Fue un premio sui generis, como muchas de las cosas que suceden con Rafael Correa, el otorgado por los estudiantes, los profesores y los trabajadores de la Universidad de la Plata de Argentina, para reconocer la gestión del Presidente ecuatoriano en favor de la apertura de los medios de comunicación para uso y consumo popular, tratando de alejarlos de la voluntad omnímoda de seis familias de la oligarquía ecuatoriana que imponen su pensamiento y la defensa de sus intereses de toda naturaleza.
 
El premio concedido y el discurso del premiado ante más de 10,000 personas en el campus de la Universidad argentina, desató una histeria internacional y ya está en marcha la guerra develada por un diplomático inglés y dos periodistas (de Chile y de México) denunciando que la central de inteligencia de los Estados Unidos (CIA) viene montando los campos de batalla para obstruir el ascenso a la reelección del presidente Correa, considerando que se habían auto engañado al calcular mal los resultados de la victoria de Chávez en Venezuela y que no iban a repetir el error con Ecuador.
 
Hay detalles concretos del financiamiento a través del tráfico de drogas, para usar esos recursos en contra de Correa.
 
Y ya se quitaron la máscara algunos de los encargados en los medios de prensa de llevar adelante esa campaña de desprestigio para mermar la popularidad del candidato a la reelección.
 
Una revista colombiana, sin ningún otro argumento que no sea el que se haya capturado a un ciudadano mexicano en la incautación de una droga, le da para afirmar que en el Ecuador "manda el cartel de Sinaloa", como se describe que en nuestro país los traficantes tuviesen una injerencia superior a las que manejan en el bajo mundo del crimen organizado.
 
Periodistas que tuvieron una vida activa en el campo de la comunicación han caído en la indignidad de prestarse para mentir e injuriar a diario en contra del presidente Correa, como es el caso en Quito de Diego Oquendo o Gonzalo Rocero, en sus programas de opinión convertidos en trincheras de la guerra difamatoria.
 
Todo argumento es válido para arremeter en contra del candidato a la reelección, utilizando mentiras y calumnias que saltan por cualquier lado y que la mayoría de medios privados acogen sin beneficio de inventario, sin verificación alguna, sacando de contexto cualquier palabra o frase que sirva para los fines bélicos de la guerra declarada por la CIA y que ningún funcionario del Departamento de Estado haya intentado negarlo.
 
Es evidente que la guerra se va a dirimir en las urnas y con votos y no con botas mercenarias al servicio de una causa internacional.
 
El dicho perverso de que "guerra es guerra" y en el campo de batalla todo vale, no puede ser admitido por la ciudadanía ecuatoriana.
 
Hay que combatir con el civismo, con la verdad, con el patriotismo, y no dejarse atrapar por quienes permiten la agresión en contra de nuestra soberanía.-
 
Alfredo Vera, escritor, periodista ecuatoriano, ex ministro de Educación