La propuesta de reforma educativa que envió el titular del Ejecutivo federal a la Cámara de Diputados, el lunes 10, tiene el consenso de las tres principales fuerzas políticas, pero todavía no del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, dirigido desde 1989 por Elba Esther Gordillo, quien brilló por su ausencia en acto del Museo Nacional de Antropología.
 
Presentada como el primer acuerdo de los más de 90 que contempla el Pacto por México suscrito por los presidentes de los partidos de la Revolución Democrática, Acción Nacional y Revolucionario Institucional, quienes no necesariamente expresan las posturas de los liderazgos de los panistas y perredistas, tiene su principal fortaleza y debilidad en la ausencia de la lideresa magisterial que forjó su poderío en los sexenios de Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón.
 
Ya está claro a cuales poderes fácticos se refieren con tanta insistencia los firmantes del Pacto por México. Pero con suficiente oportunidad varios especialistas del tema educativo, no de éste para hacer política desde el poder encabezado por Enrique Peña, advierten que diversificar la interlocución en la armazón de la propuesta de reforma no es suficiente si lo que se busca es “dar mayor presencia al poder empresarial para mermar así el de la dirigente magisterial.
 
Existe un gran riesgo dicen estudiosos del tema de que este gobierno remplace a Gordillo como interlocutora “sólo para entregar concesiones a un grupo económico vinculado a Televisa”. Guardando tiempo, espacio y forma, podría reeditarse la deposición de Joaquín Hernández Galicia, en 1989, para que un grupúsculo más corrupto y autoritario, como el de Jorge Romero Deschamps, se enquistara en el sindicato de Petróleos Mexicanos con el respaldo presidencial.
 
El interés mayúsculo de Televisa y su conductor noticioso principal, por exhibir los despropósitos de La Maestra no son samaritanos y mucho menos con fines pedagógicos. Recuérdese que el consorcio de Emilio Azcárraga Jean, Martha Sahagún y Elba Gordillo impulsaron un programa dominical por El canal de las estrellas en el que se glorificaba al SNTE.
 
Para mayor muestra baste el botón que brinda Ángel Díaz Barriga, investigador emérito de la Universidad Nacional, cuando reclama que Peña Nieto “sólo esté escuchando a los empresarios y no se dé tiempo de escuchar a los académicos que hemos estudiando el tema durante décadas”. También critica que la “severa advertencia del secretario Emilio Chuayffet –quien aludió a una evaluación magisterial con consecuencias jurídicas– se acerca peligrosamente al terreno punitivo antes que al formativo”.
 
La propuesta reformadora que desde la Secretaría de Educación Pública encabeza Chuayffet, 24 años después de dirigir la educación mexiquense con el gobernador Alfredo Baranda, parte de un diagnóstico que, si nos atenemos a su discurso, data de los tiempos en que su jefe Jesús Reyes Heroles ocupaba el escritorio de José Vasconcelos.
 
Del 1 de diciembre de 1982 al 19 de marzo de 1985 estuvo al frente de la SEP el autor del Liberalismo mexicano en pocas páginas, y de acuerdo al ahora reformista Chuayffet Chemor: La SEP “es un archipiélago”, diagnóstico de Reyes Heroles. Nada sustancial cambió con la entonces pregonada revolución educativa, mas ahora sí “a escribir la historia”.
 
La propensión de políticos de todos los colores a subestimar lo realizado por sus antecesores, además de magnificar lo que apenas anuncian y en este caso llevarlo a la mismísima Constitución “para recuperar la rectoría del Estado”, no es garantía para ganar todas voluntades posibles y construir los consensos más amplios y sólidos, indispensables para reemprender la tarea de tareas de ésta y varias generaciones más.