”.

 

Pero dijo todavía más. Tras los casos de Tlatlaya (estado de México) y Ayotzinapa (Guerrero), México se “encuentra bajo fuerte escrutinio de la comunidad internacional” y confió en que las elecciones del primer domingo de junio “traigan de alguna manera efectos positivos para acabar con la tradición de impunidad que hay en el país en materia de violación a los derechos humanos, corrupción, desapariciones, secuestro y tortura”.

 

Momentos antes de concluir una visita de trabajo a México, donde se reunió con funcionarios e integrantes de la sociedad, además del grupo de expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para revisar diversos hechos, Malinowski estimó que se trata de “un momento interesante” porque “el mundo entero ha estado al tanto de lo que pasó en Iguala” y otros “emblemáticos incidentes” que “involucran a perfiles muy altos”, actos que no son “adecuadamente investigados ni sancionados” y que “deben resolverse para mantener el Estado democrático”.

 

Ya como vocero no sólo del gobierno de Barack Obama sino incluso de la aldea, juzgó que “La comunidad internacional entiende que estos casos son manifestaciones de profundos y viejos problemas, al mismo tiempo ha sido testigo de la reacción social y del propio gobierno mexicano que reconoce que tiene un problema de violación a los derechos humanos, de desapariciones, tortura, corrupción y falta de rendición de cuentas”.

 

Informó, además, que “Sostuve diálogos francos con el gobierno de México y quedé impresionado por su apertura y disposición para hacer frente a los serios retos que tienen en materia de derechos humanos. Asimismo dialogué con representantes sociales y quedé impresionado de su compromiso de trabajar por un cambio positivo”.

 

Hasta aquí resulta difícil no coincidir con los juicios sobre México y el estado en que se encuentra el ejercicio del derecho humanitario, la democracia política y las percepciones sobre ella, locales y allende fronteras. Pero es imposible no reparar que se trata de un alto funcionario de Washington, donde residen los poderes institucionales del imperio más injerencista y agresivo acaso en la historia de la humanidad.

 

Por ello, el subsecretario trascendió los diagnósticos que no le competen ni a él ni a su gobierno hacer, y trazó un lineamiento. “La clave es aplicar compromisos y leyes de manera que el cambio llegue a la gente en todos los rincones de México. En Estados Unidos estamos listos para trabajar por un cambio positivo con el gobierno y la sociedad de México”.

 

Cambio que implica que “las autoridades deben reaccionar mucho más rápido cuando haya denuncias de desaparición”, que tiene a su servicio la “Iniciativa Mérida y otros programas”, justamente parte de la raíz que generó el desastre de México en derechos humanos desde que emprendió la “guerra contra las drogas” para satisfacer necesidades estadunidenses. Estrategia que aún suscita un baño de sangre por hacerle el trabajo sucio a USA para proteger sus fronteras, asegurarle el abastecimiento de narcóticos, y mantenga intocada su gigantesca lavadora y ascendente el turbio negocio de las armas.

 

Dijo bien Tom Malinowski: “Dependerá de las autoridades mexicanas si los aceptan. Ahora encontré más apertura de la que había en administraciones pasadas”.

 

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