En estos días que conmemoramos el 35 aniversario de Monseñor Romero vamos a recoger, no solamente lo que los comunicadores sociales dicen de su persona sino que además se apropian de su vida, mensaje y testimonio haciéndolo su patrono. Y más que eso lo fundamentan y dan sus razones para justificar tal elección: “queremos fijarnos en una faceta de su vida que ha podido pasar más desapercibida. Queremos resaltar la dimensión comunicativa de su misión pastoral. Así proponemos a Oscar Romero, en el tiempo de la comunicación digital, como el patrono de la comunicación cristiana”.

 

¿Qué razones dan los comunicadores y comunicadoras sociales? Señalan las siguientes:

 

1. Escuchar en el clamor de los pobres la voz de Dios. Los pobres se fueron transformando en el referente de su servicio episcopal. La toma de contacto con la miseria, la escucha del sufrimiento, el asesinato de sus sacerdotes y de tanta gente le llevaron a esta opción preferente por los pobres. Antes de comunicador se convirtió en escuchador, en acompañador de su pueblo.

 

2. Comunicar con los pies descalzos y el Evangelio en la mano. Con sus pies descalzos en la realidad de los pobres comprendió que el Evangelio de Jesucristo era su mensaje. El posicionamiento político no era su punto de partida sino la Buena Noticia de Cristo paciente y sufriente pero también luchador contra el mal, provocador de la fraternidad y forjador de vida.

 

3. Dando voz a los que no tienen voz. En la última parte de sus homilías en la catedral, denunciaba los distintos abusos y asesinatos de la última semana. Allí su voz era prestada a un pueblo silenciado. Había comprendido que el clamor de su pueblo le usaba a él como altavoz.

 

4. Con honestidad desde la fuerza de la debilidad. Quienes conocieron a Óscar Romero señalaban que era de natural tímido, más bien solitario, y de talante dubitativo. Esta forma de ser contrasta con la valentía de sus palabras, su disposición a acoger a tantos y a la fuerza de sus decisiones. Esta distancia tenía que ver con la experiencia de gracia que le transformaba más allá de sus posibilidades.

 

5. La predicación como palabra comunitaria. Romero estaba hecho al estilo directo marcando orientación de fondo. Sin embargo convirtió la homilía en un momento comunicativo. Un texto que preparaba en común, siguiendo la regla de “sentir con la iglesia”, y que después hacía suyo en oración y escritura. Ya no era solo su palabra sino la palabra de la iglesia y del pueblo. Una palabra pronunciada personalmente pero articulada comunitariamente.

 

6. La comunicación como bienaventuranza. En medio de la desolación su mensaje comunicativo era fuente de esperanza. Era consciente que la denuncia no bastaba. Que el Evangelio que llevaba en la mano era una fuerza de futuro. Consolar era una forma de abrir camino, trabajar por la paz era una alternativa a la violencia, tener resonancia internacional era una protección frente a la represión política y militar. Por eso su mensaje era una fuente para soñar desde la fe en Jesucristo. Por eso fue para tantos la fuerza para poder resistir.

 

7. La palabra sellada. Fue la crónica de una muerte anunciada. Incluso tuvo conciencia que aquellos podían ser sus últimos días. Quienes le mataron quisieron eliminar su palabra y su figura, quisieron sellar su boca y su mensaje. La muerte de Romero precipitó el comienzo de la guerra cuando ya no quedaba ningún mediador. Sin embargo, su palabra sellada con su sangre ha sido más escuchada que nunca. Su voz sigue sonando y es la muestra de que la palabra auténtica fructifica más allá de lo que alcanzamos a ver.

 

Radio Progreso y todos los comunicadores que formamos parte de la misma nos identificamos plenamente, asumimos y hacemos nuestro este mensaje que esperamos se haga más universal todavía con motivo de su beatificación para dentro de dos meses. Y, además, nos sentimos orgullosas y orgullosos porque no solamente es mártir y santo, sino también comunicador del Reino del Padre.

 

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