Existe un primer elemento que solemos situar en el ámbito de “lo endógeno”, pero permítasenos replantearlo como lo global, es la preponderancia de las líneas del imperialismo capitalista para doblegar a nuestros pueblos, en este caso, para golpear a Venezuela mediante una ofensiva total que desmantele su gobierno, sus logros sociales, la conciencia y organización popular, hasta diluir sus tendencias anticapitalistas.
 
En general el dominio de los monopolios trasnacionales y su sistema neocolonial asecha y condiciona la situación de este país. En especial el régimen de Obama y sus aliados occidentales se proponen desmantelar la República Bolivariana porque sus planes de guerrerismo tras la hegemonía mundial les incitan a la ilusión de apropiarse de su petróleo para el caso de extender sus conflictos, preparar su nueva guerra o solventar los distintos problemas socioeconómicos gringos. Su determinación traza parte del contexto en que se desatan los problemas internos de la actualidad venezolana: intervencionismo extranjero, posicionamientos de la Casa Blanca, maquinaciones de sus instrumentos de inteligencia, promoción del golpismo, subsidio a sus agentes locales, provocaciones, emboscadas políticas, amenazas a las alianzas sudamericanas, y la acción política eslabonada contra la nación venezolana.
 
Otra parte de los intrincados problemas –considerando la condición de eslabón en la economía mundial para restablecer o recrudecer la relación de dependencia y el sentido de dependencia respecto del imperialismo y su hegemón estadounidense–; se refiere a la dinámica del capitalismo en Venezuela, su estructura económica supeditada al petróleo, la formación de las relaciones económicas dominantes que arrastran a la sociedad a una situación de frenética carrera tras los procesos del capital (acumulación-explotación), el Estado en medio de procesos disputados e inconclusos, y las condiciones de sojuzgamiento interno que todavía atan a las clases populares a la burguesía dueña de inmensas riquezas en el país. Pero todo esto son verdades de todos conocidas, reproducidas aquí y allá, se les rechace o se acepten son los mismos criterios imperiales en diferentes condiciones.
 
Así se nos presenta una cadena de conflictos de clases en tiempo real, arreciando la ofensiva de las fuerzas burguesas para agotar las perspectivas sociales del pueblo. Unas fuerzas manifiestamente militantes de derecha y otras apostadas como tendencias incrustadas en la vida nacional, aunque al fin y al cabo todas pujan por restablecer por completo su ley.
 
He aquí sus actos, la gran burguesía interna y foránea comprometida en la guerra económica como parte de sus planes de agresión al pueblo venezolano y su gobierno, queda en total evidencia.  Es ella, su derecha política y sus amos imperialistas quienes dirigieron sus baterías a crear una situación de inestabilidad y crisis especial en torno a la economía.
 
Tal guerra económica se resalta en aspectos tales como:
 
a)       El que se trate de los principales monopolios nacionales y extranjeros quienes se dediquen al sabotaje económico especulando con sus mercaderías.
b)       Que arreciara la propaganda consumista pese a la escasez de productos para incentivar acciones de caos.
c)       Que hayan golpeado la economía durante meses ocultando productos estratégicos para el consumo masivo.
d)       Que intentasen el desabastecimiento y contrabando de gasolina en el interior del país para desmoralizar a la población.
e)       Que fomentaran problemas de fluidez bancaria.
f)        Organización-inducción del bachaqueo como instrumento de la inflación y desestabilización del sistema de precios.
g)       Que socavaran el mercado regulado y el sistema de distribución de mercancías organizado por el Estado (Mercal-PDVAL).
h)       Que las cadenas comerciales fueran protagonistas del acaparamiento de mercancías.
i)         Que los capitalistas consiguieran una alta inflación y la depreciación del bolívar.
j)         Restar autoridad moral al proceso chavista bolivariano, socavar su credibilidad como proyecto social y desacreditar el ideal socialista ante la agenda económica.
k)       Urdir una estratagema bacteriológica (chikungunya y enfermedades comunes entre la población) desabasteciendo el mercado de medicamentos.
l)         Fomentar el comercio electrónico evasivo de impuestos y altamente especulativo.
m)     Elevar el contrabando interno-externo como fuente de captación de elevados ingresos.
n)       Apostar a la dolarización del país mediante el dólar paralelo.
o)       Presionar por la redistribución de la renta petrolera en favor del parasitismo empresarial.
 
De esta manera los monopolios y la mediana burguesía manejando las leyes económicas del capitalismo decidieron apostar a quebrar el país –torcerle el brazo dice Obama, para conseguir la subordinación–. Así como es sorprendente el punto a que llegaron, sorprende también la resistencia popular para no caer frente a tan delicadas provocaciones. Es grande la masa de recursos que le han expropiado al pueblo por estos medios y tomará un tiempo para que la economía se restablezca.
 
Indudablemente se dibujan concesiones que afectaron la situación, estas fueron selladas por cambios económicos que favorecieron el saqueo de divisas del Estado[1], los subsidios en especie a las empresas, el proteccionismo económico a la improductividad, o la protección a los negocios de las grandes familias, por citar unos cuantos de corte económico, sin negar los aspectos donde la política pública logró imponerse en garantía de derechos sociales importantísimos.
 
Las relaciones económicas dominantes arrastraron a la sociedad a una situación de frenesí tras los procesos asociados con el capital, buscando arrastrar a amplios contingentes sociales a la inercia de la depredación, la lucha por la supervivencia o la competencia. Naturalmente la comprensión burguesa de los problemas económicos tiene su límite, esta clase social no previó que también se infringía un serio golpe consistente en detener el crecimiento económico por el que venía transitando, mas no le importa o no es consciente del hecho, sin duda obtiene ganancias con el caos fiel a su condición de ir tras la ganancia fácil como clase subordinada al imperialismo sin importar su quiebra futura, al cabo que tiene a quién endilgarle las responsabilidades.
 
La burguesía y el imperialismo desgastaron sus fuerzas políticas, las llevaron al agotamiento por decir lo menos, se desacreditaron sin necesidad de detentar el poder, bastaron sus puras intenciones. Por lo que se observan dos cosas, la primera es que las esté reservando para accionarlas en pleno golpe, mientras tanto le tocó hacer la guerra económica simulando trabajar como si nadie se enterara de sus actos. De esta manera en su racionalidad, evitaría implicarlas hasta el último momento, obrando estas fuerzas (entre ellas la MUD) cual desentendidas de los eventos, pero… ¿quién que se tenga de político profesional podría considerarse así mismo permanentemente desinformado de los acontecimientos más destacados de su país? Tendrían que ser pésimos actores de la arena política. La segunda cuestión, que en todo caso puede reanimarlas siempre que se les entregue el capital suficiente para su respiro –la política de simulaciones hará lo demás–, ya que mientras sobrevivan las bases de su preponderancia económica con su relacionalidad y su lógica, encontrarán manera de recobrarse a pesar del descrédito.
 
Los monopolios se enfrascaron en esta delicada situación a espera de que todos los resultados les favorecieran, que nada se interpusiera en el cumplimiento de sus deseos, pero la historia no es tan simple, ni mucho menos tan condescendiente con la clase dominante. La burguesía asegura que es la única portadora de beneficios al país, funcional, de alto rendimiento y sumamente eficiente, todo lo bueno viene de ella asegura su mediática venal y certifican sus cámaras económicas. Sin embargo hay que verlas en sí mismas, Empresas Polar se acredita como el modelo entre los modelos, hay que ver la osadía y torpeza de suponerse Willy Wonka con su fábrica de chocolates, “empleando aborígenes para que no se mueran de hambre y llevando la comida al pueblo”, la realidad es que dicho monopolio debe su condición exitosa a las distintas guerras económicas que ha urdido enfrentando competidores públicos y privados, su “autosuficiencia no sería nada sin la ingente masa de recursos que el país le aporta: 1.- la gran industria y sobre todo la industria petrolera le proporcionan fundamento a su mercado, su orgullosa independencia reside en que nadie se entere o piense en ello, 2.- la percepción de dólar preferencial, 3.- el subsidio en electricidad para sus instalaciones, 4.- el subsidio de agua potable, 5.- subsidios en insumos importados, 6.- las ventajas financieras que recibe del Estado, 7.- el subsidio de la gasolina para el transporte de sus mercancías, 8.- los subsidios para repuestos de sus vehículos, molinos y maquinarias, 9.- la certificación legal de su inserción en el sistema de patentes amasadas de diversos monopolios mundiales de la industria alimentaria, 10.- el aseguramiento público de que el mercado interno quede libre de una competencia que amenace su posición.
 
Tal es la raíz de su éxito, o el de muchas otras empresas privadas. Pero quiere más, exige precios elevados para sus mercancías, de acuerdo con sus socios exige que los subsidios y recursos sean principalmente para estos y no para misiones u otras obras públicas, concierta con otros actores políticos una lucha por la “justicia distributiva” pero a su favor. Polar niega estar implicada en la guerra económica, pero vaya que lo está, acapara alimentos, retarda la entrega de productos, presiona al alza de sus precios, paraliza la producción, organiza el bachaqueo y urde el contrabando, todo al tiempo de camuflaje con bandera falsa: “llevar la fiesta en paz y la autosuficiencia alimentaria”.
 
En conjunto pone en marcha la política de presiones constantes para impedir que el pueblo y el gobierno se levanten manteniéndose de rodillas a la defensiva, en la incapacidad de enfrentarle en toda la línea, hasta que alguno de sus constantes intentos golpistas cree un desenlace violento, una falsa transición neocolonial con los actores políticos burgueses pagados por Estados Unidos. Estas fuerzas se organizaron para accionar desde la empresa privada, corromper la empresa pública, mantener en alerta sus organizaciones políticas, ganar terreno entre la burocracia hasta retomar el poder político con todo rigor.
 
Sin embargo no todo es producto de su total facturación. La burguesía es una clase social formada para mantener su mundo en su sitio, inalterable más que para reforzar sus cadenas, no se le puede pedir otra cosa. Así como esta clase se identifica plenamente con sus intereses, en el desarrollo del Estado burgués se forjan las bases que restauran los poderes políticos acoplándolos a los poderes económicos, por ello la batalla está lejos de terminar.
 
La burocracia es otro gran poder activo que emana de las raíces del Estado y el contexto social, su poder político se surte de varias condiciones: 1.- la estructura piramidal que reproduce a la cual los pueblos deben resistir permanentemente, 2.- el poder que concede el estatus de una posición pública legitimada, 3.- la racionalidad de Estado que suele anteponer intereses especiales a los del conjunto de las clases o sectores populares, 4.- las posibilidades de corrupción que dispensa cada área pública, 5.- las relaciones de poder que se independizan y actúan a modo de dominación especial, 6.- las leyes que otorgan siempre una oportunidad de ascenso social, 7.- el manejo de finanzas que deja siempre espacio a su desvío en tanto las bases del poder no cambien por completo. De ahí viene el poder de la burocracia y la necesaria lucha por el poder popular real.
 
Los problemas del poder popular están lejos de haberse resuelto, se requieren grandes transformaciones de las relaciones generales para que este sea efectivo. Si bien una parte de los problemas se resolverán desde el poder estatal, existen otros que requieren de la acción general, si se cree que con poner a revolucionarios o revolucionarias en puestos claves sin remover estructuras ni cambiar las reglas y relaciones imperantes para recrear la democracia popular, se está en una posición frágil, donde poco ha de cambiar a excepción del discurso.
 
Nos preguntamos ¿qué es el socialismo? El socialismo es socialización y cambio revolucionario en las relaciones generales de una sociedad, sin ello sólo queda el discurso socialista, el socialismo entraña una lucha en todas las esferas, por todos los medios, desde abajo, en base a los intereses populares empleando las ventajas del poder del Estado. Es muy cierto que el gobierno bolivariano debe tomar en sus manos cuestiones tales como el monopolio del comercio exterior y enfrentar más agresivamente la industrialización y producción agrícola nacional apoyándose en el pueblo, sus comunas u otras formas de organizar la producción, pero supeditar esta lucha a las acciones estatales, lo convierte en un tema de estatismo con limitaciones estructurales[2], inconsecuencias y posibles desviaciones a las dinámicas o prioridades del aparato.
 
Necesario es vencer esta guerra económica, estos intentos de golpe de Estado, estas agresiones constantes de la derecha y el imperialismo. En algún momento las clases que conforman el pueblo deberán tocar los intereses de la burguesía, porque esta ya no representa estabilidad alguna, arruina, ultraja y tentativamente asesinará por lo que cree suyo, pero la socialización ya no será un traspaso al Estado, sino una adecuada distribución de las tareas económicas entre la población junto a las decisiones sobre cómo mejorar sus situación y conducir su vida.
 
En este sentido sus fuerzas revolucionarias hacen mucha falta para desplegarse en su seno, difundir sus ideas, esclarecer los acontecimientos, recuperar la confianza del pueblo en su destino, romper la fuga de contingentes a posiciones burguesas o pequeñoburguesas, desmantelar una por una las falsedades de los voceros del capitalismo, retomar la iniciativa de conciencia y organización en primer plano por encima de la sed de puestos, es su deber también reconquistar a grandes sectores que están siendo manipulados por las ideologías del capital. Sus tareas son más importantes en torno a la lucha de clases, aunque es éste con sus tradiciones de combate y sus sectores avanzados quienes harán lo fundamental por su largo proceso revolucionario.
 
 


[1] La entrega excesiva de dólares a la burguesía y pequeña burguesía en espera de que “se mantenga quieta”, como parte de una limitada política de contención-disuasión, ata de manos al proceso, se asemeja a la entrega de oro, plata y perlas por nuestros pueblos originarios a los europeos para que se fueran, error histórico que hoy se debe evitar, resistirse para emplear todos los recursos a propósitos más certeros.
[2] Por ejemplo, los manejos oficiales del dólar tendientes a su control y captación de recursos antes que dejarlos por completo en manos de los especuladores; se proponen una mediación indispensable, aunque aún no ofrecen soluciones revolucionarias a sus problemas.