Jóvenes giran al activismo social y cuestionan el quehacer de la clase política local
  
SAN SALVADOR – En este restaurante de comida rápida se reúnen cada cierto tiempo para conversar, afinar temas de discusión y pensar en cómo cambiar a El Salvador. Los colores amarillos de las paredes, las mesas, y el olor a pollo traen a la mente aquellas maletas humeantes de los salvadoreños que, cada año regresan se exilian de la pobreza en los Estados Unidos.
 
Concentrados en la mesa les pregunto:
 
¿Existe una figura histórica con quien se identifiquen como grupo?
 
La pregunta a Marlon Villalta, Aldo Cortez y Yanise Gáleas del colectivo Sociedad Pensante los hace chocar. Cada uno tiene una idea diferente, cada quien trae a colación una respuesta que, en lugar de separarlos los une, pese a ser pensamientos en carriles paralelos.
 
Para Villalta, el colectivo prefiere no adosarse a una figura, pues se concentran en “pasar la página y hacer nueva historia”.
 
Sin embargo, en los flancos contrarios se gesta un micro debate: Cortez y Gáleas se consideran de izquierda, empero ésta última se decanta por Simón Bolívar pese a preferir los desarraigos en este tema. El primero tiene entre sus referentes a Guillermo Manuel Ungo, Enrique Córdova y Monseñor Romero.
 
Gáleas: siempre he admirado a Simón Bolívar. Los personajes de aquí siempre han estado atados a algo. Monseñor Romero estuvo atado a la iglesia.
 
Cortez: son personas que si han estado atados a algo pero eso no les impidió tratar de cambiar el país… el mismo papa se opuso a Romero.
 
Gáleas: pero estaban atados, repito.
 
Cortez: pero no importa, es decir, nosotros estamos atados a pobreza violencia, pero no quiere decir que vamos a reproducir eso.
 
La discusión no llegó a vencedor ni vencido. Total, pero estos jóvenes el problema no se trata de discutir quién es quién ni qué hace, el punto es: ¿cómo cambiar a El Salvador? ¿Cómo mejorarlo? ¿Cómo superar los principales problemas? ¿Quiénes son los causantes?
 
Sociedad Pensante es parte de un grupo de organizaciones juveniles que surgen en los últimos meses en el país, y responden a inquietudes de organización para dar saltos en la participación de la democracia.
 
Estas organizaciones – Vota Joven, Sociedad Civil, Indignados, Ya Basta, entre otros – provienen de dos situaciones en la vida nacional: escepticismo en el sistema de partidos políticos y la búsqueda de nuevos derroteros.
 
La chispa de aglutinación se localiza en la crisis entre los poderes Legislativo y Judicial, y la posterior adición del Ejecutivo, en el llamado Decreto 743, que con legalismos pretendió encadenar a la Sala de lo Constitucional, famosa por enfrentarse al poder político y al sistema de partidos.
 
En dicha coyuntura, el uso de las redes sociales fue fundamental: desde la inmediatez denmua indignadosl Twitter los activistas se citaron frente a Casa Presidencial para reclamar al presidente Mauricio Funes por la sanción al decreto que nació en manos de la derecha parlamentaria: ARENA, GANA, CN y PES, y cuyo peso también cargó el FMLN.
 
Posteriormente, la espontaneidad fue tomando forma de organización, bandera y administración para un movimiento que inspiró su nombre en las protestas del 15 de mayo del 2011 en España, y quienes se denominaron Indignados.
 
Los españoles llenaron plazas y barrios de dicho país, y pacíficamente protestaron contra las medidas económicas que favorecieron a las grandes corporaciones y bancos europeos, mientras centenares de personas son perjudicadas por la crisis económica derivada de la especulación financiera.
 
En El Salvador, los indignados se organizaron para exigir el robustecimiento de la institucionalidad gubernamental machacada por la implosión que causa el neoliberalismo, asimismo exacerbaron la crítica hacia los partidos políticos.
 
Desde entonces, como cartas entrando al mazo, más y más grupos de jóvenes están mostrándose por los cambios sociales, haciendo recular a figuras públicas por acciones que causan protestas en las redes sociales.
 
Ejemplo de estos han sido algunos alcaldes y diputados que se aumentaron el salario, o la reciente confrontación entre la Sala Constitucional y la Asamblea por la invalidación de la elección de las magistraturas 2006 y 2012.
 
La máxima de estos grupos es que es necesaria la participación en política, puesto que solo de esa manera encuentran formas de “cambiar el país”.
 
El nacimiento de Sociedad Pensante se encuentra, paradójicamente, en la negación. Sus integrantes hicieron propuestas a un partido político, sin embargo fueron rechazadas por no plegarse a la línea partidaria. El espacio para lo jóvenes se les cerró.
 
Desde entonces, se organizaron por su cuenta y trabajan en la incidencia que pretende ir más allá de la protesta en redes sociales. Para ellos, lo virtual debe dar el salto a lo real y traducirse en acciones concretas que rompan las murallas de los problemas del país.
 
Sociedad Pensante tiene conciencia que los problemas económicos derivan de la desigualdad en la distribución de la riqueza, pero también el poder político tiene “gran culpa” por el resto de carencias para la población.
 
“Los partidos son un instrumento del poder económico, el económico maneja el poder político. Los poderes son necesarios, el problema es qué tipo de poder económico tenemos. Si tuviéramos un poder económico con cierta sensibilidad social el país no estuviera en desigualdad, sub desarrollo y corrupción”, opinó Cortez.
 
A la par de Cortez, Villalta consideró que la balanza de culpabilidad se inclina mucho para los institutos políticos; pero lo que se necesita principalmente es una “labor sin ideologías”
 
“Es un trabajo pero con todos los jóvenes que quieran construir la democracia, sin importar sus ideologías”.
 
Por esto, Sociedad Pensante dicen no sentirse representados por los partidos políticos. La crisis de identidad los hace pensar en que el próximo paso para el país minúsculo de Centroamérica es la democracia participativa.
 
“Con ningún partido me siento representado. A mi no me representan, representan sus intereses, representan sus empresas, sus intereses de alianzas con otros países”, dijo Cortez.
 
La guerra civil que duró doce años hizo gala del poder de organización de todos los sectores: campesinos, sindicatos de diversas índoles, estudiantes, entre otros.
 
Finalizado el conflicto, estos sectores ven disminuida su incidencia frente al poder formal, y la renovación generacional no llegó en ese momento.
 
En los últimos tres años, la capacidad articuladora aumenta a nivel internacional con las protestas estudiantiles en Inglaterra, Chile, las Primaveras Árabes en Oriente Medio, la irrupción de Wikileaks, y el ultimátum a Julian Assange por parte de Suecia para su extradición y el refugio en la embajada ecuatoriana.
 
El punto de encuentro de estos movimientos es la tecnología: el aparato portátil, la inmediatez y facilidad para la interacción virtual y la comunicación.
 
Según el presidente de la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES), José Luis Benítez la principales virtudes de las redes sociales, es la capacidad de “sobrepasar filtros” y la “viralidad” en la propagación de mensajes.
 
“Lo que tiene el celular, en general, es la capacidad de conectividad e instantaneidad, esto es clave en la protesta social, como dicen los sociólogos, que las redes sociales potencian la capacidad de vinculación”, explicó el catedrático.
 
Además, estas vías de expresión romperían el miedo a opinar, tan arraigado en la sociedad salvadoreña que proviene de la censura de las dictaduras militares.
 
“El Tuiter permite el ejercicio de la libertad de expresión; esto es algo que falta desarrollar: la cultura de la libertad de expresión, en el sentido de no tener miedo a opinar y decir lo que se quiere compartir”, comentó Benítez.
 
Benítez señaló que el activismo en redes sociales es debido a la falta de espacios para participación, unida a la vez a la ausencia de un relevo generacional en los partidos políticos.
 
“El potencial al final depende de los usos que se tenga, pero en los jóvenes se necesita más liderazgos y que haya espacios para otras propuestas que genere cambios en la política del país”, externó.
 
Indignados nació, como ya se dijo, en la coyuntura del Decreto 743. En ese momento, esta agrupación era diversa en el pensamiento de sus integrantes, aunque existía dominio de personas ligadas a corporaciones y de línea conservadora.
 
Pero, a partir de este año toma una tendencia más ligada al pensamiento social, según Edwin Ramírez, miembro de Indignados.
 
“Hay diferencias pero siempre hay temas en común. Esa es lo que cuesta entender a muchos, ¿quien prevalece? Nadie. Llegamos a acuerdos, y eso nos ha ayudado a tener contactos en cualquier lado”, sostuvo el activista.
 
Asimismo, Ramírez comentó que los jóvenes que se está organizando en estos tiempos son parte de un rompimiento generacional, que se une en las redes sociales pero que camina al paso siguiente: trasladar su activismo a las personas más necesitadas.
 
Para muestra, el indignado citaba que en el país solo el 20% de la población tiene acceso a internet, y de este porcentaje es mucho más reducido quienes utilizan redes sociales, y menor la cantidad de usuarios que las buscan para organizarse para la transformación social.
 
“Lo que va a hacer que esta información logre un cambio será la información que obtengamos y la capitalicemos en conocimiento, y este conocimiento distribuirlo. Para esto si sirven las redes sociales”, declaró.
 
Respecto a las ideologías, Sociedad Pensante e Indignados tienen diversidad de pensamiento, sin que esto los haga caer en encasillamientos, dijeron los entrevistados.
 
“¿Por qué la gente que piensa diferente no se va organizar?”, concluyó Ramírez.