El derecho de pensar es inobjetable, es ilimitado, es absoluto, es íntimo, pero adquiere otra dimensión cuando se exterioriza, se plasma en cualesquiera formas de transmisión de ideas. Esa libertad de emisión del pensamiento es uno de los derechos fundamentales e indispensables para hacer valer las otras garantías individuales y colectivas.

Trascender esa abstracción para concretarla en cualquier forma, lugar o circunstancia ha sido parte de una lucha de la humanidad. Esos esfuerzos sociales por la conquista de derechos se han visto cristalizados en cuerpos legales nacionales al más alto nivel, en declaraciones universales, pactos, convenciones o cartas, para impregnar de obligatoriedad dichos derechos.

El periodismo es una profesión privilegiada. Estamos en contacto diario con la realidad, la que pretendemos reflejar para contribuir en el análisis de los hechos, en la participación social en la toma de decisiones, en el conocimiento de nuestro entorno. Tenemos relación directa con las autoridades, con las organizaciones sociales, con el liderazgo nacional, con fuentes documentales. Podemos investigar y opinar ante un variado público al que nos debemos.

La libertad de prensa, corolario de la libertad de expresión, es un baluarte de la democracia y es una obligación mantener informada a la población respecto de aquellas situaciones que le afectan.

Los y las periodistas y comunicadores somos los intermediarios profesionales entre la realidad que observamos y aquellos hacia quienes dirigimos nuestro trabajo, el que debe estar impregnado de valores y principios éticos, como en cualquier profesión.

En 1946, la Asamblea General de la ONU adoptó la resolución 59 (I), la cual dice que la libertad de información requiere como elementos indispensables la voluntad y la capacidad de usar y no abusar de sus privilegios. Requiere, además, como disciplina básica, la obligación moral de investigar los hechos sin perjuicio y difundir las informaciones sin intención maliciosa.

Dadas las muestras de vulnerabilidad que afrontamos, el escenario en el que debemos ejercer, los abusos y excesos que se cometen por algunas autoridades, agentes del Estado, poderes locales, por criminales y hasta pobladores que violentan, restringen o intentan coartar nuestros derechos, Cerigua presentó la reedición de un Kit de Herramientas de Protección para Periodistas y Comunicadores Sociales, consistente en una Cartilla y Guía Práctica para Periodistas y Medios de Comunicación, un Protocolo con medidas de Seguridad y un Manual con Mecanismos de Protección, que pretenden dar una contribución al gremio para atenuar los riesgos, prevenir los peligros y evitar efectos irreversibles.

El doctor Carranza, representante de la Unesco en Guatemala, expresó en la presentación que la entidad que representa, abanderada de las Naciones Unidas para la defensa de la libertad de prensa, debe dar acompañamiento a este tipo de temas y apoyar de manera sistemática todo el trabajo que se realiza para garantizar las condiciones para el ejercicio de un periodismo pleno y una libertad de expresión que sirva a la sociedad. El embajador de Alemania, Matthias Sonn, saludó la elaboración de estas herramientas y el trabajo realizado para la seguridad de los miembros de la Prensa nacional y señaló que el trabajo de la DW Akademie con Cerigua ha sido muy fructífero.

Los y las periodistas debemos poner de nuestra parte para minimizar los riesgos, pero es el Estado el responsable de garantizarnos la vida y la seguridad.

Guatemala, 9 de marzo de 2015
Ileana Alamilla, periodista guatemalteca, es directora de la Agencia CERIGUA