Más vale tarde que nunca pero…
 
No hay plazo que no se cumpla y todo parece indicar que por fin el satélite Bicentenario, el primero de tres que integran al Sistema Satelital Mexicano (MEXSAT por sus siglas en inglés) será puesto en órbita el próximo 19 de diciembre del año en curso, ya bajo el gobierno de Enrique Peña Nieto. Se trata, de una buena noticia aunque es menester moderar el optimismo.
 
En primer lugar hay que destacar lo que es por todos conocido: la red satelital mexicana que actualmente se encuentra en operaciones, está en el límite de su vida útil. Esto no ocurrió de la noche a la mañana. Por ello, dado que México carece de –o al menos hasta hace poco no la tenía– una política en materia espacial, fue necesario que las autoridades dispusieran la compra, por adjudicación –dado que no había tiempo para una licitación– de los satélites de reemplazo.
 
La red en operaciones en estos momentos incluye al satélite Solidaridad 2 -el cual se emplea para tareas de seguridad nacional-, el SATMEX 5 y el SATMEX 6. El primero fue colocado en órbita durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, el 7 de octubre de 1994. Junto con el Solidaridad 1, corresponde a la segunda generación de satélites mexicanos. La vida útil de estos satélites es de 15 años. Sin embargo, el Solidaridad 2, que tendría que haber sido reemplazado en 2009 –lo que no se hizo justamente por falta de planeación de parte de las autoridades nacionales–, se enfrentó a la necesidad de prolongar su vida útil. Es por ello que el satélite opera en órbita inclinada en la Banda L, y es el único de los tres en el espacio, capaz de operar señales cifradas de voz, datos e información para las instituciones responsables de la seguridad nacional del país.
 
Considerando la importancia de que el Estado mexicano cuente con información de calidad que le permita combatir adecuadamente al crimen transnacional organizado, o bien, para anticiparse a posibles efectos de fenómenos naturales como los huracanes, preocupa sobremanera el funcionamiento del Solidaridad 2, máxime cuando en unos cuantos meses dejará de operar, lo que hace todavía más apremiante su sustitución.
Por su parte, el SATMEX 5 y su hermano el SATMEX 6 forman parte de la tercera generación de satélites mexicanos, puestos en órbita el 5 de diciembre de 1998 y el 27 de mayo de 2006, siendo mandatarios Ernesto Zedillo y Vicente Fox, respectivamente. Estos artefactos tendrían una vida útil de 15 años e inclusive de un par de años más. Sin embargo, el SATMEX 5 experimentó en 2010, un daño en sus sistemas de propulsión, lo que redujo su vida útil de manera que solo podrá mantenerse en operación hasta el próximo año. En el caso del SATMEX 6 se han registrado fallas técnicas, algunas de las más importantes en 2006 y en enero y diciembre de 2007, lo que también genera dudas respecto a su vida útil.
 
La cuarta generación de satélites mexicanos
 
Han pasado 30 años desde que el gobierno mexicano decidió desarrollar la primera generación de satélites (1982), los Morelos I y II, mismos que fueron colocados en órbita en junio y noviembre de 1985, respectivamente, durante el gobierno de Miguel de la Madrid. Esto significa que a lo largo de seis lustros México ha colocado en su órbita geoestacionaria seis satélites, a razón de uno cada cinco años en promedio, sin que este dato sea del todo fidedigno, considerando que la administración de Felipe Calderón prácticamente se “fue en blanco” al no ser capaz de lograr que el flamante satélite Bicentenario fuera lanzado durante su gestión. De los gobiernos que le antecedieron se podrán decir muchas cosas, pero, al menos, desde De la Madrid hasta Fox, cada uno de los mandatarios en turno, incursionó en la era espacial y satelital con sendos artefactos.
 
Los proyectos del SATMEX 7 (que reemplazaría al SATMEX 5) y el SATMEX 8, fueron anunciados, respectivamente, en 2008 y en mayo de 2010. Sin embargo, la empresa SATMEX, que tiene un fuerte endeudamiento, enfrenta serios problemas de capitalización. Parte de ello estriba en que las grandes empresas del país que mantienen injerencia en el terreno de las comunicaciones como Televisa, cuentan con opciones que les permiten operar al margen de los servicios que ofrece SATMEX. Así, por ejemplo, Televisa tiene vínculos con los satélites de Intelsat, Telmex a través de su subsidiaria en Brasil, Embratel, lanzó el satélite Star One C1 y Iusacell tiene una alianza con GlobalStar. Como se recordará, en años recientes la compra de SATMEX por EchoStar y MVS se cayó, amén de que el gobierno mexicano decidió no rescatar a la empresa, debido a la difícil situación económica imperante. Aun así, SATMEX logró firmar un contrato con Space Systems/ Loral (SS/L) para la construcción del SATMEX 8, que tendría que haber sido puesto en órbita en 2012, a un costo de 350 millones de dólares.
 
Sin embargo, la suerte de SATMEX es de incertidumbre. La empresa, originalmente de propiedad estatal bajo la denominación “Sistema Morelos”, fue privatizada en 1997. En 2004 se declaró formalmente en quiebra para poder reestructurar su deuda, enfrentando serios problemas para pagar a tiempo los rendimientos de los tenedores de bonos principalmente extranjeros emitidos en Estados Unidos y, además, en dólares. Los tenedores de dichos bonos demandaron ante los tribunales estadounidenses que la empresa fuera declarada en quiebra de acuerdo con la legislación de aquel país. Desde entonces, SATMEX no ve la suya y ante la incertidumbre que su situación generó, y la decisión del gobierno mexicano de no ir a su rescate sino de crear un nuevo sistema satelital –y, por ende, una nueva empresa–, la puesta en órbita de los satélites SATMEX 7 y 8 se mantiene en una especie de limbo. Esta indecisión del gobierno federal coadyuvó al retraso en la colocación, en la órbita geoestacionaria, de los satélites que deberían sustituir al Solidaridad 2, y a los SATMEX 5 y 6.
 
Ante ello, y dada la premura, el gobierno mexicano signó un contrato por un monto aproximado de mil millones de dólares, adjudicado directamente y sin licitación a la empresa Boeing, para la creación y entrega de un sistema integral de comunicaciones satelitales. El sistema denominado MEXSAT constará, como se explicaba, de tres satélites, dos estaciones terrenas –en Iztapalapa y Hermosillo–, de los sistemas de operaciones de red correspondientes y terminales de usuario de referencia y estaría en condiciones de proveer comunicaciones confiables para las necesidades de seguridad nacional de México, así como una cobertura mejorada para las telecomunicaciones civiles.
 
El hecho de que el proceso de renovación de la infraestructura satelital fuera por adjudicación y no por licitación, es sumamente preocupante. Boeing, favorecido por la adjudicación, se sabe que previamente suministró cinco de los seis satélites que a la fecha ha tenido México, algunos de los cuales, como ya se dijo, sufrieron desperfectos que acortaron su vida útil. Ante ello, la pregunta es ¿por qué recurrir a un proveedor que no ha sido capaz de entregar productos de calidad? ¿No habría sido mejor adjudicar a otras empresas, si no por otra razón, para presionar a Boeing para que ponga más cuidado en el control de calidad de sus productos? Cabe destacar que estos cuestionamientos parecen haber sido decisivos en el tiempo en que el satélite Bicentenario fue fabricado por Boeing -22 meses, esto es, menos de dos años-, respondiendo así a la urgencia de las autoridades nacionales. Con todo, el historial de Boeing como proveedor no es el mejor y esa tendría que haber sido una consideración cuidadosamente meditada por las autoridades nacionales antes de optar por contratar una vez más sus servicios.
 
De conformidad con el contrato de adjudicación, Boeing entregará dos satélites geoestacionarios para servicios móviles (o “GEO-Mobile”) Boeing 702HP denominados originalmente MEXSAT 1 –más adelante bautizado Centenario- y MEXSAT 2 –o Morelos 3-, además de uno para banda C extendida y banda Ku, llamado MEXSAT 3 o Bicentenario, el cual se encargará de proveer servicios satelitales fijos (FSS) desde una órbita geosíncrona. Para el diseño de este último, Boeing se apoyó en la empresa Orbital Sciences Corporation que ha debido crear centros de mando para poder operar el satélite.
 
El satélite Bicentenario estará proporcionando cobertura total al territorio mexicano, así como a sus aguas patrimoniales y transmitirá comunicaciones civiles a fin de coadyuvar al desarrollo socioeconómico del país. Asimismo, el 30% de sus funciones se canalizará a las tareas de seguridad nacional que hoy por hoy efectúa, en “horas extra” el satélite Solidaridad 2. Cabe destacar que, según Boeing, el Bicentenario es un satélite de vanguardia, con la mejor tecnología en su tipo a nivel mundial, lo cual conlleva potencialmente numerosos beneficios.
 
Con todo, para poder “administrar” desde México al Bicentenario, ha sido necesario desarrollar dos estaciones terrenas equipadas con avanzada tecnología para dirigir haces puntuales de usuario móvil a dependencias gubernamentales que operan en México y sus aguas patrimoniales, tanto en el litoral del Pacífico como en el Golfo de México. El problema, sin embargo, estriba en que las instalaciones en tierra aun no están listas para recibir la señales del satélite desde el espacio, mismas que comenzarán a ser emitidas, aproximadamente, a partir del 31 de enero de 2013. De hecho, además de la falta de infraestructura hay otra dificultad no menos importante: la disponibilidad del presupuesto requerido para que las instalaciones pertinentes se desarrollen, el cual asciende a unos cuatro mil millones de pesos adicionales a lo originalmente autorizado por el Congreso mexicano para esta importante empresa.
 
Así, el escenario al que México se enfrenta es un tanto absurdo: pondrá en órbita el 19 de diciembre del año en curso, el Bicentenario, un satélite de vanguardia con la mejor tecnología a nivel mundial, sin contar, paradójicamente, con las capacidades en tierra para operarlo debidamente. De hecho, todo parece indicar que el satélite será manipulado en Estados Unidos, mientras México logra controlarlo desde el territorio nacional, tema escandaloso si se toma en cuenta que al citado satélite se le empleará para tareas de seguridad nacional que podrían verse afectadas por la tercerización de la información y de las señales por parte de la Unión Americana o, al menos, desde el territorio estadounidense. A manera de comparación, toda proporción guardada, es como darle un Ferrari a un adolescente que no sabe manejar.
 
Por otra parte, es claro que el gobierno de Felipe Calderón quería culminar su gestión lanzando al espacio el Bicentenario, situación que, justamente, por los tiempos del fabricante y también de los turnos existentes en la Guayana Francesa para poner en órbita los más diversos artefactos de otras tantas nacionalidades, no fue posible. Y conste que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) presionó a unos y otros para que adelantaran la entrega y el lanzamiento, sin éxito.
 
El futuro
 
Conforme a lo expuesto, uno de los desafíos que enfrenta MEXSAT es conseguir, lo más pronto posible, cuatro mil millones de pesos para el desarrollo de las terminales en tierra que se requieren para recibir la señal del Bicentenario a partir de enero de 2013. De hecho se cuenta en la actualidad con un presupuesto por 18 mil millones de pesos para los tres satélites referidos, si bien ese monto no incluye la infraestructura que debe existir en tierra. Todo parece indicar entonces, que ese será uno de los primeros desafíos del gobierno de Peña Nieto.
 
Los ejecutivos de Boeing, por su parte, han insistido en que no hay por qué preocuparse dado que, según ellos, el 16 de enero de 2013 ya estarán listas las bases de Iztapalapa y Hermosillo desde donde será manipulado el satélite –claro, una vez que dichas instalaciones estén terminadas- y entonces, el control del Bicentenario será entregado a las autoridades nacionales. Pero subsiste el temor de que la citada infraestructura no esté lista para esa fecha.
 
Mientras tanto pueden pasar muchas cosas: que el lanzamiento no sea un éxito; que los sistemas propulsores del satélite sufran algún daño, como ha sido el caso en satélites precedentes; y el peor de los escenarios sería aquel en que el Solidaridad 2 simplemente dejara de operar, dejando literalmente “a ciegas” a las autoridades ante desafíos tan complejos como el combate del crimen organizado y diversos fenómenos naturales, antes de que su reemplazo pueda emitir señales conforme a lo previsto. Cuando mucho, las autoridades nacionales al amparo de la SCT, han logrado lanzar una convocatoria para que las personas interesadas participen en un concurso consistente en redactar un ensayo sobre las comunicaciones vía satélite y su importancia para el desarrollo de México. El autor del ensayo ganador se hará acreedor a un viaje a la Guayana Francesa para presenciar el lanzamiento del Bicentenario.
 
Sin negar que se trata de un acontecimiento relevante, el lanzamiento del Bicentenario no es el resultado de una política de Estado en materia espacial. Antes bien, la nueva red satelital mexicana es producto de la improvisación, de poca planeación y de la urgencia por reemplazar los satélites que por razones de uso o averías están por colapsarse.
 
Un aspecto no menos importante es el anuncio de parte del entonces –todavía- Presidente electo Enrique Peña Nieto, de que la SCT sufrirá importantes transformaciones, al separar las funciones de comunicaciones de aquellas que tienen que ver con transportes. No queda claro, sin embargo, cómo afectará a MEXSAT esta reestructuración, como tampoco el impacto sobre la Agencia Espacial Mexicana, misma que apenas empezó a operar con muchas dificultades y un presupuesto risible en el año en curso, sin que haya podido consolidarse ni contar siquiera con infraestructura propia. La Agencia tiene sus oficinas en la propia SCT y va a requerir de un notable apoyo de las autoridades para poder dar vida a la política espacial mexicana, la cual, en las condiciones actuales, pende de un hilo.
 
Justamente la ausencia de políticas de Estado contribuye a entender por qué la Agencia y la SCT en general, enfrentan escenarios tan sombríos. Si se contara con genuinas políticas de Estado, transexenales, con un horizonte de mediano y largo plazos, México podría aspirar a ser líder en el sector, en lugar de limitarse a observar a un país como Brasil, el cual tiene políticas y programas espaciales de gran envergadura pese a ser un país en desarrollo. Es urgente, por lo tanto, que el nuevo gobierno dé continuidad a la Agencia Espacial Mexicana y apoye la política espacial, estimulando, asimismo, la investigación y el desarrollo tecnológico en el sector, con una visión que vaya más allá de la coyuntura. De otra manera, el país podría quedar “desconectado” y “aislado” del mundo.
 
María Cristina Rosas es Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.