La tradición política mundial occidental, nos enseña que los liderazgos tienen procesos históricos largos, propios, genuinos y con sus típicos niveles distintos de otros. Evo Morales responde precisamente a ese modelo tradicional occidental. Tardó algo más de 20 años en su lucha sindical (que es modelo de organización occidental), para encumbrarse después como presidente de Bolivia. Lo importante es subrayar que tuvieron que pasar dos décadas de luchas y persistencias políticas, hasta llegar a la presidencia. Es decir no fue una casualidad, ni un accidente de por sí. Existió una inversión de mucho tiempo y constancia, en el sentido occidental, para lograr resultados claros en lo político. En general los procesos de generación de liderazgos implican entonces altos grados de inversión de tiempo, propuestas políticas, constancia de muchos años e idealmente coherencia en las acciones políticas.

 

Las elecciones pasadas regionales, reflejan precisamente que esa tradición de generación de liderazgos no fue respetada. Se intentó inventar liderazgos en la confianza del proceso, en función del ambiente y la seguridad del proceso; pero no se pueden saltar fácilmente aspectos sociales complejos como legitimidades y representaciones espaciales sociales, como si se tratara de simples juegos y artificios sociales comunes. Y vemos con absoluta claridad que elementos como coherencia y legitimidad social siguen siendo claves importantes, a la hora de pedirle al pueblo su voto de confianza.

 

Es cierto también que en la tradición occidental no se aprende del pasado, o que la historia no sirve precisamente como fuente de aprendizaje. Guerras mundiales, masacres, dictaduras y terribles lacras sociales son todavía constantes, porque la civilización occidental no aprende de sus errores por su enfermedad de perseguir el futuro ciegamente, torpemente y totalitariamente.

 

En el caso de Bolivia quiénes definen procesos políticos, deberían tener presente que no solamente tenemos precepciones occidentales, sino también percepciones de distintas culturas que no tienen nada que ver con las visiones clásicas de la modernidad occidental. Se sigue actuando totalitariamente respecto de las percepciones culturales y políticas, no se respeta lo pluri multicultural aunque en los papeles las lindas palabras expresan nuestras realidades más o menos con cierta claridad.

 

El gringo Sánchez de Lozada nunca entendió de nuestras culturas, y eso le costó trágicamente su gobierno. Los mensajes que nuestros pueblos han lanzado ayer en las elecciones, tienen las mismas características que a los políticos clásicos occidentales. Y si no se actúa con urgencia en temas concretos como el de la corrupción, se puede decir con bastante tiempo de anticipación que las tendencias políticas iniciadas el día de ayer son irreversibles. Ya anunciaron en los municipios de Cochabamba y el Alto La Paz, quiénes ganaron las elecciones la realización de auditorías especializadas para descubrir los grados de corrupción ocurridos.

 

Las experiencias políticas pasadas, en Bolivia y a nivel mundial, tienen ciertas características básicas que se deben leer. Y en lo posible aprender. No existen fundamentalismos ideológicos por tiempo indefinido, aún si fueran los ideales y que respondan claramente a las exigencias de sus poblaciones. Sus tiempos definidos llegan a lo sumo a los 30 años, después vienen las decadencias y las devaluaciones normales.

 

En el caso de Bolivia los tiempos son más cortos todavía porque las poblaciones son más exigentes, pues los grados de pobreza e insatisfacciones económicas son enormes. Y si esas exigencias no son atendidas con prontitud las reacciones son en cadena. No hemos tenido procesos (de un solo grupo político) largos ni siquiera de 20 años, por los temas económicos y sociales. Las exigencias de alternancia política son fuertes, y muchas veces contundentes. Todavía peor cuando las incoherencias son más que las coherencias.

 

 En definitiva los liderazgos son importantes cuando estos son genuinos, y que respondan a sus propias lógicas culturales. En Bolivia adolecemos ya hace tiempo la falta de nuevos liderazgos, éticos, políticos, profesionales e intelectuales. Que los mensajes enviados por el pueblo, en las elecciones de ayer sean consideradas por los estrategas educativos y políticos, sino seguiremos en ese rito costumbrista occidental de no aprender del pasado, y de seguir tropezándonos en las mismas piedras.

 

La Paz, 30 de marzo de 2015.

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