La pérdida de la Presidencia de la República por el Partido Acción Nacional, reconocida por Josefina Vázquez Mota antes que por ningún actor político y por ello recibió una ovación de pie en Palacio Nacional el 1de diciembre, resultó excesivamente costosa en militantes y adherentes del blanquiazul.
 
A tono con las cifras preliminares dadas a conocer en forma extraoficial, el PAN pasó de tener 354 mil 483 militantes y un millón 514 mil 108 adherentes, a menos de la mitad en ambos conceptos según el pronóstico adelantado por Gustavo Madero, el presidente al que no pudo quitar Felipe Calderón, el entonces más que “primer panista del país.
 
De acuerdo con estimaciones recabas por la reportera Georgina Saldierna, al concluir el 14 de diciembre el proceso de ratificación organizado por la directiva panista y que comenzó el pasado 1 de octubre, alrededor del 65 por ciento de los panistas probablemente no confirmaron ni militancia ni adherencia.
 
El referente inmediato es la elección interna para elegir al candidato presidencial, realizada el 5 febrero pasado, y en la que sufragaron 547 mil 40 militantes y adherentes.
 
La explicación del proceso de masificación del panismo la brinda un documento de la Comisión de Evaluación y Mejora del PAN, para conocer las causas de la derrota electoral del 1 de julio, por la existencia de una afiliación manipulada y poco transparente, al grado que en los comités directivos estatales se solicitó detener la inscripción masiva de personas sin mística panista y que ésta se realice de manera personal, sin presión y evitando que sea corporativa o se haga impulsada por algún aspirante a ocupar un puesto de elección popular.
 
Vicente Fox es el más sobresaliente panista que no se presentó a refrendar su militancia. Hace menos de un mes (25-XI) adelantó que es probable que lo dejé ahí volando”, y condicionó su confirmación como militante a que su partido apruebe las reformas energética, fiscal y del IVA con verdadera valentía porque al final el PAN sabe que el país va a operar mucho mejor. Partido, dijo al reportero Andrés Guardiola, al que Calderón condujo a la derrota desde que se puso la banda presidencial, pero omitió que con todo y su apoyo lícito e ilícito.
 
Reformas estructurales, por cierto, exigidas por las elites económicas, financieras y políticas de México y de la aldea global y que, además, están enunciadas en el casi centenar de puntos consensuados en el Pacto por México, suscrito por los tres partidos más votados.
 
Partidos que si bien recabaron decenas de millones de sufragios, es pertinente llamar la atención a la luz de lo reseñado sobre a quiénes representan los suscriptores del Pacto por México. En el caso de Madero Muñoz ¿representó al millón 868,591 militantes y adherentes o a mucho menos de la mitad?
 
Peor está la circunstancia política de Jesús Zambrano, pues órganos de dirección del Partido de la Revolución Democrática impugnan las atribuciones que se tomó ignorando acuerdos explícitos para no suscribir el pacto que tanto interés y consecuencias está generando, para bien y para mal, en los apenas 17 días del gobierno de Enrique Peña.
 
La representación política, ciudadana, por la vía de la intermediación de los partidos entre el gobierno y la sociedad, su verdadero alcance y reflejo es uno de los problemas en los que las maquinarias partidistas y electorales no sólo se corresponden cada vez menos con los electores sino hasta con la parte que dicen representar.
 
Allí está el dueto dirigente del Partido Revolucionario Institucional designado desde Los Pinos, con el predominio de la visión e intereses del nuevo grupo gobernante de Peña Nieto.       
 
 
 

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