Si se buscaba canalizar la buena energía para la salud de un ser humano amigo del Uruguay como el Presidente Hugo Chávez por el lado espiritual, hubiera sido adecuado invitar a los diferentes credos a un ruego común y abierto. Claro que era complicado de organizar, sin embargo a mi humilde entender, la finalidad y el mensaje de unidad en la diversidad valían la pena. Naides es más que naides. ¿verdad? Todas y todos es mejor que uno. Los que no creen no van y los creyentes de todas las religiones se sienten representados.
 
Generaría lo que se buscaba: sumar ondas positivas para Chávez.
 
De esta forma con una misa, y con todo el respeto y cariño que siento por la colectividad católica, deja un retrogusto a pesar de que pongamos la mejor onda pues la causa lo merece aunque no ayude a la descolonización ideológica el gesto, al dar preponderancia a la cultura hegemónica. ¿Quién no va a estar de acuerdo en cuidar la vida e integridad física de un mandatario que ha dado tantas señales de trabajar para el buen vivir de los pueblos latinoamericanos no solo de Venezuela?
 
El caso es que el método, la estrategia, nos deja un pero. Y si no lo decimos somos infieles al cuidado de la igualdad social en lo que respecta a los derechos de la colectividad cultural afroritual uruguaya históricamente discriminada, no vista como una religión seria y víctima de estereotipos estigmatizantes difíciles de sacudir desde la colonización por los orígenes de nuestra fe que nace de etnias esclavizadas.
 
No ayuda entonces que alguien de la cúpula del Gobierno deje de lado a la diversidad religiosa del Uruguay que integramos, con las grandes dificultades estructurales de inserción social que cargamos los afrodescendientes y originarios a nuestras espaldas.
Acompañamos los ruegos de buena salud para Chávez desde el primer momento y sin dudar, y en el idioma espiritual que es uno solo, aunque las personas nos empeñemos en tener banderas. ¡Amén!