Si en el mundo hubiese suficiente inteligencia, justicia intelectual, en quiénes deciden, el Premio Nobel de Economía, deberían entregárselo al Partido Comunista Chino. No habría desacuerdo en reconocer, a la luz de las estadísticas mundiales, que la gigantesca tarea emprendida para cambiar la historia en ese país milenario, es una tarea colectiva, física e intelectual de economistas que saben de economía.
 
El actual resultado de la gestión del PC chino data desde los años 40, con la famosa LARGA MARCHA iniciada por Mao Tse Tung, lector de Marx, Engels, Lenin, Confucio, Lao Tse y autor él mismo del LIBRO ROJO, la Biblia de los comunistas chinos, durante buena parte del siglo XX.
 Mucho antes, esta antigüa civilización, que reúne a centenares de pueblos diversos, por su trayectoria histórica, por sus costumbres, por sus idiomas, por su inventiva, configuró un poderoso país, cuyos logros los conoció Europa, sólo después de que el veneciano Marco Polo, regresara de China, con la pólvora, con el papel, con el pan, con los tallarines, con la tipología que facilitó al germano Gutemberg la creación de la primera imprenta, allá, por 1360. Los campos chinos, durante centurias, cultivaron el opio, fumarlo fue siempre una actividad pública. Los chinos entendieron que un consumo no excesivo les permitía trasladarse a otra dimensión de lo real cotidiano. Era una forma de evadir las terrenales responsabilidades que a cada uno de nosotros nos toca imaginando mundos o situaciones nuevas. ¿Han visto las pinturas del ruso Marc Chagall?, si, de eso se trata: de “volar”.
 
Los comunistas chinos han sobrevolado en la realidad, a una velocidad inédita, y muy por encima del ruido que arman los corifeos mediáticos del imperio: el G8, con USA a la cabeza, que fuman otra cosa, que les causa mucho daño a sus cerebros.
 
Son 1300 millones de chinos, cantidad que duplica a la población conjunta de Europa Y EE.UU.
 
China es controlada y planificada por un solo partido político, el cual designa de entre sus miembros al Gerente nacional del Banco Central del país. Los temas de la vivienda, de la educación, de la salud, de la obra pública, también son manejados enteramente por ese mismo partido político, el cual no solamente conoce muy de cerca a los clásicos del marxismo, sino que además leyó con mucha atención la obra del inglés Adam Smith: “La Riqueza de la Naciones”, en cuya última página se puede leer una tesis suya: “Los países más competitivos, son aquellos, cuyos pueblos entienden y aplican la productividad”, pero, además los chinos leyeron al famoso florentino: Nicolás Maquiavelo, de quien aprendieron a pensar con extrema sagacidad y astucia, igualmente alguien que no faltó en el largo aprendizaje de los comunistas chinos fue el brasileño Saint Exuperi, de cuya obra – “El Principito” – extrajeron un principio básico de la política: “A veces, la crueldad, es una forma de bondad” y que la aplicaron en su país con gran rigor: me refiero a la inmolación de las nenas recién nacidas para, limitar su crecimiento poblacional y el mundial. Si no hubiesen actuado así hoy tendríamos sobre el planeta 400 millones más de chinos y un déficit de energía mayor.
 
 ¿Qué otro Estado, ha implementado una política poblacional cruel, pero, simplemente necesaria? Que yo sepa, ningún otro.
Claro que el sacrificio chino no ha sido suficiente. En febrero pasado nació la filipina Danika, la ciudadana mundial # 7000 millones, ello en condiciones que el agua dulce, la tierra fértil, el planeta, no crecen.
 
La humanidad toda, debe agradecer la crueldad china.
 
 Así mismo, la planificación de la actual economía china debió ser pensada con exquisita perversidad: cada detalle fue examinado, reconstruido, perfeccionado, de modo que ya para 1990, el vuelco histórico sobrevino de la mano de una tesis del ruso más famoso de todos los tiempos: Vladimir Ilich Ulianov (Lenin), quien sostenía que a veces los pueblos deben dar un paso atrás y dos pasos adelante. Eso hicieron los chinos, abandonaron el socialismo maoísta y emprendieron la aventura de un capitalismo regulado, organizado. A fin de cuentas ese gran judío alemán que fuera Carlos Marx había dicho: “El socialismo, no es sino el capitalismo organizado”. En su famosa obra, escrita con Federico Engels: “El Manifiesto Comunista”, Marx manifestaba su admiración por los logros y conquistas del capitalismo, a pesar de la violencia de su origen. Sacó a millones y millones de hombres y mujeres del campo, del analfabetismo, de la ignorancia, construyeron ciudades por todas partes, reemplazó a la manufactura con la industria, electrificó y mecanizó a la producción, en todos sus ámbitos. Sus avances científico-técnicos, son simplemente impresionantes, hoy la cantidad y calidad de descubrimientos, patentes, mercancías nuevas, es colosal. Nunca en la historia anterior al capitalismo, el homo sapiens avanzó tanto.
 
     La violencia es una potencia económica, eso es observable antes y hoy no deja de estar presente; un ejemplo, es inconcebible la fuerza del dólar, sin el poder atómico que lo sustenta por detrás.
 
     El capitalismo como sistema, nace como cualquier criatura: en medio de la sangre y dolor de su madre, en las entrañas del feudalismo. Para formar el primer capital el capitalismo naciente debió, dedicarse a la piratería, al tráfico de negros, al genocidio de poblaciones enteras, para robar sus riquezas. ¿Dónde están los indios norteamericanos? Los ingleses los convirtieron en abono. Los indios sudamericanos, con ayuda de la Biblia, fueron convertidos en zombis por los españoles.
 
 El capitalismo nació criminal y debe serlo aún hoy.
 
      Además es necesario pensar, en una violencia programada que mina la existencia del capital, el ADN del progreso, es su apoptosis. Sus avances científico-técnicos, como la mecanización, la automatización, la robotización y la cibernética, elimina a millones de trabajadores, cayendo espectacularmente la masa de salario, sostén fundamental de la demanda mundial, la cual deja de realizarse y hará imposible a su vez, la realización de la oferta empresarial mundial.
 
     Si el capitalismo es, finalmente, una fábrica productora de desempleo y de destrucción ambiental, la crueldad demográfica – en curso – resulta explicable y necesaria.
 
     La actual crisis, no es financiera, es sólo un gigantesco atraco, bancario, financiero, especulativo que forma sacrificios demográficos.
     La verdadera crisis es del empleo, de la cual no se habla.
 
    Y esto sucede al mismo tiempo que la humanidad crece espectacularmente, sin existir institución mundial alguna que emprenda una poderosa campaña que frene al irresponsable y suicida crecimiento poblacional.
 
     De modo, que sólo queda actuar como los buenos jardineros: eliminar toda yerba mala para permitir el desarrollo de las virtudes capitalistas, podar la especie, decía un amigo mio, cuestión que es parte de la política de desarrollo económico de China.
 
     En China, el conocimiento no conoce los límites impuestos por institutos, laboratorios y universidades privadas.
 
     Los medios de producción los controla el Estado, los medios privados extranjeros se regulan a través de convenios especiales.
     El ahorro, producto del esfuerzo de todo el pueblo chino, sólo lo maneja el Estado.
 
     Como vemos, China avanza por un capitalismo cada vez más organizado, rumbo al ¿socialismo? O ponga Ud. el nombre que quiera, a un desarrollo tecnológico que sea capaz de producir la muerte de los precios.
 
     China es ya hoy la segunda potencia mundial, y mientras ella se supera a si misma todos los días, la producción norteamericana, declina como cantidad y calidad, asi, en poco tiempo mas, algunos creen que el 2014, China será la primera potencia mundial.
 
      No es la primera vez en la historia que un imperio muere y otro nace.
 
     Al paso que va, pronto China podrá comprar el territorio norteamericano, cuya deuda a aquella es colosal, sería sólo un intercambio: deuda por el país. Por lo pronto está comprando activos en el territorio norteamericano.
 
     ¿Cuánto vale EE.UU. en las condiciones actuales?
 
      Claro, esto siempre y cuando EE.UU no tome militarmente a China.
 
     Bien decía Maquiavelo: No es el oro sino los buenos soldados los que garantizan el éxito porque es imposible que los buenos soldados no sean capaces de conseguir oro. Habría que agregar a esto que los buenos soldados son también capaces de evitar que otros soldados tomen el oro de uno.
 
Nelson Dávila Acosta es profesor de economía política en la Universidad de Guayaquil, Ecuador.