“Uno de mis gozos grandes es haber contribuido a un pensamiento latinoamericano en comunicación y cultura”, reflexionó Jesús Martín Barbero durante el reconocimiento que le hiciera este 4 de febrero en Quito el Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL), con la entrega de la medalla de oro, la máximo distinción que otorga esta institución.

 
Con esta ocasión, CIESPAL dio a conocer la constitución de la Cátedra que lleva el nombre del distinguido investigador, que se encargará de visibilizar los avances en materia de comunicación en la región, y a partir de la ruptura que representaron los estudios culturales de Martín Barbero, plantear nuevos retos.
 
Para Francisco Sierra Caballero, director de CIESPAL, esta iniciativa puede ser un gran aporte, a la vez que busca establecer lazos entre los comunicadores, y alianzas con las universidades, rompiendo fronteras.
 
Durante el homenaje al autor de uno de los más importantes textos de comunicación, y que mantiene su vigencia en América Latina: De los medios a las mediaciones, se reflexionó sobre la comunicación, los medios y la cultura, y cómo su obra significó un antes y un después en la enseñanza e investigación de la comunicación.
 
Al decir de su colega y amigo, el colombiano Omar Rincón, de la Universidad de Los Andes: “Sin Jesús Martín Barbero estaríamos en los efectos”.
 
Y es que según el propio Martín Barbero, “en los últimos tiempos la desconfiguración del papel de los medios es muy fuerte. No es solo la reubicación espacial, que es muy fuerte. Existe una reconfiguración de la idea de medio. El medio era un instrumento, y siempre se vio con esa visión, que era norteamericana. Eso ha cambiado, los medios están fuera de sí mismos”.
 
“A lo que nos enfrentamos es cada vez a hibridaciones más fuertes de medios. El cambio es muy complejo, estamos en el umbral de otro Renacimiento. Lo que está en crisis es la cultura, la civilización occidental, y América Latina tiene mucho de originalidad en las cosmovisiones”.
 
Los crecientes cambios tecnológicos, que impactan cada vez más en la comunicación, fue otra de las reflexiones de Barbero, quien recalca que la tecnología no es meramente occidental, y que para aprovechar las nuevas posibilidades para democratizar la comunicación, es necesario ampliar el número de los que pueden comunicar, la gente con palabra propia, con capacidad de cuestionar, de proponer, de soñar. “Soñar se lo hemos dejado a un género literario: la poesía”.
 
Acceder a una comunicación más democrática tiene que ver con ir empoderando a más grupos sociales. Que todas las figuras humanas que se van configurando, rompan nuestro binarismo asesino, heredado de los griegos. “Para eso necesitamos otra escuela, que la gente salga con ganas de escribir, no solo de leer.”
 
Aunque hoy hay muchas más posibilidades de que los que habitan la cultura oral la cuenten, lo sectores populares van a necesitar más tiempo para involucrarse en internet. Ese acceso democrático, no solo a internet, sino a los espacios de comunicación en general, pasa, según las palabras de Barbero, por el hecho de que la narrativa particular es una forma de tener identidad, disfrutar de ella y compartirla: “Necesitamos hacer nuestro cuento, para que cuenten con nosotros a la hora de hacer las cuentas”.
 
Cerca de cuatro décadas de aportes significativos a los estudios de comunicación, más allá incluso de América Latina, sin duda posicionan a Jesús Martín Barbero entre los principales investigadores y académicos dedicados al tema.
 
Textos trascendentales para el entendimiento de nuestras naciones latinoamericanas desde una visión integradora ha sido distinción de su obra y legado, que según Omar Rincón, puede resumirse en las siguientes ideas:
 
  • En los estudios de la comunicación hay que perder el objeto para ganar el proceso.
 
  • En el estudio de los medios de comunicación hay que pasar de los medios a las mediaciones, dejar de instrumentalizar a los medios como transportadores de información para comprenderlos en las interrelaciones entre la cultura popular, las máquinas de lo industrial y los lugares de la política.
 
  • En la comunicación no podemos ahorrarnos la cuestión de lo popular, ni de la diferencia, ni de la diversidad cultural, ni del poder.
 
  • Hay que cambiar la mirada y mirar hacia los que gozan con los medios porque ahí es donde se localiza lo que da sentido. Por eso investigar la comunicación es ver con los otros.
 
  • Hay que pasar del razonar-ilustrar al contar, al narrar, hay que asumir la significativa polisemia del verbo contar. Es que la heterogeneidad de las identidades tiene derecho a ser contada.
 
  • Yo no he venido a buscar los efectos ni las audiencias sino los reconocimientos, por eso la telenovela hay que dejar de pensarla como un producto industrial para verla como una lucha por el reconocimiento cultural de América Latina.
 
  • Mientras la televisión comercial se hace para el consumidor, la televisión pública se realiza y diseña para el ciudadano.
 
  • Si la educación no se hace cargo de los cambios culturales que pasan hoy decisivamente por los procesos de comunicación e información no es posible formar ciudadanos, y sin ciudadanos no tendremos ni sociedad competitiva en la producción, ni sociedad democrática en lo político.
 
  • La comunicación debe proponer experiencias de reencantamiento identitario, de experiencia de lo comunitario, de gestión de lo festivo.
 
  • La internet no es una revolución de la distribución a lo Gutenberg.
 
  • Todo comunicador debe hacer tres cosas: pensar con la propia cabeza, tener qué decir y ganarse la escucha.
 
  • Hay que pasar de habitar los tiempos a experienciar los espacios.
 
Lecciones que no se deben perder de vista a la hora de construir una comunicación diferente, inclusiva, de respeto, y capaz de convocar a la reflexión y la construcción, como nos invitan los siempre trascendentes textos de Jesús Martín Barbero, quien vive empecinado en inventarse e inventarnos nuevas miradas para entender la cultura, la tecnología, los jóvenes, las mujeres, nuestra identidad, y por supuesto, la comunicación.
 
Karina Escalona Peña es periodista de ALAI
 
Foto: CIESPAL

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